<< Volver a Sistema multiblogs

Categorías: 1. Temas Mundo1, 1.1. Vejez, 1.2. Enfermedad, 1.3. Autoritarismo

La vejez como metáfora en Golpe de Gracia

Diciembre 1st, 2005

El protagonista de Golpe de Gracia es un hombre viejo. La imagen del viejo ha sido siempre una figura literaria muy rica. No hace mucho, García Márquez la ha puesto de nuevo sobre el tapete en su última novela (Memoria de mis putas tristes, 2004) en la que un hombre de noventa años se enamora de una niña de quince. Viejo es el título de la novela del escritor venezolano Adriano González León quien con crudeza describe las circunstancias de un hombre que se hace consiente de su estado y lo sufre resignada aunque dolorosamente. Viejo es el protagonista de la novela de Kawabata La casa de las bellas durmientes, inspiradora de Gabo, viejo es el personaje de una de las últimas novelas de Fernando Vallejo (La rambla paralela). ¿Quién no ha leído El viejo y el mar de Hemiway?, ¿quién no se ha emocionado hasta la médula con los recuerdos de ese gran viejo que Margareth Yourcenar nos recrea en su Memorias de Adriano?, ¿quién no conoce (vía cine o vía novela) la odisea del Gringo viejo de Carlos Fuentes?

En Golpe de Gracia, el viejo es metáfora de la decadencia, y en ese sentido el viejo está desvalorizado, ni siquiera su sabiduría alcanza algún valor, frente, sobre todo, a la imaginería de lo juvenil que nos imponen los medios con cada vez más contundencia. Pero tal vez estemos cerca de la reivindicación del viejo con la llegada de la generación del baby boom a la edad senil, reivindicación vía mercado, como lo fue en su momento, la reivindicación del joven y del adulto, precisamente cuando los del baby boom adquirieron suficiente presencia masiva como para llamar la atención del mercado. Curioso, tal vez la redención del viejo no llegue por vía sociológica o política, sino por vía del mercado, es lo que algunos llaman ya el “poder gris”.

Pero, ¿qué es un viejo? Mishara y Riedel nos ofrecen un muy interesante y profundo retrato del viejo contemporáneo en su libro El proceso de envejecimiento (Madrid, Morata, 1986). El libro está compuesto por ocho capítulos y un apéndice, a través de los cuales se realiza una verdadera panorámica del envejecimiento, desde la mirada de lo físico, hasta los aspectos sexuales y mentales, pasando por aspectos psicológicos y sociológicos y ofreciendo además dos tópicos muy relacionados con la vejez: la muerte y el duelo.

Se sorprende uno, no tanto con los conceptos y con la estructura temática del libro de Mishara y Riedel, como con la mitología que envuelve el proceso de envejecimiento, empezando por la dificultad de establecer una edad para el viejo. ¿A cuál referencia acudimos: a la edad cronológica, a la edad física y biológica, a la edad psicológica y emotiva, a la edad social? ¿Ha sido la imagen del viejo siempre la misma?

¿Nos hacemos viejos cuando nuestro sistema inmunológico empieza a errar o cuando las células comienzan a fallar? ¿Estamos irremediablemente programados genéticamente o podemos alterar ese programa? ¿Cómo se dan los cambios en la vejez? ¿Qué tan dramáticos pueden ser los transformaciones en la apariencia, que tan progresivas? ¿Tienen que ver los cambios físicos con los funcionales? ¿De qué modo? ¿Qué nos pasa, qué hacer, cuando los sentidos fisiológicos comienzan a disminuir?

¿Nos hacemos viejos por falta de actividad y si es así, qué hacer con el ocio? ¿Es la jubilación una cura peor que la enfermedad? ¿Debemos tratar a los viejos como un grupo minoritario o como una subcultura?

¿Qué tanto afectan los cambios en la percepción sensorial la condición psicológica del viejo? ¿Están los viejos condenados a perder su inteligencia y su memoria? ¿Al hacernos viejos perdemos nuestra eficiencia cognitiva, nuestra creatividad, nuestras motivaciones? ¿Todos los viejos se vuelven introvertidos y callados o puede haber una tipología de las personalidades de los ancianos?

¿Se hallan reservadas las relaciones sexuales sólo para los jóvenes? ¿Como afectan los cambios fisiológicos la sexualidad? Mishara y Riedel se esfuerzan en este punto por borrar muchos prejuicios e ideas falsas cobre la sexualidad de los viejos.

Ahora, ¿la vejez es sinónimo de pérdida de facultades mentales? ¿Cuáles son las patologías más comunes entre los viejos, cuáles sus tratamientos? ¿Cómo es el proceso mortal? ¿Cómo afecta a los viejos nuestro miedo cultural a la muerte? ¿Qué hacer en el caso de la pérdida de la pareja en la edad senil?

Estos son algunos de los interrogantes que Mishara y Riedel nos traen a cuento, y cuyas respuestas nos ponen en una perspectiva más objetiva y menos mítica frente a la vejez

Sin embargo, la literatura no es expresión de lo normal o de lo ideal. Por definición, la literatura trata sobre la desviación de los modelos, sobre los mitos, sobre la humanidad entendida como el conjunto de reacciones y características que confluyen en eso que llamamos la condición humana (cuya primera condición es la imperfección). Desde esta perspectiva, el viejo de Golpe de Gracia (y más claramente el de la versión literaria en El infierno de Amaury), es la manifestación de los aspectos más humanos (más imperfectos) de nuestra visión del viejo. De hecho, el recurso literario al viejo como metáfora de la decadencia denota, de un lado, la utilización de una mirada imperfecta (falsa, prejuiciosa) hacia el viejo y, de otro, al viejo como símbolo de lo imperfecto, de lo que debe mejorarse.

En El infierno de Amaury, su protagonista paga caro la inconciencia de su vejez, Parece como si Amaury no hubiera aceptado nunca que su imagen y su capacidad física han cambiado, lo que ocasiona una especie de visión dualista, pues los otros, los que lo sufren, no sólo reconocen el envejecimiento de Amaury, sino que lo utilizan como oportunidad para el desquite, sobre todo porque la imagen del viejo se hace, por contraste para los otros, más nítida: viejo difícil, irritable, malhumorado y melancólico. Pero esa inconciencia de Amaury (quien se comporta como si tuviera 40 y no 70) responde a dos circunstancias especiales: de un lado su vinculación al poder (que pareciera servirle también al deseo de inmortalidad) y a una condición física y psicológica especial, proveniente del tipo de vida que ha vivido Amaury: la vida sacerdotal. En todo caso, Amaury no organiza su vida como la de un viejo, pero sus comportamientos, sus dolores, sus achaques, su apariencia son todos indicios de su vejez. Es un hombre independiente, relativamente sano y todavía con altas responsabilidades, pero incapaz de sobrellevarlas eficazmente. Le hace falta un “acontecimiento” un suceso que lo lleve a la conciencia y ese será precisamente el atentado del que es víctima.

En el capítulo dedicado a Jose de El infierno de Amaury, es donde mejor se muestra la situación del viejo. Es ese capítulo, un grupo de viejos liderados por Jose desarrollan un existencia que a la vez es de dependencia (habitan en un geriátrico) y a la vez de rebelión, lo que los convierte en seres extraños y a la vez interesantes. Cada personaje asume un énfasis de la vejez lo que permite a la larga contar con un retrato panorámico de la condición senil. Estos personajes, al contrario de Amaury, no sólo han asumido su vejez, sino que se la “gozan”. Incluso se burlan de los cambios en su condición tanto física como sicológica y hasta sexual. Se saben débiles, aminorados y hasta un poco locos, pero han logrado una especie de compensación de grupo (que no deja de ser mágica), con la que no cuenta Amaury, quien vive una condición individual y hasta solitaria. Lo viejos del geriátrico han descubierto nuevos roles y actividades, mientras Amaury se apega a los que ha venido haciendo desde sus años mozos.

De otro lado, los viejos del geriátrico despliegan varios de los tipos de personalidad que Mishara y Riedel describen en su libro: el descontento, el autofóbico, el reorganizador, el focalizado, el casero, el retraído, el defensivo, el pasivo-dependiente, en fin toda la variedad emotiva y psicológica posible.

Punto aparte necesita la relación afectiva y sexual de Jose con Adriana (el hada madrina). Jose es muy escéptico y hereda el estereotipo de las relaciones sexuales de los viejos: feas, débiles, desagradables, difíciles. Sin embargo, va encontrando trucos que le facilitan su relación y con ellos va descubriendo valores insospechados que lo reivindican con la vida. También resulta interesante la evolución de Javier, el viejo homosexual que de reprimido y frustrado pasa a ser activo y valioso para el grupo.

En general, la salud mental de los viejos del geriátrico no es preocupante, aunque no falta la depresión, la angustia, la sensación de vacío, con sus representaciones negativas de la vida, y otros asuntos como la hipocondría y hasta ciertos comportamientos paranoídes (nunca hay comportamientos agresivos extremos o perjudiciales), cuestiones de las que sufre también Amaury, aunque sin la conciencia de su condición senil, lo que lo hace muy vulnerable y proclive a la negación y a la proyección como mecanismos de defensa. Amaury también desarrolla otros mecanismos de defensa como la proyección, la rigidez y la idealización de su pasado.

La muerte está presente también en El Infierno de Amaury, y de una manera tan fuerte que se convierte en otro tema de este blog. Sin embargo es importante decir que los viejos de la novela van muriendo y con ello van dejando un rastro fácil de seguir, pero difícil de borrar para los que van quedando. Entre tanto, Amaury vive un estadio de negación y de ensueño muy complejo, como parte y consecuencia de su negación al estado de vejez que no es sino un miedo intenso a hallarse solo o rechazado, a sumirse en la locura e incluso a perder la fe.

Finalmente está el tema del duelo. El duelo, es decir la aflicción que llega por la pérdida del allegado, es el tono con el que escribe Jose. Perder a sus compañeros de asilo, perder su propia juventud, perder al amigo de los viejos tiempos, lo afecta, lo afecta mucho, tanto que decide hacerse cronista de ese duelo. En realidad el duelo afecta cada uno de los miembros sobrevivientes del asilo en la medida en que los otros van muriendo

Por el contrario, Amaury no hace duelo por nada y esto que parece una gran fortaleza, en realidad aumenta su vulnerabilidad. Por la ausencia de una conciencia de pérdida, Amaury es incapaz de asumir su estado y ésta incapacidad se traslada a la conciencia misma de su muerte.

En general, es posible apreciar dos dimensiones de la vejez: la de quien asume su estado y, aunque no exento de dificultades e imperfecciones, la sabe sobrellevar, y la de quien la niega a ultranza, convirtiéndose en un ser extraño, vulnerable y desagradable.

La vejez como deterioro es en realidad en Golpe de Gracia (y en El infierno de Amaury) un pretexto para ensayar lo que podría ser el destino de una cultura envejecida (el destino de un modo de pensar-vivir que empieza a perder vigencia cultural). Detrás del tratamiento de la vejez en esta narrativa, está la propuesta de asumir los signos del envejecimiento cultural como oportunidad para renovar los contratos culturales requeridos para dar paso a las nuevas realidades por venir.

Enfermedad y deterioro como metáfora en Golpe de Gracia

Diciembre 1st, 2005

La imagen de un hombre que muere en una sala de hospital con la que se abre Golpe de Gracia nos conecta inmediatamente con el tema de la enfermedad. ¿Es la enfermedad en Golpe de Gracia una simple situación anecdótica o constituye una metáfora funcional? Y si es así, ¿cuál es esa segunda referencia?

Quizá uno de los libros más interesantes escritos sobre el tema es, el que lleva por título precisamente La Enfermedad y sus Metáforas de Susan Sontag. La tesis de Sontag es que las actitudes frente a la enfermedad que hemos desarrollado en occidente han estado acompañadas de modos de expresión que de alguna manera escamotean la verdad misma de la enfermedad al recibir como insumo el lenguaje proveniente de otros sectores de la realidad. Pero, a su vez, el lenguaje de la enfermedad ha servido de referencia e insumo para la interpretación de otras realidades (especialmente, la realidad social). Tanto una como otra actitud no sólo son inútiles en el propósito de favorecer la cura de los enfermos, sino que terminan estigmatizándolos y por lo tanto restándoles oportunidades. Según Sontag, las enfermedades no son ni una maldición, ni un castigo, ni un motivo de vergüenza, sino simplemente eso, meras enfermedades. De otro lado, las sociedades no se enferman, sino que sufren dinámicas sociales que deben ser expresadas con un lenguaje propio.

En Golpe de Gracia, el protagonista es un hombre moribundo, recluido en un hospital, luego debe estar enfermo, pues está sometido a los cuidados médicos. Pero es también un hombre viejo y por lo tanto pareciera más natural su estado, pareciera portar legítimamente el pasaporte de eso que Sontag llama el lado nocturno de la vida, la ciudadanía más cara. Pero el estado del moribundo de Golpe de Gracia pareciera prestarse más a la idea del deterioro que a la de la enfermedad o mejor, su enfermedad es el deterioro. Desde ese punto de vista, la segunda referencia, la metáfora que porta el estado del moribundo es la del deterioro de un tipo de figuras que, como hemos dicho en otros lugares de este mismo blog (la vejez, el autoritarismo) han envejecido, han perdido vigencia y funcionalidad, están a punto de terminar su ciclo de vida. De ese modo se redondea la idea de Golpe de gracia: encadenar la secuencia vejez – enfermedad – muerte (este último tema será desarrollado en el blog correspondiente a los temas del mundo 2). Por lo demás, el estado de salud del hombre moribundo en Golpe de gracia corresponde al de un cardiaco, es decir, al de un fallo mecánico de alguna manera normal o por lo menos no escandaloso ni rodeado por el tabú que de hecho envolvió a los tuberculosos (en el siglo XIX) a los cancerosos en el siglo XX y que rodea a nuestros enfermos del Sida de este comienzo de milenio.

No obstante, es esa aparente naturalidad y legitimidad del estado de salud del moribundo en Golpe de gracia la que salta en pedazos cuando nos enteramos de que aquél ha sido inducido, de que alguien ha atentado contra el personaje en un acto que parece superfluo, pero que está lleno de significados (significados que son resueltos en el mundo tres del multimedia y en el capítulo final de la versión literaria de la narración).

Existe, sin embargo un aspecto del análisis que Sontag hace de la enfermedad que pudiera aplicarse al caso de Golpe de gracia. Me refiero a la idea, que por supuesto ataca Sontag, de que es el enfermo mismo quien crea la enfermedad. Karl Meninger, citado por Sontag nos sintetiza esta idea así: “en parte la enfermedad es lo que el mundo ha hecho de la víctima, pero en mayor parte es lo que la víctima he hecho del mundo y de sí misma”. La aplicación a la que me refiero es en realidad una sustitución de términos: el hombre moribundo en tanto víctima no de la enfermedad como de quien la ha inducido ha creado inconscientemente las condiciones favorables para el atentado, es decir, para su enfermedad y para su muerte segura. Es víctima del mundo (de su agresor), pero sobre todo es víctima de lo que ha hecho del mundo (ejercicio arbitrario del poder) y de sí misma (con sus actitudes de inconciencia, rigidez, negligencia y denegación).

Ahora, inducir la enfermedad-muerte del protagonista de Golpe de Gracia implica en realidad un objetivo tan radical como peligroso: sanear socialmente, depurar la sociedad, eliminado los obstáculos a una vida “sana”, entendida ésta como vida social utópica. En este caso se trataría de una acción de la utopía cibercultural que tiene como obstáculo las figuras autoritarias, a las que, según esta lógica, habría que inducir al deterioro final para generar dos efectos: resaltar, hacer más visible ese desgaste de la figura (que por alguna razón no es suficientemente evidente y en cambio se ha mantenido firme más allá de lo normal) y catalizar su final, el fin de su ciclo de existencia.

El agresor del protagonista de Golpe de gracia actúa entonces como el agente patógeno que acelera la “enfermedad” del hombre y brinda así, para los demás, la oportunidad de tratarlo como a un viejo enfermo cuya suerte final, aunque “natural” a la vez, es la muerte. Algo que antes del atentado no era tan fácil de apreciar.

El autoritarismo como resorte dramático en Golpe de Gracia

Diciembre 1st, 2005

El autoritarismo en Golpe de Gracia es una figura clave. Actúa como motor dramático y desencadenante de la acción. Basta recordar cómo en el mundo uno, donde se cuenta la historia de un hombre moribundo con cuatro alternativas de personificación (padre, jefe, sacerdote y maestro), conocemos, a través de las duras palabras de los visitantes al cuarto de hospital donde tiene lugar la acción, el estado de animadversión que mueve a las personas que tuvieron alguna relación cercana con él (ellos). Reclamos y reproches que nos sugieren el daño y los perjuicios que causó (aron) en vida el (los) protagonista (s), ahora en un estado de indefensión. Por su lado, El infierno de Amaury (la versión literaria de la narración), da cuenta de esta misma situación (animadversión contra la persona autoritaria) aunque focalizada en la figura del sacerdote.

El tema se va desarrollando desde el simple antagonismo de los personajes y la singular “defensa” del protagonista hasta el desenlace (que tiene lugar en el mundo tres del multimedia y en el último capítulo de la novela) con el cual nos enteramos del no del todo predecible y en cambio sí irremediable y trágico conflicto que se ha ido gestando entre la figura autoritaria y sus damnificados.

Pero así como la figura del viejo actúa como metáfora de la decadencia de un modo de pensar-vivir que ha venido perdiendo vigencia, la relación figura autoritaria – damnificado es también una metáfora de las acciones (de rebelión y de reacción) que se estarían fraguando para cortocircuitar (y a la vez proteger) las líneas de poder de las figuras, instituciones y organizaciones autoritarias. Se trata de toda una tradición (la del Gran Rechazo, el anarquismo y el Underground) que pareciera tener hoy una nueva y definitiva oportunidad (pero también nuevos obstáculos) con el surgimiento de condiciones culturales renovadas, sobre todo tras el “fracaso” del movimiento contracultural de los años sesenta.

En este ensayo atenderé la figura padre. La tesis que aquí bosquejo es la de que la figura del padre está en decadencia y con ella todas las figuras derivadas (en tanto el padre actúa como modelo y patrón de las distintas figuras autoritarias que serían variaciones de ese modelo). Nada más oportuno para desarrollar esta tesis que el ensayo del profesor de la Universidad de Antioquia Mario Elkin Ramírez Ortiz: La declinación del padre al final del Milenio (Cuadernos Familia y Sociedad, números 3-4. Bogotá: Universidad de Antioquia, marzo de 1999). En este ensayo, Ramírez muestra el camino que en occidente se ha seguido desde la instauración y consolidación en el “año mil” de la figura paterna como garantía última de sentido y su socavamiento gradual pero definitivo. Camino que va del miedo (al castigo) como referencia tranquilizadora (coacción) en el año mil a la angustia (y paralelamente a la nostalgia como veremos) derivada del vaciamiento de dicha referencia en nuestros tiempos.

El hombre del año mil, nos cuenta Ramírez, entendía la miseria, la relación con el otro, las epidemias, la violencia y el más allá como designios de Dios. Había entonces la certeza de un orden, de una ley (ley paterna, divina, monárquica, papal, del amo) que ordenaba (en los dos sentidos: organizaba e imponía) las relaciones de los hombres entre sí, en todos los dominios de la vida y de la muerte. Pero con la aparición de la ciencia se da una declinación de la figura del padre como consecuencia de la pérdida de las certidumbres, de modo que allí donde antes había referencias claras y orden empezó a configurarse el desamparo, la angustia y sobre todo el vacío de una representación única del mundo, que tiende ahora a llenarse con nuevas y diversas utopías.

De este modo se dan tres efectos: de un lado, se legitiman (son posibles ahora, alcanzan visibilidad) las reivindicaciones de quienes habían sufrido las arbitrariedades de la ley “paterna” (las imperfecciones de esa ley), pero a la vez se genera una terrible angustia por su pérdida y la búsqueda de nuevas leyes o lazos sociales sucedáneos y de nuevas figuras y certezas que llenen ese vacío dejado por la otrora tranquilizadora figura del padre: ideologías fuertes, proyectos políticos, y utopías comunitarias, entre otras posibilidades.

Ramírez asegura que el hombre del año mil había proyectado sobre los cielos (configurando así la figura de Dios Padre) la figura del padre protector de la infancia personal que amparaba a los hombres en los accidentes, que tenía una explicación a sus interrogantes y una promesa de felicidad y de continuidad de la existencia en otro mundo y que por lo tanto permitía pensar en el triunfo sobre la muerte. Esa proyección se diversificó en otras figuras “paternas”: el Rey, el Papa, el esposo, el señor feudal, el príncipe y el resto de la jerarquía social. Pero con la aparición de la ciencia, surge, según Ramírez, por primera vez un manto de duda sobre la figura de Dios y, consecuentemente, sobre las figuras derivadas; figuras que, si bien habían ido (y venido) cambiando de nombre y de función en la medida en que la sociedad se organizaba en torno al orden racional que proponía la ciencia, mantenían, aunque cada vez con mayor ambivalencia, su poder de organización y de legislación. Así es como, además de la tradicional figura del padre de familia, empiezan a sufrir esa ambivalencia y ese declive figuras más contemporáneas como las del maestro, el jefe, el sacerdote, el estado, así como también el autor y otras figuras que se arrobaron en forma oportunista el privilegio de la garantía del orden y del sentido.

Ahora, esa declinación del Padre y de la autoridad “medieval” puede no tener siempre visos positivos. Ramírez afirma que la declinación de la figura del padre, es decir, de la regulación simbólica (en el nombre del padre) de las relaciones entre sujeto y ley y de la relación con los otros, produce la desvaloración del semejante: el otro ya no es la imagen de Dios, sino una mercancía, un objeto que posee un fuerza de trabajo y luego se deshecha o sencillamente un medio para beneficios o un estorbo que se puede hacer desparecer. Es decir, que con el declive de la figura fuerte del padre, se da rienda suelta al autoritarismo como tal, a la arbitrariedad, a la explotación, al ejercicio irracional del poder, que son en realidad la materia de reproche de los personajes de Golpe de Gracia.

La idea, entonces, se puede sintetizar así; el declive de la figura del padre constituye en realidad el socavamiento de la autoridad, su deformación en autoritarismo. Pero ya no hay retorno posible, no es posible volver al origen del orden y de la ley patriarcal, y un dato que lo confirma es la desnaturalización misma de la figura contemporánea del padre de familia (y con ella de sus figuras derivadas).

Ramírez hace el recuento de algunas de las consecuencias de esa pérdida de la figura paterna. Las enfermedades (uno de los temas de este blog) ya no son interpretadas como efectos de la cólera divina, sino que se apela a la ciencia para su comprensión y su cura y así las costumbres poblacionales cambian vía dictamen científico y no ya por la moral instaurada por el padre (ofrece como ejemplo el caso del sida). La violencia de hoy ya no es regulada por el Padre, sino por intereses muy humanos, y el miedo a la muerte (otro de los temas de Golpe de Gracia) al no reflejar ya el temor a ser juzgado por el Padre, se ha desritualizado y se ha vuelto un asunto individual y privado (se asiste, dice Ramírez, en una expresión que le va bien al caso de Golpe de Gracia y a El infierno de Amaury, a la soledad del moribundo en los hospitales)

Pero una consecuencia interesante de este proceso, y que ha tenido oportunidad de ser expresada incluso literariamente, es que paralelamente a la declinación de la figura del padre, se da un repliegue también de la figura del varón (y en general de la sociedad patriarcal), dando visibilidad a los roles antes reprimidos de la mujer y del niño. Y en el caso de la familia esto se traduce en una sustitución del papel preponderante del lazo padre-hijo por el de madre-hijo.

La otra consecuencia es que, al encontrarnos en un punto de no retorno, la tarea parece enfocarse hacia el tratamiento de la nostalgia del padre, es decir, la búsqueda de formas de vivir más allá del Padre: “El Padre que ha declinado, afirma Ramírez, es el padre como ideal social, como modelo edípico, como Dios Todopoderoso y omnisapiente; el asunto, entonces, es cómo hacer uso del padre sabiendo que ya no es un instrumento que provoca sentido como en el año mil. Se trata del padre como instrumento más allá de la creencia, es decir, de hacer uso de una serie de instrumentos que sostengan el vínculo social”.

Se han desplegado discursos y referencias que intentan allanar el vacío que dejó la figura unificadora del padre (entre ellos los discursos dictatoriales y autoritarios, pero también las promesas democráticas). El reto está en cómo utilizar esos discursos y promesas, incluida la promesa cibercultural, para tratar la angustia y la nostalgia, los dos males de final y comienzo del nuevo milenio.

Golpe de Gracia y El infierno de Amaury son narrativas que ponen sobre el tapete el tema del autoritarismo como deformación y desnaturalización irremediable del ejercicio de la autoridad (de la figura del padre) con sus dos graves consecuencias: la angustia y la nostalgia patológicas, y propone al menos dos actitudes de salida. Una es la conciencia que deben alcanzar las figuras e instituciones autoritarias de la situación de la anomalía que hoy se ha configurado (pérdida de vigencia de los valores que imponen esas figuras, rigidez y denegación ante las evidencias), conciencia que debe llevar a una nueva disposición de dichas figuras hacia una re-negociación colectiva del pacto social. La otra es la necesidad de hacer un balance de lo que se gana y de lo que se pierde cuando se enfrenta el punto de no retorno al que hemos llegado con discursos, promesas y acciones concretas, como son las derivadas de la llamada iniciativa digital (cibercultura).

Buscar




 

Archivos

Sindicar esta bitácora XML

What is RSS?

powered by
b2evolution