La cibercultura fortalece los procesos democráticos
Por Henry Rubiano Daza
“Internet es mucho más potente que la imprenta, la radio o la televisión, porque permite una comunicación de tipo transversal y una mejor explotación de la memoria colectiva”, destaca en una entrevista publicada por el diario Le Monde el 23 de junio el sociólogo y filósofo tunesino Pierre Lévy.
Y precisamente a eso es lo que le apostamos en este seminario, por ello, si bien es cierto hoy no puedo compartir con ustedes, de cuerpo presente, la construcción y explotación de la memoria colectiva, en torno al tema de ¿Qué entender por cibercultura? el medio, la internet, me da la posibilidad de dejar mi huella o mi modesto aporte, en la construcción del imaginario colectivo frente a este tema trascendental.
Pierre Lévit en los capítulos IV y V del texto Cibercultura teoriza en torno a la interactividad y el ciberespacio o la virtualización de la comunicación. Frente a lo primero destaca que es “la participación activa del beneficiario de una transacción de información”, al tiempo de destacar que la comunicación a través del mundo virtual hoy por hoy se impone toda vez que el receptor quiere ser también protagonista de la información y del proceso de enseñanza. Según su reflexión el grado de interactividad de un medio o de un dispositivo de comunicación puede medirse a través de ejes muy diversos dentro de los que destaca las posibilidades de apropiación y de personalización del mensaje recibido; la reciprocidad de la comunicación; la virtualidad; la implicación y la telepresencia, además señala que la interactividad designa más un problema, la necesidad de un nuevo trabajo de observación, de evaluación y de concepción de los modos de comunicación, que un carácter simple y unívoco atribuible a un sistema o a otro.
Con relación a lo segundo, el ciberespacio o la virtualización de la comunicación, los define como “el espacio de comunicación abierto por la interconexión mundial de los ordenadores y de las memorias informáticas”. Lévit tiene claro que una de las principales funciones del ciberespacio es el acceso a la distancia, a los diversos discursos del ordenador, a la transferencia de ficheros o descargas que consiste en volver a copiar un paquete de información de una memoria digital a otra. Así pues, el ciberespacio se convierte en un medio para contactar personas, ya no en función de un nombre o de su posición geográfica, sino a partir de sus centros de interés. Estas realidades virtuales sirven cada vez más como frecuencias de medios de comunicación que intercomunican a millones de personas.
Aunque Lévy presenta este trabajo mucho tiempo atrás que se hiciera progresivo e intenso el salto generacional de las TIC, sus postulados toman aún más vigencia cuando la interactividad se reduce a dispositivos de bolsillos cada vez más cerca de convertirse en elementos insertos en el cuerpo humano y cuando millones de búsquedas se realizan por las avenidas virtuales de la información, donde se hace más abierto el tema de la libertad de expresión, de decisión, de comunicación.
Al acudir a la Cibercultura se debe obligatoriamente hablar de un ciberespacio, entendido éste, como bien lo señalan diccionarios tecnológicos, como “la geografía virtual creada por computadoras y redes”. Lévy coloca en manifiesto el origen de tan liada palabra en la novela de ficción de William Gibson Neuromante y a la cual define como un espacio de comunicación abierto por la interconexión mundial de los ordenadores y las memorias informáticas, donde se hace posible el acceso, a distancias, de información y que admite que sea visto como el principal canal de comunicación y el primer soporte de la memoria de la humanidad a lo largo del siglo XXI, además porque permite el desarrollo de la comunicación y la creación de comunidades que comunican, comparten y crean nuevas experiencias desde cualquier lugar geográfico de la tierra, hoy por hoy tan real como virtual.
Pierre habla, con respecto a las distancias geográficas y sociales que acorta el ciberespacio, sobre la utilidad de los e-mails y de las tan populares conferencias electrónicas, donde más allá del nombre o la posición social converge el interés por temas que son tratados dentro de las mismas, quizás con las posibilidades de igualdad cuando existen normas previstas para dichas conferencias y donde además los individuos, en comunicación, comparten una especie de espacio virtual de comunicación efímera, en la cual se inventan nuevos estilos de escritura y de interacción.
Propuesta
Más adelante, en los capítulos VI y VII, Lévit discurre sobre la nueva cultura digital y trata de abordarla de una manera abierta, inteligente y profunda esta temática.
El filósofo y sociólogo hace referencias sobre el ciberespacio, sosteniendo que cuán más amplio más se convierte en ‘universal’ y menos totalizador se vuelve el mundo informacional, caótico por su naturaleza compleja, pero que por su concepción de universalidad está desprovisto de su significación central a lo que él textualmente llama “lo universal sin totalidad” es decir, un sistema cuasi-social en el que tiene cabida todo tipo de conocimiento, pero que no se impone bajo ningún criterio.
Acerca de esa universalidad “porque es indisociable de la idea de la humanidad” y a la sistematicidad, el ciberespacio se constituye en una infraestructura de comunicación y de coordinación de grandes sistemas técnicos, que como medio de comunicación tienden hacia la interconexión general de las informaciones, de las máquinas y de los hombres y retomando el legado de McLuhan sobre el medio de comunicación es el mensaje, Pierre referencia este medio cuyo mensaje claro es lo universal.
De otra parte, Lévy habla sobre uno de los problemas que se le achacan a Internet (que vale como ejemplo perfecto del desarrollo de la nueva sociedad digital): el afán totalizador, concibiendo la totalización como operador de la significación, reducir a un denominador lo cual provoca el acceso a un caudal de información tan vasto como inmanejable. Tomando como analogía los clásicos medios de comunicación de masas —en especial la televisión—, nos muestra cómo los canales clásicos han conseguido imponer un mensaje único (emitido o promovido por una serie de poderes) a una gran mayoría de receptores (televidentes, en este caso) pasivos, que son, de este modo, unificados en una totalidad globalizadora que unifica criterios en razón de los intereses de unos pocos, sosteniendo además que la participación en este espacio es un derecho.
“Al fin y al cabo, la cibercultura da forma a una nueva especie de universal: lo universal sin totalidad. Y, repitámoslo, se trata de lo universal, acompañado de todas las resonancias que se quiera con la filosofía de las luces, porque mantiene una profunda relación con la idea de humanidad. En efecto, el ciberespacio no genera una cultura de lo universal, si no que su forma y su forma implican de derecho el conjunto de los seres humanos” (Lévy. Pág 92-93).
De hecho, cuanto más universal se vuelve ese medio, cuantas más aportaciones heterogéneas recibe, menos totalizador resulta, ya que es imposible circunscribir las áreas de debate o conocimiento a un campo concreto; frente a los medios tradicionales, que acotan la información y la parcelan, tratando así de restringir los datos, el ciberespacio es cada vez más abierto, más libre y queda lejos de la constreñida forma de enfocar la realidad de la televisión, por ejemplo.
En este aspecto es importante mencionar que cada conexión suplementaria añade a la heterogeneidad, nuevas fuentes de información es menos global, difícil de controlar, cerrar y dominar.
Ese universal que representa la cibercultura propicia la creación de una “inteligencia colectiva”’: una comunidad de usuarios que no solamente se dedican a recopilar información, sino que construyen, crean, comparten, opinan, debaten, sugieren… formando así el universo cibercultura que hoy por hoy conocemos. Obviamente, el funcionamiento ideal de este sistema —con afán colaborativo y no especulativo— queda lejos de la realidad, pero Lévy insiste en el hecho de que la sociedad digital, con sus más y sus menos, es emprendedora y armoniosa. El movimiento social que la hizo surgir y que ha ido creciendo paulatinamente con ella la ha convertido en una sociedad que tiende hacia una igualdad nunca antes soñada, una sociedad más participativa, informada y colaborativa.
No hay que olvidar que tres principios han orientado el crecimiento inicial del ciberespacio: la interconexión, la creación de comunidades virtuales y la inteligencia colectiva. Así pues la interconexión es el origen y razón de existir del ciberespacio, no en vano Lévit cita a Christian Huiteman quien precisa que el horizonte técnico del movimiento de la cibercultura es la comunicación universal: cada ordenador del planeta, cada aparato, cada máquina, desde el coche a la tostadora de pan debe tener una dirección ha internet.
Finalmente es significativo destacar que el ciberespepacio y en él la interconectividad, permiten a las comunidades consolidarse socialmente, toda vez que exploran nuevas formas de opinión pública y de paso fortalecen los procesos democráticos, cómo lo hizo en su momento la imprenta, la radio y la televisión. “La comunidad virtual no es irreal, imaginaria o ilusoria, se trata de un colectivo más o menos permanente que se organiza por medio del nuevo correo electrónico mundial”. (Lévit. 2002 Pág 102-103).
Así pues queda en la mesa de trabajo de este seminario quedan algunos conceptos bases para disertar sobre el tema de esta sesión ¿Qué entender por cibercultura?
Referencias bibliográficas
LÉVIT, Pierre. Cibercultura. La cultura de la sociedad digital. Barcelona/ México DF: Antropos / Universidad Iberoamericana.
LÉVIT, Pierre. “La inteligencia colectiva, nuestra más grande riqueza”. Entrevista. Diario Le Monde. 23 de junio de 2009.
http://sociologiac.net/2007/07/19/pierre-levy-la-inteligencia-colectiva-nuestra-mas-grande-riqueza/
Tags: cibercultura, democracia, internet
Septiembre 30th, 2009 at 12:22 pm
Para seguir comentando el tema, sugiero ingresar a esta entrada a mi blog “El arte de la cibercultura”, donde trabajo el tema de Lévy: El programa de la cibercultura. Allí está el vídeo de Levy sobre la metáfora del “Arca de Noé”
En esta otra entrada está el vídeo de martín Barbero donde se habla sobre la “aleación” cerebro-información y sobre la circulación de saberes en Internet
De otro lado, esta entrada lleva a la reflexión sobre subjetividad y poder en la cibercultura
Finalmente, me parece clave relativizar el uso “publicitario” de “lo virtual”, y nada mejor para ello que la visión del propio Serres en “Enseñanza”, donde se muestra que lo virtual tiene también una historia de “larga duración” y, sobre todo la reflexión filosófica de Pierre Lévy en su libro ¿Qué es lo virtual? (capitulo 9: El qudrivium ontológico, págs 108 a 115)