Ene 14 2009

Ciudad letrada vs ciudad real

Sólo la ciudad letrada es capaz de concebir, como pura especulación, la ciudad ideal, proyectarla antes de su existencia, conservarla más allá de su ejecución material, hacerla pervivir aun en pugna con las modificaciones sensibles que introduce sin cesar el hombre comun

La intención de Ángel Rama (1983) en su ya imprescindible ensayo, es mostrar la evolución de la relación (cercana/antagónica) entre letrados (intelectuales, encargados de ejercer la letra) y poder, en un mismo espacio: la ciudad (entendida como el espacio donde coinciden las realidades y los símbolos), desde la colonia hasta los días en que escribió su ensayo (años ochenta del siglo XX). En la ciudad virreinal, por ejemplo, este binomio (influjo de las armas e intimidación de lo escrito) está orientado, en palabras de Monsivaís (en su introducción a la edición del año 1991) a consolidar la dominación; y en ese sentido, “lo escrito se presenta con papeles de sello… documentos que le enseñan a las personas su insignificancia ante las instituciones”. Perverso rol de la palabra escrita que así, en palabras del propio Rama: “… viviría en América como la única válida, en oposición a la palabra hablada que pertenece al reino de lo inseguro y lo precario… La escritura… simulaba la eternidad”, hasta el punto de que los dueños de la letra llegan a imponerse sobre una sociedad analfabeta que convierte a los que trazan y descifran signos en artífices de una “religión secundaria”.

La ciudad letrada es para la ciudad virreinal el medio más eficaz de control social y su anillo protector: una pléyade, nos recuerda Rama, de religiosos administradores, educadores, profesionales, escritores y múltiples servidores intelectuales, estaban estrechamente asociados a las funciones del poder y componían un país modelo de funcioanarado y burocracia. “Letrados” que obtienen entre otros beneficios ocio y tiempo para dedicarse a extensas obras literarias: letrados que sirvieron a la administración, al control fiscal a la evangelización y que explica mucho de la ideologización de las muchedumbres, con servicios como la intermediación (ejercicio del lenguaje simbólico), el diseño de modelos culturales y la mecanización del orden.

Pero simultáneamente a la existencia de una ciudad letrada está la ciudad real, la de los no letrados y entre estas dos ciudades hay encuentros (el conveniente: el de de un orden armonioso de dominantes/dominados), pero también desencuentros, muchos desencuentros. Se trata de dos entidades que como el signo lingüístico, dice Rama, están unidas forzosa y obligadamente: “Una no puede existir sin la otra, pero su naturaleza y funciones son diferentes… Mientras la ciudad letrada actúa preferentemente en el campo de las significaciones…, la ciudad real trabaja más cómodamente en el campo de los significantes. Se consolidó así la diglosia característica de la sociedad latinoamericana, formada durante la colonia y mantenida durante la independencia; dos lenguas: una, la pública, impregnada de norma cortesana que sirvió para la oratoria religiosa, las ceremonias civiles, el protocolo y para la escritura; mientras la otra fue la popular y cotidiana, usada en la vida privada y fuertemente criticada por el habla cortesana que se opuso siempre a la algarabía, la informalidad, la torpeza y la invención incesante del habla popular, cuya libertad identificó con corrupción, ignorancia, barbarismo” (73.74).

A la ciudad virreinal siguió la ciudad de las repúblicas independientes que en términos de ciudad letrada se convierte en ciudad escrituraria, rodeada ahora de dos anillos, lingüística y socialmente enemigos: el más cercano el anillo urbano donde se distribuía la plebe y el de los suburbios (barrios indígenas en México) que se extendía por los campos. En la ciudad letrada se concentraron los letrados propiamente, quienes defendieron y acrisolaron el manejo de una lengua minoritaria (el buen decir, las formas corteses); en los anillos (especialmente en el primero) se da una especie de forcejeo por acceder al espacio letrado privilegiado (tensión que va a dar después origen a la literatura testimonial, cuando sea el segundo anillo el que “forcejee”), pero esa batalla de los nuevos sectores que disputan posiciones de poder pasa obligatoriamente por la escritura que así absorbe toda libertad humana. Rama nos da como ejemplo la historia del grafiti (y que tendrá su forma final en el chat, en la pragmática del ciberespacio): “Por la pared en que se inscribe, por su frecuente anonimato, por sus habituales faltas de ortografía, por el tipo de mensaje que transmiten, los grafiti atestiguan autores marginados de las vías letradas, muchas veces ajenos al cultivo de la escritura, habitualmente recusadores, contestatarios, protestarlos e incluso desesperados” (82).

En este punto es pertinente traer aquí la reflexión de Santiago Castro García, (1997) para quien la reivindicación de lo oral y popular, de lo marginal, no es la única forma de socavar la ciudad letrada: la escritura misma es un medio (que se hace, entonces, libertaria), teniendo en cuenta que la escritura no sólo tiene un poder cognitivo, de legitimación de la verdad, sino que puede permitir operaciones de autoreflexibidad (que pueden conducir a la conciencia de clase o conciencia social) y de tipo estético (que permiten obtener conciencia de las necesidades y posibilidades expresivas). Esta reflexión, obviamente se hace pertinente en un ambiente en que la alfabetización se ha consolidado, pero tiene la ventaja de desatanizar el uso de la palabra escrita.

Con la ampliación de la base económica liberal a finales del siglo XIX, se da una nueva variante de la ciudad letrada: la ciudad modernizada. Se empiezan a presentar nuevas tensiones: de un lado, la letra se consolida como palanca del ascenso social y de otro, comienza a abrirse paso la necesidad de extender la alfabetización como estrategia de democratización. Se dan también las primeras “disidencias” en la clase letrada: los que se mantienen en la línea elitista (aparecen las academias de la lengua, por ejemplo, que tendrán en las universidades modernas su contrapunto) y los que se hacen críticos del papel tradicional del letrado y de su cultura (en ese ambiente de disidencia se dará la escritura de la novela que se expone aquí como ejemplo de la tensión entre ciudad letrada y ciudad real: 4 años a bordo de mi mismo). También en medio de la ciudad modernizada se institucionalizan especializaciones y profesionalizaciones del letrado (las figuras concretas del abogado y del periodista).

Otros factores que se destacan en el ambiente de la ciudad modernizada son:

Las figuras de resistencia tradicionalmente simbolizadas en el rebelde y el santo transmutan en las figuras del bandolero y del mesías religioso. Surge la literatura costumbrista, como primer género más allá del canon de las bellas artes (poesía) como efecto de la nostalgia de las élites por el declive de la palabra oral campesina; simultáneamente surge el folclor como disciplina destinada a la “recuperación” científica de los materiales de la cultura rural, asunto que trae como consecuencia el desprendimiento de dichos materiales del sistema de vida de la comunidad para ser incorporado “a lo que ya no podía ser otra que literatura” (muere así la “inefabilidad popular”). A través del ejercicio de la literatura (que empieza funcionar como discurso sobre la formación, composición y definición de la nación) se consolida el sentimiento de lo nacional. Al imponer la escritura y negar la oralidad, la literatura cancela el proceso productivo de ésta y lo fija bajo las formas de producción urbana pero no logra hacer desparecer a la oralidad, ni siquiera dentro de las culturas rurales; más bien la producción oral se mezcla con la escrita y da origen a nuevos lenguajes: la mezzomúsica y el teatro. Surge igualmente con la extensión del proceso de urbanización la literatura que da cuenta de su evolución (sobre todo las experiencias del desarraigo y del extrañamiento). En fin “cuando la ciudad real cambia, se destruye y se reconstruye sobre nuevas proposiciones, la ciudad letrada encuentra la coyuntura favorable para incorporarla a la escritura” (126) no solo . como imagen nostálgica o como deseo y proyecto sino sobre todo como esfuerzo de significación y sentido.

Y he aquí una figura que podría explicar la ambigüedad de la poética modernista (incluidas las obras de Silva y de Eduardo Zalamea)

“Se diría que no queda sitio para la ciudad real: Salvo para la cofradía de los poetas… (a los que ) se los ve ocupar las márgenes de la ciudad letrada y oscilar entre ella y la ciudad real, trabajando sobre lo que una y otra ofrecen, en un ejercicio ricamente ambiguo… combinando un mundo real, una experiencia vivida, una impregnación auténtica con un orden de significaciones y de ceremonias..” (129)

Como resultado del crecimiento de la disidencia letrada y de la emergencia de los sectores medios, Rama habla de una ciudad politizada, caracterizada por dos condiciones: la renovación del equipo letrado (ya no sólo hijos de buenas familias, sino descendientes de artesanos, pequeños negociantes, funcionarios y hasta hijos de esclavos) y el ejercicio del pensamiento crítico. Es una especie de transición hacia la ciudad revolucionada, última transformación de la ciudad letrada en la que se consolida una democratización de la letra (bajo las banderas de la educación popular y el nacionalismo). Con la extensión de la base de alfabetizados, también se amplia la base de miembros de la ciudad letrada; pero curiosamente se produce una aceptación pública y hasta una apropiación letrada de las culturas populares urbanas (como para el caso de los corridos y de los tangos y que se podría extender al de los vallenatos). Se afianza también una cosmovisión democrática que con la aparición de las reglas electorales influye en la apreciación y valoración de la masa y del pueblo (esta vez como potencial electoral), que de todas modos produce consecuencias fuertes como la ampliación de la base popular participativa, cierto sentimiento de solidaridad clasista en los sectores obreros y una visualización y apreciación de nuevas sensibilidades. Se produce así una notoria modificación del horizonte cultural con la aparición de nuevos productos como el periodismo costumbrista urbano, el teatro criollo, la proliferación de periódicos populares, etc. Claro que este panorama no es homogéneo: en México y en Colombia, por ejemplo persiste la actitud elitista, mientras en los países del sur se da un compromiso más claro con la democratización intelectual: ”en aquellas ciudades donde el progreso económico había distendido a la sociedad, acrecentando el número potencial de consumidores, proveyéndoles de recursos suficientes, se presentaría una sostenida actividad intelectual para proveer a ese público de ideas y de objetos culturales”.

Una característica de esta nueva ciudad es la consolidación del público o de la audiencia, masa de consumidores de objetos culturales como el teatro (para el cual no hay que saber leer) y su expresión crítica, el teatro popular; pero también para el consumo masivo de literatura, como es el caso de los lectores del colombiano Vargas Vila: “También en España las editoriales difundieron las obras completas del más exitoso novelista de la época, el colombiano José María Vargas Vila, repudiado por sus colegas cultos a causa de su “literatura de sirvientas”…. No menos de cuarenta títulos que hicieron de él uno de los primeros profesionales de la pluma” (182). La masificación del público lector y las estrategias de mercadeo de las obras (sobre todo de novelas) hizo que pareciera posible “que los intelectuales actuaran directamente sobre el público (y este reactuara sobre ellos, imponiéndoles incluso una escritura y especiales formas, sin que esa comunicación fuera orientada y condicionada desde el poder” (184), creando transformaciones y efectos como (siguiendo a Rama), la incorporación de doctrinas sociales, el autodidactismo y el profesionalismo.

En general se puede afirmar que lo popular se manifiesta ya no como fuente de narraciones, sino como influencia desde “abajo” (demanda, mercado), creando una nueva “ley literaria” que decía que había que comunicarse sin dificultad con el lector que procedía de los sectores medios recién educados … en una típica operación de reconocimiento” (189)

Hasta aquí llega el recuento de la evolución de la ciudad letrada, pero ella, después de este punto sigue evolucionando y de una manera que sorprendería al propio Rama: a la ciudad letrada seguiría la ciudad visual, la ciudad virtual y la ciudad hipertextualizada.

Por eso las palabras de Monsivaís en el prólogo del libro de Rama de la edición de 2004, hace justicia a ello, cuando afirma que, con la globalización y con la “neo liberalización” de la sociedad, la decadencia de la ciudad letrada, va de la mano de un fin de la inteligencia humanista y el surgimiento de una inteligencia y discurso que hacen homenaje a la eficiencia. Al respecto resulta muy diciente la frase que pone Tomás Eloy Martínez en boca de uno de sus personajes de La novela de Perón: “el poder ya no lee” (al final de su artículo: La batalla las versiones narrativas); no sólo no lee sino que muta: “Aparecen cambios irreversibles. La ciudad visual (virtual) y la producción incesante de imágenes notifican con precisión el debilitamiento de la ciudad letrada…. la tecnocracia asume un gran número de funciones de la ciudad letrada. Y se va imponiendo sobre la cultura popular el odio a la racionalidad y el despliegue de la violencia sin sentido…” (28). Pero Monsivaís ofrece una esperanza: la de conciliar tecnología y humanidad en ese nuevo ámbito de lo global tensionado entre el neoliberalismo y la sociedad civil global, apoyada por las tecnologías red

DEBATE

Algunas preguntas para el debate podrían ser las siguientes:

¿No es la visión de Rama una visión demasiado homogénea que no da cabida a la diversidad de “ciudades letradas” y de ciudades reales en Latinoamérica?

Tenemos claramente delineado la gesta del letrado y ¿la del iletrado?

¿No es el espacio aquí para revisar la relación literatura-cultura que nos propone Eduardo Galeano como los diez errores que se cometen al respecto de esta relación en Latinoamérica?

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25 comentarios en “Ciudad letrada vs ciudad real”

  1. jaimeel 19 Nov 2008 a las 7:25 pm

    Un ejemplo reciente de la disociación que no ha terminado entre estas dos ciudades es la reciente situación originada con todo el tema de las “pirámides”. Los bancos y el estamento gubernamental representarían lo “letrado” en tanto justifican una posición hegemónica de ahorro y ganancia; mientras lo popular estaría marcado por el timo, de un hombre ingenioso de corte popular, que participa de los sueños de ganancias rápidas de las clases populares. Ahora bien, volviendo al punto de vista literario, la situación de la novela Cuatro años a bordo de mí mismo es una vuelta en parte al folclor pero desde el punto de vista del letrado y así esas transcripciones de los cantos indígenas brillan por su artificiosidad: es el timo del letrado a lo popular que quiere llevar al campo de la experiencia de otros letrados. Parece que la literatura se empeñara en hacer precisamente lo contrario de lo que se le obliga, en tanto, por ejemplo, la “literatura de sirvientas” del letrado Vargas Vila desdeñada por los letrados, es hoy objeto de una reivindicación por los descendientes de los mismos letrados que la desdeñaron.

    En cuanto a las preguntas, sin duda la visión de Rama es reduccionista en tanto no existe una sola ciudad letrada. Uno pensaría que esta posición podría complementarse con los aportes, del mismo Rama, con respecto a la representación de Latinoamérica por medio de sus distintas regiones en las conferencias que publicó acerca de la obra de García Márquez. En ese sentido se podría hablar con más propiedad con una nueva caracterización, por ejemplo “ciudad letrada fluviominense”, y así sucesivamente con las otras regiones, lo cual ampliaría la visión reduccionista de un concepto verdaderamente útil sin duda.

  2. myrenita2666el 30 Nov 2008 a las 12:05 am

    Con el avance rápido de la tecnología, la sociedad los conceptos deben ir de la mano, cabe resaltar que la lengua evoluciona ahora de una forma vertiginosa y si antes se podía hablar de la ciudad letrada como aquella que mantenía la forma, el estilo y la ideología de la sociedad “culta” o dominante, la aparetura cultural dada a través de los hipermedios hace que este concepto de ciudad letrada se revalorice. Quienes son los letrados, los que tienen el poder de los medios o las editoriales?, o la sociedad denominada académica. Cuàl tiene mayor cobertura y demanda en la parte popular.

    Por eso, creo necesario la utilización de todos los medios, como forma democrática para dar cuenta de las diferentes ideologías, así como en su momento fue válido el grafiti, ahora es válido el ciberespaio donde es posible opinar sin restricciones y es el públio de acuerdo a su cultura la encargada de hacer la selección de lo válido o no.

    Rama realizó una visión histótica y si creo que homogénea, teniendo en cuenta que la socieda latinoamericana es una de las más variadas y ricas en ideologías y culturas, y me parece pertinente hablar de ciudades letradas que en este momento están dando cuenta de esas ciudades reales.

    Es necesario clarificar, que el dar cuenta de la ciudades reales, no es ovidar la parte estética de la literatura y no quedarse en la parte del consumo, como ha sido la intención de las editoriales, el mercado; que han convertido las voces populares, los temas como el narcotráfico, el paramilitarismo, la guerrilla, la prostitución y la descomposición social en temas que venden, el leguaje en las obras literarias en aras de dar cuenta de esa ciudad real, se ha extralimitado en las groserías y jergas que pierden su sentido de crítica, denuncia, para caer en la comercialización de nuestra dolorosa realidad.

  3. Viviana Pongutáel 30 Nov 2008 a las 12:25 pm

    El panorama que nos presenta Rama en relación a la ciudad letrada y las variaciones que pueden emerger de esta constante pugna de poderes, abre el horizonte para una reflexión necesaria del tema. La reflexión en este momento coyuntural de la sociedad estaría encaminada a visualizar la apertura que ha tenido el espacio de expresión y dominación cultural, antes propio de un grupo de pléyades cultas con tendencias conservadoras y elitistas.

    La reflexión en este momento se orienta a reconocer que los anillos de poder letrado han sido extendidos a manera de espiral por nuevas expresiones que emergen de manera ascendente desde los espacios marginados, verbigracia, la literatura testimonial y por supuesto, la difusión que alcanzan los textos publicado en la Internet. Considero que la concepción de un circulo dominante y anquilosado en el poder de la palabra ha sido transformada, la literatura hoy en día debe ser vista como un arte resignificado, abierto a la pluralidad de voces que conforman el panorama social.

    El impacto de la Internet en la posibilidad de expresión de la gente no inmersa en el campo literario, hacen que experiencias que antes permanecían en la memoria o en la tradición oral, lleguen masivamente a varios lectores, tal es el caso de un soldado de la guerra de Irak que materializó su vivencia y la difundió. Este hecho revela que el juego de poder se ha desplazado de la palabra porque ésta ya es ¨democrática¨, tal vez a lenguajes como el de la publicidad o la imagen. Lo cierto es que la propuesta de Rama es precisamente el punto de inicio para una ardua reflexión que debe partir de otra era y otros pensadores, tal vez sea prudente retomar la propuesta que cierra el texto de reflexión retomando a Monsivaís ¨la de conciliar tecnología y humanidad en ese nuevo ámbito de lo global tensionado entre el neoliberalismo y la sociedad civil global, apoyada por las tecnologías de la red¨

  4. harriscalebel 01 Dic 2008 a las 4:49 pm

    Al respecto de la tercer pregunta del profesor en abrir el debate, considero que sí: este es un buen espacio para revisar esa relación compleja literatura-cultura. Uno de los diez errores propuestos por Galeano va al grano de esta cuestión, y también tiene que ver con la segunda planteado por el profesor: tenemos tan claramente delineado la gesta del iletrado como la del letrado? Considero que no, y el segundo error asegurado por Galeano nos dice por qué:

    2. Por cultura se entiende la producción y el consumo de libros y otras obras de arte.

    La “gesta” del no-letrado se da en esa cultura que no llega a la biblioteca Lerner, que no está en el Hay Festival de Cartagena y que a menudo recibe un trato desdeñoso por parte de los grandes y buenos de la cultura letrada. UNA mala concepción común es que la cultura es lo que se edita, se empaque y se vende como tal, lo que está parte de la industria cultural, y lo que brinda una cierta estatus social a sus consumidores.

    Uno puede escuchar la gente comentar: “Mi hobby es la cultura – ¡soy amante de la cultura!” Lo que quiere decir es: “Me gusta tomar vino tinto francés escuchando ópera, viendo ballet o leyendo los autores considerados más sofisticados, pero sobre todo me gusta hacer estas cosas si me están viendo los que me importa impresionar”. Decir “soy amante de la cultura”, según la definición de Galeano y que comparto, equivale a decir algo como “soy amante de la actividad humana” o “soy amante de lo que pasa entre los seres humanos”, entonces, es casi una tontería decirlo.

    Sabemos esto por la manera en que lo que en una época está considerado producto cultural de los “bajos fondos” en otra época alcanza a ser considerado sofisticado y deseable por las élites. Esto ha pasado, a alguna medida, con estilos musicales como tango, rock and roll, ballenato y hip hop, con moda como los jeans y los tatuajes, con un deporte como fútbol que en una época en América Latina era visto como deporte de las clases bajas y ahora es celebrado por todos, con actitudes frente al consumo de drogas como cocaína, que era reservado para prostitutas y cantantes de jazz pero ahora en Londres, Nueva York y Berlín es usado por abogados, profesores y vendedores de seguros.

    La cultura, como la cultura popular, es mucho más que productos fetishizados por las clases adineradas, como observa Galeano en su respuesta al tercer error, lo que reza que la cultura popular no es más que las tradiciones típicas: “¿Qué es la genuina cultura popular sino un complejo sistema de símbolos de identidad que el pueblo preserva y crea? Al negarle esta dimensión creadora, se la envía al museo.”

    Finalmente, me gustaría referirme, respetuosamente, a una observación de la compañera arriba, “myrenita”:

    “no es ovidar la parte estética de la literatura y no quedarse en la parte del consumo, como ha sido la intención de las editoriales, el mercado; que han convertido las voces populares, los temas como el narcotráfico, el paramilitarismo, la guerrilla, la prostitución y la descomposición social en temas que venden, el leguaje en las obras literarias en aras de dar cuenta de esa ciudad real, se ha extralimitado en las groserías y jergas que pierden su sentido de crítica, denuncia, para caer en la comercialización de nuestra dolorosa realidad.”

    Primero creo que habrá que definir lo que quieres decir con “la parte estética de la literatura” y definir porque escribir sobre temas como “el narcotráfico, el paramilitarismo, la guerrilla, la prostitución y la descomposición social” va en contra a “lo estético”. ¿Será que hay temas que son inherentemente “estéticos” o que valgan ser tratados artísticamente, y otros no?

    De igual manera, hay que aclarecer porque “las groserías y jergas” serían automáticamente menos estéticamente válidas, o porque un lenguaje vernáculo en una obra literaria la descalifica de alguna manera estéticamente. Yo creo que lo que le toca a un autor de una obra literaria es usar la palabra artísticamente para dar cuenta de alguna forma de la experiencia humana, para comunicar con otros seres humanos sobre el mundo y sobre nosotros, y si al autor le parece necesario y verdadero y autentico y hasta artísticamente indicado usar “las groserías y jergas”, pues esto es lo que le toca hacer.

    Segundo, el hecho que un escritor escribe sobre aspectos como “nuestro doloroso realidad” y luego se edita el libro y se lo venda, no quiere decir que está cayendo en “la comercialización de nuestra dolorosa realidad”. Yo diría que estos son “temas que venden” porque la gente está interesados en reflexionar sobre lo que les está pasando; les parece interesante leer una obra ficticia que trata del horror cotidiano que plaga el país; les parece importante pensar lo de un lado diferente, en vez de hojear las masacres y degradaciones sociales otra vez y otra vez en las páginas de Semana o El tiempo, se preguntan si les podría arrojar una luz diferente sobre la situación, al leer lo en una novela, un cuento o una obra de teatro.

    Y, además, porque a lo largo de los siglos siempre hemos estado fascinados frente a temas como la muerte, la violencia y el sexo: es apenas natural – La Iliad de Homer trata de estos temas, también Séneca, Aristofanes, Shakespeare, Cervantes, Faulkner, Gabo, etc etc.

    Además, a menudo estos autores ilustres han usado lenguaje de “groserías y jergas”, que yo no usaría frente a mi abuela. Sin embargo, yo no acusaría a ellos, en principio, de convertir “las voces populares… en temas que venden” ni de haberse “extralimitado en las groserías y jergas que pierden su sentido de crítica, denuncia, para caer en la comercialización de nuestra dolorosa realidad”.

    Gracias, Caleb.

  5. jaimeel 01 Dic 2008 a las 6:39 pm

    La llegada de la ciudad virtual podría desmontar lo que señala Caleb de que “cultura es lo que se edita, se empaque y se vende como tal” pues en esta nueva ciudad ya no se edita ni se empaqueta ni se vende el texto… queda libre, abierto como el blog. De igual forma son muy a propósito los ejemplos de los cambios entre lo alto y lo bajo los casos del fútbol y la cocaína, pero la pregunta que queda en el aire es si la misma élite se apropió ya de otras cosas como la escritura y la lectura, y si las masas permanecerán eternamente lejanas de estas técnicas.

  6. marcelalondonoel 01 Dic 2008 a las 7:38 pm

    Yo creo que más que tener claramente delineado la gesta del letrado, en el texto lo que se muestra es un panorama general de la evolución que ha tenido tanto el letrado como, de alguna manera, la posición del iletrado. En el texto el autor está continuamente relacionando letrado con poder, lo cual no deja ver otras posibilidades, en este sentido, yo creo que sí da una visión homogénea “que no da cabida a la diversidad de ciudades letradas y de ciudades reales en Latinoamérica”.

    Marcela Londoño

  7. Angelael 02 Dic 2008 a las 3:46 pm

    Considero que todas las opiniones son válidas en el aspecto de separar ciudad letrada de ciudad real, siendo esta última la más marginada aunque quiera ser rescatada por los letrados que por supuesto, no alcanzan a abarcar la totalidad de esta. Bueno, si consideramos realmente que la ciudfad de los letrados no es una ciudad real. O si consideramos esta última como la denominación más acertada para la marginación que se vive actualmente.

    Sin embargo, me parece que un punto realmente importante es el hecho de que los medios masivos han tratado de abordar de manera accesible al público las realidades actuales de la población sobre todo vulnerable (volviendo al tema planteado por Myrena). Pero no ha sido con el fin de informar propiamente, sino de esperar altos índices de consumo a través del amarillismo y la pretensión fútil y aparente de mejorar las condiciones de vida de esta gente.

  8. nestorel 02 Dic 2008 a las 5:31 pm

    En relación con la segunda pregunta que plantea el profesor, creo que Beatriz Colombi (Universidad de Buenos Aires) en su trabajo: La gesta del letrado intenta dividir esta delineación (desde los presupuestos teóricos de Rama) a través de los conceptos de “la “gesta del mestizo” o la “gesta de la plebe” confrontados con los términos de “la gesta del letrado” o la “anti-gesta”. En los primeros “los procesos de resistencia, desarticulación, adaptación, apropiación, y transculturación ganan peso y conducen a una Transculturación narrativa en América Latina (1982)”, mientras que en el segundo logrado a través de la “estigmatización del criollo” expuesto claramente en la ciudad letrada: “el dispositivo disciplinario y ordenador, las jerarquías y la racionalización, la cooptación del sector por el poder y el estado” parecen ser las categorías que predominan y a la vez separan esa línea, cada vez menos visible entre lo “letrado” y lo “iletrado”

    Por otra parte, al igual que la reflexión de Santiago Castro García (1997) en el ensayo del profesor Jaime; es importante, en este mismo sentido retomar el estudio que realiza M. Bajtín (En: Jesús Martin Barbero, 1987) sobre la “plaza publica”, concibiéndola como “el sitio donde el pueblo lleva su voz constante”. La plaza es el espacio no segmentado abierto a la cotidianidad y al teatro, pero un teatro sin distinción de autores y espectadores. A la plaza la caracteriza sobre todo un lenguaje “particular de comunicación” que tiene como base “la ausencia de las constricciones que especializan los lenguajes oficiales” ya sea el de la iglesia, el de las cortes o los tribunales de justicia. Un lenguaje en el que predominan, el vocabulario y los ademanes, las expresiones ambiguas, ambivalentes, que no solo acumulan y dan salida a lo prohibido, sino que al operar como parodia, como degradación y regeneración “contribuían a la creación de una atmosfera de libertad”. Groserías, injurias y blasfemias (respecto a los comentarios de Myrena y Caleb) se revelan condensadores de las imágenes de la vida material y corporal, “que liberan lo grotesco y lo cómico, los dos ejes expresivos de la cultura popular”, así pues en este caso coincido con Caleb que la relevancia de un autor a través de su obra literaria es el uso de la palabra artísticamente, ya que da cuenta de alguna forma de la experiencia humana y comparte con otros seres humanos su visión de mundo, como de alguna manera lo plantea Martin Barbero en la cita anterior.

  9. orlando Barónel 09 Dic 2008 a las 1:31 pm

    Dice el profesor Jaime Alejandro
    “La intención de Ángel Rama (1883) en su ya imprescindible ensayo, es mostrar la evolución de la relación (cercana/antagónica) entre letrados (intelectuales, encargados de ejercer la letra) y poder, en un mismo espacio: la ciudad (entendida como el espacio donde coinciden las realidades y los símbolos),

    ¿Hasta que punto los letrados son, ellos mismos, un símbolo más de la ciudad letrada?. La ciudad como bien lo referencia, el profesor Jaime Alejandro, es un espacio de símbolos y realidades. Cada aspecto de la ciudad se convierte así en una realidad que es símbolo y se debe interpretar. Podemos tomar a los letrados como sujetos históricos que moldearon esa realidad de la ciudad letrada (que es como parece entenderse en el texto), y podemos, también, interpretar su presencia como un símbolo más. Al inclinarnos por el letrado como símbolo, abrimos otra posibilidad. El letrado no sólo sería el sujeto histórico que dio forma a la ciudad letrada, sino que él mismo se configura como símbolo (significante y significación), quiero decir, que él mismo se configura mientras configura la ciudad que organiza. Contrarío así aquello de que “Mientras la ciudad letrada actúa preferentemente en el campo de las significaciones…, la ciudad letrada trabaja más cómodamente en el campo de los significantes”
    No es clara esa diferenciación pues, hablamos de dos componentes (los del signo) que al modificar uno, modifica inmediatamente al otro.

    La dicotomía, Ciudad Real y Ciudad Letrada pierde así su dualidad para convertirse en una realidad única que se explica a partir de su doble proceso de significante y significación. Carlos Monsiváis, dice que “la evolución del sistema simbólico siguió siendo impetuosa a través del tiempo, (los dos componentes, realidades y símbolos) se han desarrollado como significaciones a partir de las necesidades del sistema” (66 & 67). Lo que me gustaría hacer notar es que la dicotomía planteada produce la sensación de que fueron los letrados los sujetos históricos que determinaron la ciudad letrada. Desde la perspectiva de los letrados como significantes y significados, que se configuran en símbolos, podemos ver que estos sujetos históricos son elementos constituyentes del proceso dialéctico que ya no se pudo detener desde el momento mismo en que empieza el proceso de configuración de “la ciudad bastión, la ciudad puerto, la ciudad pionera de las fronteras civilizadoras, pero sobre todo la ciudad sede administrativa que fue la que fijo la norma de la ciudad barroca” (56). Esta dialéctica, quizás, explique también, la aparición y evolución de “un sector pequeño (…) que se pronuncia por el progreso y la civilización” (16).

  10. orlando Barónel 09 Dic 2008 a las 3:23 pm

    No sé si recuerdan a Manuela. Sí, la novela de Eugenio Díaz que según Ángel Flores, es la primera novela de costumbres regionales de Colombia. Voy a empezar por decirles que Manuela es un nombre muy bonito, evoca aires y montañas del siglo XIX, he dicho bien, montañas no pirámides, de las que evoca el bien letrado Jaime. Más que una evocación, la referencia a las pirámides es PONER-EN-LETRA a los iletrados y letrados bancarios. Yo diría que una ciudad donde aparecen pirámides no es letrada o iletrada sino mal-trata-da. Les decía lo de Manuela porque en esa novela aparece Martha que “había leído El compadre Mateo, el hijo del carnaval y La Lechera que le había dado don Leocadio; Martha sabía retazos de las cartas de Eloísa, y Abelardo…” …lo que viene al caso y sobre lo que les iba a preguntar era si a Martha podríamos considerarla una hija pródiga de la Ciudad Letrada, ¡Ah! porque el contexto donde aparece es tan rural como uno de esos horizontes para la reflexión de los que habla Viviana. Para que vean que Martha no es un caso excepcional en la novela de Díaz, les voy a recordar que don Demóstenes (más griego pa´onde) le encargó a Manuela que le trajera del Mercado, a donde fue aquella mañana, el Tiempo y el Neogranadino, y allí se puso a leerlos, “meciéndose con lentitud en la hamaca”. ¿Será cierto, entonces, para el caso de don Demóstenes, que los Hipermedios, ya actuaban sobre él como dice Mirena?. Pero el capítulo El Mercado, que es del que hablo, la incidencia de la ciudad letrada no se detiene en Martha y Demóstenes. Cecilia, que así se llama la prometida del casi-griego que lee periódicos ¿liberales?, “se ha echado de beata”. “¡Jesús María! No diga eso, cristiano de mi corazón”, le dice Manuela a don Demóstenes, mientras trata de hacerle ver las bondades de tener una novia santa y éste no para de sentirse enfermo, pues, “¿qué sería del amor mismo donde el ascetismo religioso imperase por unos días?”. Como diría otra vez Viviana “la reflexión en este momento se orienta a reconocer que los anillos de poder han sido extendidos a manera de espiral por nuevas expresiones que emergen de manera ascendente desde los espacios marginados”. Yo, la verdad, no paro de preguntarme hasta aquí, si el concepto de Ciudad Letrada es más sociológico que literario, recuerden que les estoy reseñando una novela de costumbres regionales de Colombia. “Como una cosa es cacarear y otra poner el huevo”, paro con mis preguntas y afirmaciones más bien tendenciosas, recuerden, eso sí, que quien escribe es un letrado venido de los cafetales

  11. jaimeel 09 Dic 2008 a las 5:45 pm

    El bien letrado Jaime, cree que en realidad la evocación de las montañas y los cafetales (de Orlando) ha venido más pegada de la interpretación que del contexto literario original de ese tipo de novelas. No estoy descubriendo el agua tibia, cuando digo, en este letrado blog que el recurso de ir a los “bellos” nombres de las “bellas” damas fue una cuestión tan extendida en la época como lo puede ser hoy no parar de hablar de
    “Carteles”, crímenes y similares de-ab-yecciones. Pero si lo que uno desea es no oler tanto las montañas (y el café tostado) y más bien se arriesga a la deconstrucción de tanto idilio (irreal e increíble, sobre todo en esa época) ahí está “Dolores”, de Soledad Acosta, que trajo a tanta mandanga de dulzor el fuerte olor de la carne muerta sobre el cuerpo vivo.

  12. caritoclopezel 14 Dic 2008 a las 7:11 pm

    Atendiendo a la primera pregunta,considero que Rama logra deslindar lo más neurálgico de las características de “Ciudad Real” “Ciudad Letrada” en Latinoamérica, resaltando:
    En este continente dado la colonización siempre ha privilegiado el saber de aquellos que tienen acceso a la cultura escrita y se ha desvalorizado el acceso a la cultura oral. La ciudad letrada se ha preocupado por construir y establecer las relaciones, significados e interrelaciones de aquello que les rodeaba lo que implico la posibilidad de ser entes de establecimiento de la cultura popular, definir sus significaciones acerca de lo correcto, incorrecto, y deseable en la sociedad, imponiendo así a la cultura popular en sus formas de reconocimiento desterrándolos del campo letrado y por lo tanto del campo de poder. A medida que los sectores populares han tenido acceso no solo a la palabra sino a procesos de legitimización de su saber se ha abierto un camino en el campo letrado que indiscutiblemente es un medio que posibilita la existencia la influencia en el campo de poder.
    Esta caracterización no implica que Ángel Rama hallá acertado en su totalidad con su propuesta. que como lo cuestiona la pregunta puede apuntar a una visión demasiada homogénea, algo que seña la acertadamente John Charles Chasteen: “Rama se propone una visión válida para toda América Latina, trabaja por medio de énfasis no siempre indiscutibles. Para el caso colonial, Rama privilegia los contextos novohispano y peruano, sin discutir adecuadamente contraejemplos tomados del contexto brasileño”.

  13. Ricardo Romeroel 14 May 2009 a las 11:46 am

    La discusión entre ciudad letrada vs ciudad real es interesante si la visualizamos desde la perspectiva estética. a lo largo de la historia la lucha de estos dos tipos de ciudades generan dos tendencias literarias que en mayor o menor medida están condicionadas por un entorno social, político y económico. En una cara de estas tendencias aparece una literatura condicionada por un sistema de reglas mediadas por en principio por una elite culta y academicista que terminara convirtiéndose en una misma elite influenciada por los caracteres mas decisivos de la modernización. Esta ultima aislada de este caracter especial y positivo que continene el “modernismo” europeo. Con sus transformaciones, mutaciones e interpretaciones al lado de esa literatura, de esta toma de posición estética mediada pur un sistema eminentemente “capitalista” surge en oximorono otro tipo de estética, “no letrada” en el sentido de confortación, de rechazo hacia este tipo de arte ligado a las reglas asociadas a este sistema en el que la producción convierte al mismo arte en producto. Al mejor estilo y guardando las debidas proporciones este tipo de literatura “no letrada” cumple la función de una vanguardia europea que no encuentra la forma de volverse incisiva. En algunos paises latinomaericanos este tipo de literatura puede llegar a tomar un valor mas representativo, pero en Colombia, dicha literatura no encuentra más que una sumisión y un tinte demasiado tenue que hace que su estética se estanque, hasta encontrar en la contingencia nuevas formas de grandeza y reflexión.

  14. CAROLINA C.el 14 May 2009 a las 8:33 pm

    Lo que presenta Rama, en la ciudad letra es un análisis sobre la intelectualidad latinoamericana desde una perspectiva histórica y amplia que recoge las letras, las palabras y los discursos que propone la tradición letrada en latinoamerica esta marca por el peso de su origen colonial y de el desarrollo cultural de hispanoamerica ha estado condicionado por una vision de mundo que privilegia la escritura.

    Propone que el modelo de letrado colonial, aún con los cambios historicos que han ocurrido como independencia, modernizacion y movimientos revolucionarios persisten. Rama señala que el que hacer cultural latinoamerica se mueve entre la ciudad, el letrado, y la primacía de la escritura que sirve al poder politico.Esos tres elementos configuran y determinan la produccion letrada aún hoy día.

    La obra toma cuerpo en un determinado contexto social, en un mundo cultural y social específico. Este mundo de acuerdo con Rama, está marcado por la relación entre la escritura y el letrado.En este sentido que el letrado ha mantenido un papel similar durante la época colonial.

    La función del letrado como ejecutor de un proyecto que surge como resultado de la influencia de la ciudad y de la herencia colonial,es para Rama una constante que no ha variado significativamente.

  15. Felipe Martínezel 14 May 2009 a las 9:51 pm

    Más allá de discutir si los planteamientos de Rama tienen en cuenta o no las diferentes “Ciudades letradas” de Latinoamérica, el punto está en saber cómo esas ciudades han marcado el tránsito cultural entre una concepción de lo que es nuestra literatura y otra. Desde la letrada hasta la virtual (no propuesta por Rama) el manejo de poder es quién está en juego; de una posición colonial nos hemos desplazado hacia los límites vertiginosos de la gran red mundial, del comercio indiscriminado de saberes que han llegado a hacerse cada vez menos aprehensibles. Debemos anotar que nuestras literaturas (así, en plural, porque son muchas, como son muchas las “ciudades letradas”) han estado ligadas (como lo anota Raymond Williams en Novela y poder en Colombia) a manejos centralizados de la industria de producción cultural. Así, la ciudad real queda relegada a los postulados de la ciudad letrada y sucumbe ante el poder de la letra escrita. Quizás no sea hasta hoy, con el crecimiento de los nuevos medios, que se pueda desestabilizar este proceso y que el flujo de literatura esté determinado únicamente por la velocidad de un módem, en donde la ciudad real podrá empezar a emitir su escritura, su producción, y empezaría a generarse una fusión entre ambas para llegar a convertirse en la misma.

  16. Lisec Coronadoel 15 May 2009 a las 7:02 pm

    Considerar que la ciudad letrada y la ciudad real están separadas por un límite explícito y conciso me parece un poco arriesgado. En nuestra sociedad hay tantos tintes grises que son éstos los que le dan variedad y la caracterizan. Esto no significa que se pueda negar que hay una cierta polarización en el ámbito literario respecto a aquella ciudad que tiene acceso y validez en cuanto lo literario y lo escrito, y respecto a la ciudad que se caracteriza por ser la real, la que reproduce, la popular, la oral. Me parece que es en esas ambigüedades en donde se evidencia con mayor fuerza la necesidad que se da entre una y otra ciudad para su subsistencia y para sus “encuentros y desencuentros”.

    En cuanto a la comparación que hace Rama de la relación que hay entre las dos ciudades con el signo lingüístico, me parece una comparación muy adecuada: la ciudad letrada dictamina cuáles son los significados que corresponden a lo que la sociedad intelectual valida y determina como cierto; la ciudad real reproduce esos significados que han sido dictaminados y así la sociedad como un todo se vuelve el significante.

  17. Luis Julián Leónel 16 May 2009 a las 8:29 am

    Sobre la discusión propuesta acerca de la homogeneidad excesiva en la visión de Rama (según se describen sus ideas en la reseña), y la dificultad que esta homogeneidad podría causar para contemplar diversas “ciudades letradas” y “ciudades reales” en Latinoamérica, pienso que la misma historicidad de que dependen los conceptos, evitaría que se restrinjan a una imagen exclusiva. Si los cambios en la relación de la sociedad con las letras son historizables, esto implicaría la existencia de procesos independientes de los cambios en las relaciones entre letrados y ciudad, ligados a las dinámicas particulares de cada época y cada contexto.
    Si quizás puedan rastrearse hasta cierto punto los procesos históricos de la humanidad, observándola como unidad sin detenerse mucho en sus partes (sin observar detenidamente sus particularidades); la diversidad de situaciones ligadas a lugares y tiempos puntuales nos obliga a establecer relaciones saltando desde miradas generales a miradas más específicas y viceversa: del estudio de la ciudad al del continente, de la ciudad a otra ciudad, del barrio a la ciudad, de la ciudad al país y al mundo, del individuo como ser humano en épocas específicas y en contextos particulares. Comprender la especificidad de las relaciones al interior del espacio de la ciudad particular, es necesario para llevar a cabo observaciones comparativas (ciudad 1 – ciudad 2) o generales (las ciudades).La variedad de “ciudades letradas” y “ciudades reales” está implícita en su movimiento histórico y depende de las fuerzas al interior de cualquier ejemplo específico de ciudad: de su contexto y perspectivas, de la mentalidad de sus sociedades, del idioma nativo, de las presiones ejercidas por los hábitos comunes de sus gentes, de las características de sus sectores sociales, de sus recursos, claramente de su relación con la escritura, etc.
    El concepto de letra como materia que se hace fuerza en la escritura, que se convierte poder según un enfoque y en que este último depende de las particularidades sociales de cada espacio, y más allá de las particularidades individuales, lleva a pensar que los conceptos de “ciudad letrada” y “ciudad real”, no serían necesariamente homogeneizantes.

  18. Myrena Niño Vargasel 28 Oct 2009 a las 6:35 pm

    Algunas preguntas para el debate podrían ser las siguientes:
    ¿No es la visión de Rama una visión demasiado homogénea que no da cabida a la diversidad de “ciudades letradas” y de ciudades reales en Latinoamérica?
    Tenemos claramente delineado la gesta del letrado y ¿la del iletrado?
    ¿No es el espacio aquí para revisar la relación literatura-cultura que nos propone Eduardo Galeano como los diez errores que se cometen al respecto de esta relación en Latinoamérica?
    MYRENA NIÑO VARGAS
    Me llamó la atención en el debate el tema que trata sobre Los diez errores o mentiras frecuentes sobre la literatura y cultura en América Latina de Eduardo Galeano. 1980.
    Vale la pena destacar algunos comentarios:
    1. Hacer literatura consiste en escribir libros. Para Galeano y estoy de acuerdo con él, es un postura excluyente, el verifica que muchos escritores partieron del periodismo como José Martí, el mismo Gabriel García Márquez y el argentino Rodolfo Walsh entre otros. Galeano en su característica irónica menciona a Chico Buarque y se interroga si sus producciones no son verdaderos poemas porque se escribieron para ser cantados y esto lo degrada a lo popular y por lo tanto, lo excluye de lo literario para preguntar ¿si la popularidad es un delito de lesa literatura? Como afirma Rama con el grafiti los artistas cuando no están insertos en la cultura letrada y en las instituciones y los medios buscan otros mecanismos para la libre expresión, eso, lo más importante en una sociedad excluyente es la creatividad tanto para escribir como para publicar. Esto no pretende desacreditar el libro como expresión literaria sino reconocer las otras formas como expresiones culturales y literarias de cada uno de los pueblos.
    2. Por cultura se entiende la producción y el consumo de libros y otras formas de arte.
    Aquí Galeano maneja unos puntos de vista particulares, el primero, es que esto no se dice abiertamente pero el comportamiento de ciertos círculos lo manifiesta en sus comportamientos, segundo, que dentro del concepto de cultura se ha excluido la ciencia; tercero, se reduce la cultura a términos de industria ignorando la llamada “cultura de masas” que es la industria cultural por excelencia y por último que este concepto de cultura excluye las expresiones espontáneas y valiosas de la cultura popular. Esto hace que el concepto de cultura quede incompleto, puesto que ésta es la manifestación de un pueblo a todo nivel, artístico, científico, tecnológico y por supuesto popular.
    3. La cultura popular reside en las tradiciones típicas.
    La clase dominante toma el folclore como una cosa simpática pero que no puede mezclarse con las manifestaciones artísticas, esto conlleva a una negación. Galeano pone el ejemplo del Popol Vuh que ha trascendido porque afirma Galeano: “la cultura de la clase dominante, hecha cultura de la sociedad entera, contiene su propia negación. Lleva, en la barriga, los embriones de otra cultura posible que es, a la vez, memoria de una larga alianza acumulada y profecía de una realidad diferente”. (269). El pasado por lo tanto también es una fuente de conocimiento que no solo se aferra a la cultura popular sino que marca la identidad latinoamericana que es ahora exportada. Por lo tanto, no hay que desconocer la historia.
    4. El escritor cumple una misión civilizadora.
    Galeano critica a los intelectuales que creen que la civilización se da por la importación de culturas especialmente las provenientes de las potencias económicas y que lo popular está íntimamente relacionado con lo nacional. Además, que la clase obrera solo debe leer los popular y no tener acceso a los buenos libros literarios. Además, critica la polémica de los intelectuales que se niegan a “bajar” a cierto nivel para comunicarse con las masas y a los buenos samaritanos que se rebajan al nivel para lograrlo. Para Galeano ambos operan desde las cumbres y desprecian lo que ignoran.

    La literatura y toda la expresión del arte debe tener una condición primordial que es la libertad de cómo y cuándo expresarse y la forma de hacerlo, cuando ésta se somete al mecenenazgo de cualquier tipo, pierde su esencia y su carácter creativo.

  19. María Casadiegoel 28 Oct 2009 a las 11:21 pm

    El iletrado, según Rama, en el inicio de la construcción de las ciudades latinoamericanas se encontraba en una clara oposición al mundo de la norma, la oratoria religiosa, el protocolo y la escritura. Esto se debe a que éste representa la informalidad y lo popular, por ende su presencia en la sociedad es una muestra de una libertad, ajena a las leyes, que estaba asociada a la corrupción y al barbarismo.

    Esa división entre lo bárbaro (lo iletrado) y lo civilizado (lo letrado), aunque pareciera inquebrantable, pone en evidencia que el mundo letrado sólo es posible cuando encuentra un antípoda, es decir, lo letrado no podría definirse sino se ubicará en lugar en donde pudiera establecer una frontera con “lo otro”. Pero, ese reconocimiento de que existe “lo otro” es el que permite que, en la medida que se consolidan las ciudades, la frontera entre lo letrado y lo iletrado se fuera permeando, un ejemplo claro, es la apropiación de la música popular como la ranchera o el tango por los grupos de intelectuales o la inclusión de palabras de uso popular en obras literarias.

    De acuerdo a lo anterior, se podría plantear que sólo en apariencia lo iletrado estuvo fuera de los orígenes de las ciudades, de hecho se podría señalar que es sólo gracias a su presencia que los letrados definieron su posición en las ciudades originales.

    Ahora lo que cabría preguntarse es cuál el papel de lo iletrado en las ciudades y cultura posmodernas, de hecho la pregunta más oportuna sería: ¿Se puede hablar hoy de la existencia de lo iletrado?

  20. orlando baronel 29 Oct 2009 a las 1:08 pm

    La ciudad oculta ya no es la del iletrado…

    ¿Medellín o Medallo?, ¿la de comienzos de siglo que no llegaba a 60 mil habitantes o esta, la de ahora, con más de tres millones, repleta de desplazados, marginados, sicarios y paisas y paisitas que nunca le faltan?. A las ciudades siempre les pasa: son dos, una que se quiere mostrar y otra, la fea, la asquerosa, la que se quiere ocultar. A Medellín la han ocultado muchas veces, empezando por esas montañas que se la tragan entre sus pliegues, pero el ocultamiento mayor, el despreciable, lo hacen, como siempre, las autoridades. Hay que ver esa ciudad que mandan imprimir en los afiches oficiales, limpia, hermosa, señorial. La otra, la feita, la peligrosa se la dejan a los rateros, a los atracadores, a esa no le sacan afiches, ni propaganda, ¡qué se jodan!. Pero ahí vive la condenada, altanera como ninguna, pero sobre todo, efervescente, tronadora y muy, muy trasnochadora. Quedan cortas las categorías de Ángel Rama en Medellín, ni ciudad letrada ni ciudad real, aquí lo que se ve es la ciudad babilónica que ha mucho anunciaron las trompetas del apocalipsis. Es lástima que quienes hablan una ciudad no sean quienes la escriben, es lástima y maldad. Uno sabe que en Medellín no se habla español, ni siquiera colombiano, en Medellín-Medellín, o sea, Medallo, se habla es parlache. Y si alguien quiere escribir la novela de Medellín a ese alguien le toca hacer una novela bilingüe. A Fernando Vallejo le tocó hacerlo y hay que ver lo que logró. Ustedes saben en las que se vio cuando escribió La Virgen de los Sicarios. El sólo título, muy nominal como le gusta a los gramáticos que no quieren ser filósofos, el sólo título ya une dos categorías impensables en el vaticano: VIRGEN (del latín virgo porque crece como rama verde) y SICARIO (de la germanía liebre que quiebra otra liebre). La virgen letrada y el sicario real, contraste más bien irreal o surrealista, si todavía hay alguien que piense en esas cosas. Contraste que no se puede explicar desde el lenguaje (es decir, lo letrado), sino desde lo real: hay que ver la mano de sicarios que rondan los martes por Sabaneta… piadosos y devotos, como nunca lo fuera El Lazarillo de Tormes, ese abuelo literario de los sicarios que muchos ni conocen…

  21. Viviana Pongutáel 05 Nov 2009 a las 11:08 pm

    El debate que se ha iniciado en este espacio se ha ido nutriendo de otras lecturas que se han hecho con el paso del tiempo, en este breve texto me intereresa repensar la cuestión de las posibilidades de supervivivencia que encuentra la ciudad letrada desde un panoráma actual, que permite poner en cuestión la frase mencionada en el texto de Tomás Eloy Martínez en boca de uno de sus personajes de La novela de Perón: “el poder ya no lee”.

    Ver como las nuevas dinámicas culturales han insertado otros ejes sociales como la imagen, los mass media, la cyber cultura, realmente reafirman como la cultura letrada está mutando, pasando de ese estato central y preponderante que poseía para entrar a articularse con otros lenguajes como los ya mencionados. Esta variedad textual difumina el poderío hegemónico bien explicado por Rama en su ensayo por parte de la ciudad letrada. El texto como un concepto más amplio ha ensanchado las posibilidades de expresión y comunicación entre los habitantes de la sociedad.

    No obstante, afirmar que la ciudad letrada se verá extinta como resultado de los variados lenguajes que circulan alrededor implicaría de manera fatalista sustituir toda una tradición que ha marcado el desarrollo y construcción de la sociedad por años, este hecho más allá de su tono ortodoxo reconoce la prioridad que la escritura mantiene y además las mutaciones que ha tenido para adaptarse a las nuevas dinámicas culturales.

    Considero que la propuesta sería observar la literatura en una relación de hibridación con todos estos nuevos lenguajes que habitan en la semiosfera artística. Desde la propuesta de Canclini se podría pensar que es posible y es observable ver la hibridación de los lenguajes de manera natural en el interacción cotidiana de las personas, creo que de igual forma se podría proyectar el destino de la ciudad letrada como un espacio que aunque es desplazado no pierde completamente su influencia sino que se mantine en una interacción con los otros lenguajes.

  22. Yanilde orozcoel 09 Nov 2009 a las 10:19 am

    Apropiación de lo popular en la Ciudad letrada

    Ángel Rama afirma en La narrativa de Gabriel García Márquez: edificación de un arte nacional que “Cuando en el año sesenta y siete la publicación de los Cien años de soledad cierra un determinado período de la obra de García Márquez, también corona un proyecto que comienza a esbozarse y a plantear a fines de la década del cuarenta; y ese proyecto(…) es justamente el de representar una literatura nacional y popular” nos está acercando a la idea de plantearse un tipo de literatura que se apropió, no sólo de las costumbres, ideologías, prácticas sociales que habían estado, de alguna manera, olvidadas y que eran propias de la ciudad real que estaba más allá de los muros intelectuales y que ahora venían a convertirse, no sólo en temáticas, sino también en materia prima para la construcción de una novelística que se hacía nacional porque planteaba lo que en realidad somos. Dentro de esta apropiación, se encuentra, por ejemplo, los temas relacionados con costumbres que se volvían verdades para los habitantes de la ciudad real, antes criticadas y en algunos casos menospreciadas, pero que ahora venían a ser elementos que nos caracterizaban a todos. Lo popular visto como costumbres expuestas en la alimentación, expresión verbal, fiestas, formas cotidianas de práctica y cohesión social, se vuelven temáticas que van a dar precisamente ese enfoque de lo que, curiosamente, viene a ser lo nacional, cuando antes eran formas hasta de “barbarie” opuesto a “civilización”, o “cultural” opuesto a “vulgar”. Así, tenemos también que esta apropiación forma parte de todo un programa de inmersión de nuevas creencias a nivel nacional, pues, recordemos que desde la ciudad letrada, se estaba dando también un proyecto nacional de la diversidad que pretendía no sólo recuperar nuestras raíces, sino también, construirnos desde lo que somos. En otras palabras, se acordaron que este país tenía otras formas de ver el mundo, entendieron que aquí la cultura popular, es decir, la cultura de abajo, la ciudad real, los elementos que hacen quienes, aparentemente, desconocen, todos aquellas ideas que se promulgaba en la ciudad letrada, también tenían, construían y constituían al país. Y este discurso sigue presentándose pues aún escuchamos con gran acento que el sancocho, los tejidos, son Patrimonio intangible, es decir, se le han agregado adjetivos a la cultura popular, pero que al fin y al cabo se está diciendo lo mismo: la cultura popular, la cultura de nuestros pueblos tiene valor y ese valor, afortunadamente para muchos, se ha incluido en la literatura.

  23. Marcela Londoñoel 11 Nov 2009 a las 8:13 pm

    Hemos visto que la propuesta de Ángel Rama nos brinda, como lo mencione anteriormente, un panorama de lo que ha sido la evolución de la relación ciudad letrada y ciudad real, donde el “Perverso rol de la palabra escrita que así, en palabras del propio Rama: “… viviría en América como la única válida, en oposición a la palabra hablada que pertenece al reino de lo inseguro y lo precario… La escritura… simulaba la eternidad”. Dicha relación de oposición se da básicamente por la diferencia entre quienes poseen el saber de la escritura y los que no; que se inclinan más hacia el uso de la palabra oral directamente relacionada con la cultura popular, recordemos que también lo plantea Ginzburg, cuando señala que ésta “se define antes que todo por su oposición a la cultura letrada u oficial de las clases dominantes”.

    Teniendo en cuenta lo anterior, vemos que el panorama ha ido cambiando, pues actualmente el acceso a la palabra escrita no pertenece ni se limita a una minoría. De tal manera que la llamada cultura popular ha venido teniendo acceso a aquellos escritos donde incluso se refieren a ella, claro está desde la perspectiva del iletrado, y es que debemos recordar que “cuando la ciudad real cambia, se destruye y se reconstruye sobre nuevas proposiciones, la ciudad letrada encuentra la coyuntura favorable para incorporarla a la escritura”.

    Desde este panorama y retomando un poco la pregunta que propone María Angélica en su comentario sobre si “¿Se puede hablar hoy de la existencia de lo iletrado?”, yo pensaría que en la actualidad las categorías de análisis necesitan un cambio, pues hoy ya no es tan marcada la diferencia entre un sector que usa la palabra escrita y una gran masa que es iletrada, hoy la gran mayoría tienen acceso a la palabra escrita, y sin embargo, sigue existiendo la brecha entre la ciudad real (la popular) y “la otra”.

  24. Lizeth Donoso Herrerael 09 Dic 2009 a las 12:15 pm

    Con respecto a la primera pregunta planteada en el debate, creo que si bien la propuesta de Rama es homogénea, la realidad latinoamericana ha tenido un desarrollo muy similar: todas fuimos naciones dominadas por el poder colonial español y posteriormente tuvimos independencias muy cercanas en el tiempo; las clases altas se conformaron en circunstancias muy parecidas y nuestras realidades en general no son muy lejanas. Estoy de acuerdo con Rama, en el sentido que estas clases dominantes, que conforman las llamadas ‘ciudades letradas’, se han apropiado de la escritura y de los códigos que se derivan de ella como las leyes, la prensa y la literatura para prolongar su dominio sobre las clases subalternas. Es más, el concepto mismo de literatura ha sido mediado por la concepción que ellos han creado de la misma, lo que hace que merezca la pena entrar en el debate planteado por Galeano. Me refiero especialmente a que, aunque para la ciudad letrada la literatura sólo sea el texto publicado en forma de libro, lo cierto es que en la realdad la literatura son aquellos mensajes escritos que integran las culturas y por lo tanto, siguiendo a Galeano, “un artículo, una copla o un guión son también literatura, mediocre o brillante, alienante o liberadora como bueno o malo puede ser al fin y al cabo cualquier libro”. Y esas expresiones que Galeano señala como fruto de la cultura popular, poco a poco han ido ganando espacio en las expresiones literarias –fruto de la ciudad letrada- como la novela. De otro lado, la distinción que hace Rama acerca de la ciudad letrada en oposición a la real, va también muy de la mano con una de las afirmaciones de Galeano en su texto, pues en la mayoría de países latinoamericanos rige un sistema social excluyente, en el que al parecer lo popular no tiene cabida en los medios institucionales o convencionales. Sin embargo, como bien señala Galeano y hemos observado en nuestra experiencia lectora, esa literatura escrita –que surgió en el seno de la ciudad letrada- cada vez da más cuenta de lo popular. Así, aunque se pretenda excluir una cultura de la otra, la verdad es que en tanto seres humanos que componen una sociedad cada vez más globalizada, ese límite se hace cada vez más estrecho y la relación que se establece entre la una y la otra es más bien de carácter circular, como lo afirma Guinzburg.

  25. Jaime Henríquezel 01 Ago 2010 a las 3:15 pm

    El ensayo de Galeano hace que nos volvamos a preguntar por el significado de términos como cultura, tradición, “lo típico”, etc. En efecto, uno de los errores que resalta es el de “creer que la cultura popular está en las tradiciones típicas”. ¿No pudo haber llegado un momento en que la cultura por la que propugnaba la ciudad letrada se haya vuelto cultura popular? ¿No es la virgen de Chiquinquirá (y sus procesiones, fiestas, misas, etc.), por ejemplo, una de las tradiciones más populares de nuestra actualidad? Es innegable que las masas, al recibir estas tradiciones, las transforman, las vuelven suyas, las vuelven “típicas”. Pero lo “típico” no siempre lo fue, y el caso de la virgen de Chiquinquirá es uno de tantos en que se puede apreciar ese paso de un elemento cultural que va de la ciudad letrada a la ciudad real. La pregunta que habría que hacerse es si esto puede considerarse como un “triunfo” de la ciudad letrada (al lograr que un elemento de su cultura se haya vuelto tan popular) o si, por el contrario, la apropiación de las masas de este elemento constituye una derrota implícita de los fines e intenciones de la ciudad letrada.

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