Ago 05

DOS, TRES BAILARINAS de ballet se han posado en la palma de mi mano. Cayeron a mi vaso lleno de pisco acholado. No bailan, sólo bucean y me miran como yo las miro. Ellas, desde su piscina, me hacen muecas, las dos o tres niñas parecen pescaditos de colores. Yo rasgo mi vaso con los dedos, es improbable que las alcance antes que me enseñen los dientes y se beban todo el pisco por mí. // Estoy en la reunión de Gabriel, en su despedida, y lo que me propongo aquí es hacer mi versión de los hechos. No es de dominio público que Gabriel es el amigo más antiguo que recuerdo haber tenido desde que llegué al barrio Osores, y por eso les contaré. // Él y yo, de pequeños, no nos dejábamos llevar por la corriente pues mientras todos jugaban fútbol, nosotros cultivábamos el impopular arte de la bicicleta, los patines y la búsqueda de escarabajos en la tierra para darle de comer a nuestros pollos. // Mi barrio está dividido en tres parques: el parque Ruidiaz, el parque Burgos y mi parque, el Osores. Históricamente, los muchachos de estos parques se juntan a practicar deportes de contacto (fútbol, tumbaditas, etc.), mientras Gabriel y yo íbamos al mercado a buscar maíz para darle de comer a nuestros pollos. Muchos nos veían como locos, y eso le daba a nuestras caminatas un sentido, un sabor independiente. // Yo crié dos pollos cuando tenía 9 años, uno se murió de frío, era débil, y el otro quedó vivo un tiempo más: “Pillín Super Saiyán Cuatro”, ese era su nombre completo. Simplemente Pillín, un pollo dálmata (por su plumaje blanco y negro), avispado y valiente. Gabriel, de mayor poder adquisitivo, tuvo cinco pollos rubios que se le fueron muriendo, unos ahogados en la piscina, otros devorados por perros y otros de formas aun no esclarecidas. // Me daba un poco de pica que a su único pollo sobreviviente le haya puesto como al mío: “Pillín” (no le puso apellidos). Lo acusé de no tener imaginación por darle el nombre de mi pollo al suyo. Pero ahora comprendo que ese detalle me recordará lo unidos que fuimos en algún pasaje de nuestra infancia, cuando nos divertíamos juntos, a contracorriente de los demás o sin necesidad de ellos. Me da pena y rabia que ahora se vaya a Argentina. // Si algo me queda claro, es que el barrio nunca se olvida. Es el primer invento compartido del que tengo registro. Es el lugar donde el camino empieza y por eso tiene un valor genuino y singular, no calculable. Puedo irme cien veces y las cientoún veces que regrese tengo la seguridad que seré bienvenido, no por haber hecho necesariamente bien las cosas, sino porque le vi las caras a todos cuando éramos unos chiquillos inexpertos, inocentes, de alguna manera éramos todos iguales: igual de sucios, igual de jodidos, igual de pingones. Que luego tomáramos caminos distintos o veamos la vida desde otros ángulos, no quita ese carácter cómplice y primigenio con el que nos reunimos ciertas noches a tomar unas cervezas y somos los borrachos de siempre. // Pero lo que desea Gabriel es vivir en el país, a su entender, más liberal de Sudamérica, más que encontrarse con su familia materna que vive en Misiones. La liberalización de las bodas gay lo seduce demasiado, la posibilidad de que no le nieguen la unión civil con Julián, el novio argentino del que se separó hace dos años, lo ilusiona. // Planea asentarse un tiempo con su familia materna en esa ciudad de la selva baja argentina y luego irse a vivir a Buenos Aires donde, nadie dijo que la vida fuera fácil, intentará reconquistar a Julián y yo creo que no le costará trabajo. // Sin embargo se ha trazado un tiempo razonable, “si antes de volver con Julián, legalizan las bodas gay en Perú, juro que me vuelvo y me caso con Ricardo”, dice Gabriel. Esto sigue mi idea de que los gays son un grupo de gente muy promiscua. Tal vez sea cuadriculado, pero mi teoría es que siendo ellos una minoría, habiendo tan poco material disponible, se enamoran con mayor facilidad de los sodomitas que encuentran a su alrededor (y que les costó trabajo hallar). Eso explica la alta tasa de infidelidad (y enfermedades derivadas) existente entre ellos. // “Al ser pocos, o estar escondidos, elevan su cotización”, explicó una vez Gabriel, haciendo gala de sus conocimientos económicos, carrera que dicho sea de paso dejó a medias por volar a Misiones, con la puta misión, sospecho, de emperejilarse muchos argentinos antes de volver con el buenosairino de sus sueños. // Pero, claro, mundo que no está pintado de un solo color, Gabriel no ha descuidado su gris condición masculina los últimos meses ya que folló inconteniblemente con la poco agraciada Almendra…._______________Pueden ver la segunda parte en el siguiente link: http://achoteadasaprendi.blogspot.com/2010/07/no-te-vayas.html_______________

Jul 24

 

Salimos del bar, ya era de madrugada, demasiado tarde y ninguno había pedido permiso en casa. Volvimos dormidos en el micro de regreso. Bajamos donde todo empezó, en aquella Iglesia de murciélagos y caminamos hasta su casa. Como era muy tarde y no sabía qué excusa decirle a sus viejos, me dijo que me llevara su bolso y ella diría en casa que se lo robaron.

Malo, desconfíe de su propuesta. A cambio fuimos donde el guachimán de su cuadra para que le guarde el bolso. El tipo aceptó y ahora faltaba lo más difícil: que Felicia adquiera el aspecto de una recién asaltada. La muchacha era una calculadora precoz, las ideas le salían de un tiro. Se acercó a un jardín, se ensució las ropas con tierra y, al verme atónito mirándola, me dijo “¡que esperas, ayúdame!”. Gozoso, acudí a su auxilio y la embadurné en tierra a la vez que una mirada diabólica se apoderaba de mí.

Luego me dijo que la golpeara, “así suave nomás, jálame del antebrazo, hazme moretones”, pues planeaba denunciar un robo de su cartera en la comisaría de su cuadra. Le dije que estaba loca, que no le crerían, y por mis pocos conocimientos del derecho penal, le dije que podía ir a la cárcel por eso. Ella, abogada redomada, me mandó a rodar con un “tú que sabes de derecho penal oye, no pasa nada”. Entonces yo, realizado, la jaloneaba, empujaba y llenaba de puñetes suaves en su vientre, sin culpas.

Si ella lo pedía, pues algún dios travieso me había puesto allí para que la abolle en pro de evitar el castigo más severo que sus padres le impondrían. Nos acercamos tanto que quise violentarla con mis besos, lo que pude a medias pues retiró el rostro y, sin molestarse, tomándoselo a broma, me pidió que continuara “con golpes nomás, por favor”.

Era inevitable combinar mis golpes con mis besos, Felicia me enseñaba que el sexo era violencia, bestialidad y locura. Desmontó de mí el animal moribundo de amor que llevo dentro. La lujuria le llegaba a los talones a esta mujer maravillosa con la que, apuesto, volveré a encontrarme en otra vida más licenciosa, en algún país lleno de espías y atacado incesantemente por el invierno.

Al final, ingresó a la comisaría sola. Ignoro lo que pasó allí adentro. No quise acompañarla a testificar un crimen que no había ocurrido. Probablemente hubiera declarado: “el crimen que cometió esta chica fue conocerme, señores policías, ¡aprésenme!”.

A la mañana siguiente, Felicia me contó que conoció al amor de su vida en esa comisaría. Que horas antes había llegado un chico dueño de un Internet a denunciar el robo de sus computadoras. Habían conversado esa madrugada que la dejé y quedaron en salir.

Para mí era todo muy insólito, no le creí hasta que publicó fotos en su Facebook con un tipo de lentes de colores y camisas huachafas de marinero. Probablemente estén juntos mucho tiempo, pero si el tipo no la persigue en sus gustos y locuras, la perderá.-PUEDES LEER LA VERSIÓN COMPLETA DEL POST EN EL LINK: http://achoteadasaprendi.blogspot.com/2010/07/la-noche-de-los-tragos-cortos_19.html .Puedes comentar allí también.

Jul 06

NUNCA CAMINÓ más allá de mil metros de su casa para ir a las clases del San Benito de Palermo, en la Magdalena Vieja. Y la mitad de veces no caminó menos de trescientos metros, había memorizado las distancias. Desarrolló cierta estima hacia sus pies (que en los años de la universidad una chica apellidaría como “izquierdos”), no necesariamente acercándose a la higiene, esa cosa accesoria y difícil, pensaba. Le tenía cariño a sus pantorrillas, que aunque flacas, eran vitales en, por ejemplo, montar la bicicleta o cuando empezó a jugar fútbol.Presentía que nunca le iban a fallar cuando practicaba una de esas tantas artes infantiles como los patines en línea; las correteadas cuando jugaba a “las escondidas”, “los siete pecados” o “los policías”; las lluviosas tarde-noches de pelota; las expediciones hasta Chorrillos subido en la bici, a otra velocidad. Cada vez que exigía sus piernas ellas respondían, se hacían presentes para cansarse, agotarse o estirarse.La primera vez que tomó conciencia de sus piernas flacuchas fue aquella vez frente al portón del Nido, escenario perfecto para usar de arco. Las dos rectangulares barreras de concreto que el Nido había mandado construir para que los autos no cuadraran eran los mástiles verticales del arco imaginario. Y ya el límite horizontal había que imaginarlo a la altura de la rodilla, de ahí para abajo era gol, decían sus amigos. A la altura de la rodilla.Mete gol tapa, era el juego. Aunque qué raro que siempre tape yo, pensaba. Y si siempre tapo no meteré gol, continuaba pensando. Los tiros iban y él devolvía con los puños seguros. Envenenado por ciertos programas deportivos de la noche, o porque por esas épocas se jugaba el Mundial, quiso emular a los guardametas de los países de la tele y se lanzó en busca del balón que iba a altura media y con destino esquinado. Era a mano cambiada o no llegaba, pero cerró los ojos y, tal vez por eso, pudo manotearla y salvar su valla.Mientras los lanzadores gritaban uff, él empezó el descenso glorioso (que, sobrado, iba para portada deportiva de día Lunes). Rápidamente llegó a la pista de irregular superficie (como cualquier pista en Lima), cometió el error de poner las rodillas cuando pudo haber repartido en todo su cuerpo el dolor.Una astilla de botella, o algo así, le dio la bienvenida al suelo. A pesar del dolor, se hizo el fuerte y pudo llegar cojeando a sentarse en la vereda del frente. Sabía que sus piernas nunca le fallarían, no lo olvidaba. Un hilillo de sangre se abrió cauce entre sus pocos bellos, fluía anchándose. No paraba de brotar ese liquido que tampoco tardaba en volverse espeso. Le preocupaba y le sorprendía: lo primero porque el alcohol luego dolería hasta el infinito y lo segundo porque le recordaba que dentro de él algo se movía, a velocidades que el no imaginaba y que, al menos hasta viejo, no se detendría. Eso lo fascinaba, saber de qué estaba hecho, qué llevaba dentro y cuán diferente era lo de dentro de lo de fuera.Claro que él no sabía que lo de adentro fuera diferente a lo de afuera: no sabía, hasta que lo vio, que dentro de él también había vida, vitalidad al rojo vivo. Lo que le mostraban sus ojos cada mañana al despertar no era toda la verdad. Recién lo descubriría en esos años primariosos de desmedida participación en los bailes y danzas que su colegio San Benito organizaba cada fin de bimestre, que coincidía siempre con una efeméride importante del año.Valgan verdades, si tu vieja no hubiera estado allí, detrás, hincando para que bailaras tú no te hubieras metido a nada, así que no te las des de bailador, le dije yo alguna vez. Y era verdad, ¿o acaso no querías agradar a tu profesora?, le preguntaba más. Si morías por ver a tu profesora moviendo las caderas al ritmo de esa marinera norteña y practicar a veces unos pasos con ella: los pasos de la sonrisa. Es el único baile que recuerdas con cariño, si hasta te tomaste fotos con tus amigos debajo de sus blancos ponchos de lino, le seguía recordando yo.Pero fue hasta esos años de secundaria temprana, ahora en otro colegio, cuando descubrió que él no estaba hecho para el movimiento epiléptico de los bailes de la Sierra, o para las órbitas incansables detrás de una dama que los festejos proponían. Fue la profesora de baile que le enseñaba una danza arequipeña donde los varones se travestían de mujeres para poder entrar a sus dominios y luego raptarlas. Fue ella quien le dijo que no servía para los bailes por sus reacciones lentas, atrofiadas y contrahechas. Que un día de estos se iba a caer, que debía levantar más la cabeza y abrazar con más naturalidad y cuidado a las chicas.Él la miró fijamente, encerró el odio dentro de sus pupilas, no le dijo nada y continuó bailando con su pareja, su buena amiga Sandra que no lo iba a juzgar. Terminó esa pequeña temporada de prácticas y entrenamientos a contra reloj.El día de la presentación no acudió para sorpresa de su madre que lo alistó desde temprano, para lamentos de su tutora que ya tenía su veinte reservado y para sollozos irreversibles de su pareja Sandra. A veces la cólera puede más y, como una ola despiadada, debe arrastrar a otras personas consigo.Él, sentado frente al mar, no quiso volver a bailar nunca más. Por eso ahora escribe sobre los bailes (dificultades y contrariedades) de los demás: se divierte rabiosamente al hacerlo.Pando, agosto 2009..SI DESEAS COMENTAR LA ENTRADA, PUEDES HACERLO ENTRANDO AQUÍhttp://achoteadasaprendi.blogspot.com/2010/07/cuando-te-fallaron.html

Jun 22

_______________________Bajamos en el Óvalo Gutiérrez, donde están algunos de los supermercados y librerías que frecuento para sentirme o muy intelectual o muy cliché o las dos cosas juntas, pero que S no conocía mucho, salvo porque una vez llevó unos zapatos muy de marca a venderlos donde esos regateros que se posan como buitres en la Comandante Espinar.–Yo vendí mi polera Quiksilver blanquita, bonita, traída de los yunaites que casi ni usé ––le conté––.–¿Y cuánto te dieron?–Diez lucas.–Qué tonto, ¿tan poquito?–Sí, el tipo vio que la capucha estaba percudida y no me quiso dar más, apenas tenía dos lavadas.–Monce, el negocio está en la venta de zapatos.–¿Ah sí?–Una vez traje los zapatos de mi hermana, pagaban bien.–Buen dato, la próxima traeré mis chimpunes.–Pucha, el Friday´s me dio hambre, aquí fue el ampay de Paolo Guerrero.–Ja ja ja, pensé que no te gustaba el fútbol.–Chismes son chismes.–Me acabo de acordar de tu choteada futbolística del año pasado–¿Cuál?–Te quise invitar al clásico y…–… Ahhh, sí, es que mucha violencia, nos pueden matar.–Sí, pues ¿no? y después contenta fuiste con ese “tu amigo” del palco.–Ja ja jaaa ––vira la mirada, señala el camino oscuro por donde la llevaba y pregunta–– ¿Vamos a caminar todo eso?–Sí, al final de Angamos está el Parque del Dragón. Ahí volaremos.En ese momento, suena su celular. Del otro lado, la vieja amiga Carmina la saluda anticipadamente por su cumpleaños y le pregunta dónde hará su fiesta. Ella, muy subterránea, le dice que irá a Tizón, un bar barranquillero.S me cuenta que pronto abrirá un blog. No me sorprende, en algunas pesquisas que hago de su Facebook, ella y Rozzenda, otra amiga en común, comenta y hablan de su nueva bitácora. Incluso me siento aludido cuando entre broma y broma utilizan la muy argentina interjección “eh”, que suelo usar en mis conversas con Teniboy, pero tal vez sólo son ideas mías. Yo no soy el dueño del “eh” y sigo pasando revista a sus fotos, donde exhibe su belleza de actriz de cine independiente que mata lentamente.Nunca recomiendo a nadie que abra un blog, es más, siempre quise ver la muerte de todos los blogueros, pero desde esta tumba donde un bloguero monce me tiene secuestrado será imposible estar presente tal día. S dice que lo usaría para publicar las cosas (locas) que le pasan por la cabeza, que quiere explorar al límite sus ensoñaciones de mediodía y que culturizará a sus lectores a diferencia de lo que hago yo, y en esto ella puso preocupante énfasis.Pero a mí me intranquiliza pensar que contará las aventuras superbohemias con sus amantes del pasado (o presentes, quién sabe) y que yo las leeré religiosamente en un disforzado acto por destruirme con cada letra vertida. Golpeará mi orgullo machista descubrir que no fui el único y, mucho menos, el mejor de sus amantes.De esas ideas blogalácticas, sólo me queda echarle la culpa a Rozzenda, ella es la mala semilla. Según S, Rozzenda cree que un blog es como tener un currículum vivo y virtual. Que si quieren trabajar en Comunicaciones deben tener un blog de buen diseño y contenido que las empresas rastrearán antes de contratarlas. Me da risa, pero si quiero boicotear su futuro blog, lo haré desde esta bitácora. Si así no lo hiciere, que la patria y los lectores os me lo demanden.–Está mal, yo no nací a las doce de la noche, esa hora no tiene sentido para mí.–Pero es simbólica, es la convención que todos usan para saludarte.–No aceptaré esos saludos, yo no nací a esa hora.–Nadie nace a las doce pues, tú debes haber nacido a la una.–Aaaah, (carita de sorpresa), ¿cómo sabes?– (Carita de yo-lo-sé-todo y cachetes de mentiroso) Ejem, ejem. Aparte, tú naciste nueve meses antes. Uno debería contar su edad y sumarle nueve meses, que es cuando fue concebido.–No pero ¿y los sietemesinos? se van a sentir discriminados.–Que se jodan. Los viejos deberían declarar nuestro nacimiento el día que nos fabricaron, no lo hacen por roche.–Al menos que lo hagan los que están en contra del aborto, si tanto dicen que la vida empieza en la panza ¿no?Sin darnos cuenta, aparece bajo nuestras narices el Parque del Dragón. No es muy original mi elección: es un parque de juegos donde ocasionalmente aterrizo cuando quiero divertirme con mi hermana menor. “Siempre vengo aquí con Luciana”, le digo. “¿Y quién es Luciana?”, pregunta S, con voz de curiosa celosa. “Mi hermana, la menor, ¿no la recuerdas?”, sentencio. –Ese es el Dragón ––le digo a S, señalando el tobogán principal de ese parque––.–No veo, pensé que era una escultura.–Ja ja, pero está cerrado, lo cierran en las noches para que los drogos miraflorinos no vengan a dormir seguro.–En ese tobogán entran varios ah.–Y yo que quería resbalarme un rato.–¿A dónde vamos?Bajamos hasta el mirador. El paisaje del mar a esa hora era de un oscuro imponente, alumbrado por las olas que se extienden cual larvas de espuma y los faros de los autos que asemejan el avance de miles de luciérnagas amarillas en fila india.–Siéntate.–Hace un fríiiiio de mierrrrrda ––tirita S––.–Aguanta, S, todo sea por volar.–A ver, prende el huirito ese.–Vale, esta vez no olvidé comprar el encende-prende.–¡Ahla, mierda, se ve pasadazo! ––dijo S, apenas saqué el cáñamo de la cajetilla reciclada de Lucky-Strike––.–Ja ja, no te quejes, mi amigo se cansó de fumar solo y me lo vendió barato ––chuik, chuik, y el porro encendió––.–¡Como sea, un porro vencido no nos vencerá!_____________________________________LEE LA CONTINUACIÓN ENA CHOTEADAS APRENDÍ: COMPAÑERA DE HUMOS (FULL VERSION)______http://achoteadasaprendi.blogspot.com/2010/06/companera-de-humos.html

Jun 06

ELLA JALA MIS CABELLOS. Tengo atadas las manos y deliro. Tenemos un contrato, yo he pagado por ello: no me moveré y dejaré que ella haga lo que quiera desde mi cabeza hasta las puntas. Los espejos ayudan a mirarnos secretamente. Me rodea, da vueltas, quiere trasquilarme con sus manos legendarias. Se llama Steffany y es mi nueva peluquera. Teni me la ha presentado y no se ha equivocado, sus manos son el sexo mismo.Steffany me presta ese pasquín llamado “El Chino” para que no me aburra. Yo lo abro para hacer un análisis rápido y sociológico sobre las notas políticas en ese diario chicha. Puede ser un tema para mi tesis, pienso. Caigo en una de esas secciones grises del diario: el horóscopo. Trato de pasar la página, pero ver mi signo resaltado en negrita hace que me detenga a leer las palabras con que la bruja del diario delinea mi futuro. [ “Géminis: Te reencontrarás con un amor del pasado. Tu número para hoy es el 3.” ]Cierro el diario y pienso que el único amor del pasado que me gustaría reencontrar, al salir de esa peluquería unisex, sería a S. Resigno esa posibilidad cósmica pues lo que pasó con S no califica como “amor” (pero sí como “pasado”). Tal vez los arcanos me tengan preparada la sorpresa del reencuentro de alguna otra chica con la que viví una historia mínima, no sé, una chica fácil, que sepa a lo que vaya y no quiera compromisos conmigo, pienso. Sonrío y digo “claro, eso me quiere decir este tabloide”.Lentamente, el día termina, la noche también y las predicciones no resultan acertadas.Esa madrugada, como siempre, entro al Messenger. S está conectada después de mucho. No le gusta ese chat, me dice. Le cuento, exagerando un poco, que me han rapado. Me pide una foto en el acto, “ray nau”, como ella dice pues no puede creerlo. Yo le digo que imposible, que aun no me acostumbro a mi look. Entonces me pide usar la cámara web. Yo cedo y le digo “ya, pero cinco segundos nomás que me da roche pues S, comprende”. Ella se ríe de mi inseguridad. Me conecto y se recontracaga de la risa. Hace que extrañe mis rulos.Me dice que el corte está sexy (y la amo entre paréntesis por eso). Le pido que conecte su cámara, hace tiempo que no la veo, y es sólo para comprobar que sigue muy linda, en pijamas y con sueño, con la mirada desorbitada, ida, despreocupada, es linda y no tiene remedio, lo será siempre, su belleza sobrevivirá a mi cariño. Es la verdad más grande que una fría cámara web me ha transmitido: S es la chica que me va a destruir y yo feliz.(…)PUEDEN LEER LA HISTORIA COMPLETA EN ESTE LINK: A CHOTEADAS APRENDÍ: LA AMIGA QUE NO PERDÍ(versión completa).

May 23

Para: LucíaAsunto: SilencioFecha: 14/04/2010  09:41 PMMI ESTIMADA,parece que nunca me vas a explicar porqué dejaste de hablarme repentinamente. No es justo. No entiendo cómo paso a tu lado y me da vergüenza mirarte a la cara, darte los ojos y decirte “hola Lucía”, aunque sepa que seguramente ni me mirarás y seguirás de largo o, si algo dices, será un inapelable PIÉRDETE, IMBÉCIL, ensalzado por tu labia poderosa.Siento que hice mal. En serio, o de repente has hecho que me sienta mal sin ninguna razón. Sabes que eres más fuerte que yo y te aprovechas de eso. Sabes que yo siempre estaré detrás de ti porque fuiste, a pesar de todos tus desplantes, y tu gusto por la cumbia villera, una buena amiga y confidente.Me escuchaste todas esas noches que te contaba de ya-sabes-quién. Y te escuché o te leí por Messenger cuando me contabas de ya-sabes-quién.No te va a interesar pero este verano estuve relativamente feliz porque por fin mi chica de Letras me dijo que me quería. Lástima que no prosperó, ahora eso está en stand-by (prometo no volver a usar el inglés que tanto te harta en mí). A veces me da miedo invitarla a salir, hace unas semanas lo hice y nunca apareció. Cansado, me senté a esperarla, mi imaginación caminó y terminé odiándola un poquito.A ti te he visto con ya-sabes-quién y varias veces eh. Creo que volvieron a ser amigos ¿no? Me pongo feliz por ti. Siempre admitiendo mis celos mínimos: de amigo, de chico fácil.Si me siento a escribirte esto es porque me jode cruzarme contigo y que tratemos con poca astucia de ignorarnos. Me resulta injusto pasar a tu lado y no saludarte, teniendo una suerte de pasado juntos.Cómo aquella vez en la facultad de Sociales que me viste con unos libros en la mano. Estaba esperando a mi amigo Melón que ya salía y tú pasaste. Pocos metros antes me viste (siempre serás una cegatona) pero pasaste rauda y lanzaste una mirada que solo las arianas enfurecidas saben usar para demostrarme que yo, hombre tonto, era el culpable. Lo sé, pues Luciana, mi hermana menor, también ariana, me regala esos mohines con frecuencia cuando la molesto.O aquella noche en uno de los huariques al frente de la Universidad. Llegué con unos amigos del primer ciclo de periodismo. Mientras estuve sobrio no intenté acercarme, pero la cerveza y los amigos me bancaron y fui por ti. Quise tomarte del brazo para sacarte a la fuerza a bailar, tú supiste zafarte. Con la elocuencia de tus brazos agitándose y el grito desaforado que diste para que llegara ese amigo gigante. Sólo me quedó actuar como borracho triste para no ser golpeado por él.En esas dos circunstancias, entre otras, me he sentido impotente, atado de manos, inoperante, diría hasta frustrado. Sin embargo, Lucía, sé que puedo aceptar que no me hables nunca más, si quieres separarte tanto de mí, tal vez tengas razón y no vamos a compartir el destino (digo, como amigos). En ese caso, no me revelaré ante nada ni nadie, y tal vez no arreglemos nada con este mail –mucho menos descubriremos algo– pero al menos cuéntame qué te molestó de mí, ¿en qué momento te hice daño?Aunque tú decías que mis actitudes no te afectaban, y me lo dijiste siempre en mi cara pelada, a veces fuiste injusta en tu trato, curiosamente porque creo, sin ufanarme de nada, que sí te importaba lo que me pasaba, pero nunca quisiste afirmarlo y te entiendo. A mí, tu desdén me importó un rábano. Contigo nunca quise tener orgullo. No me nacía, tal vez no lo necesitaba para ser tu amigo.Hasta que llega el momento que uno se agota. Y creo que esta es la verdadera razón por la que te separaste voluntariamente de mis estupideces. Creo que a veces te asfixié mucho y te saqué de quicio. Ese fue mi error. Pero no debiste ser malvada, buscaba que me comprendas como yo creía hacerlo contigo. Por eso creo que nuestra relación nunca fue equitativa en términos de preocupación.Aun pensando eso, jamás podré olvidar a ti y a tu ya-sabes-quién yendo a despedirme en la Biblioteca. Y peor todavía, no podré olvidar cuando yo estaba en la cola del aeropuerto, antes de registrar mis maletas para volar a Nueva York, y tú me llamaste Lucía, me llamaste. En ese momento, mis palabras no expresaron la gratitud que conservo desde que me despedí y te colgué. Tal vez porque fuiste la única que me llamó ese día, dulce y a la vez amargo. Ni siquiera me llamó ya-sabes-quién, bueno no la culpo tampoco.Si te escribo esto es para que me respondas por escrito. Por aquí también si quieres. Me has borrado de todas tus redes sociales y este era el único camino que me quedaba. No tomaré lo que me escribas, sea lo que sea, como una muestra de interés de tu parte, sé que eso no te va a gustar.Sea lo que sea, lo tomaré como algo definitivo. Si quieres expectorarme de tu vida como si fuera una flema molestosa, dime el motivo de una buena vez, no quiero irme a la tumba (que será pronto) sin entenderlo.Si quieres y crees que podemos ser amigos de vuelta, dímelo también por acá, por favor. Ahora, cuando volvamos a la realidad no te preocupes, no dejaré que hagas nada, yo me acercaré solito y si quieres me puedes regañar, lo que quieras. Pero antes de acercarme necesito que me digas si vas a continuar siendo la misma Lucía fría, distante e indolora conmigo.Tu indiferencia me mata.Siempre tuyo,r.pD. Mis más fuertes abrazos, Lucía del Perú Profundo y la poca vergüenza.________________________ Pueden ver el post completo y comentar siguiendo este link: A Choteadas Aprendí: Para terminar una batalla________________________

May 18

(Cuentos crudos y pequeños, para expiar las culpas del narrador) 

 

 

La abogada

Yo hacía encuestas en la Universidad. Felizmente, me pagaban por eso, aunque me pagaban poco. No era el único, muchos otros estudiantes desempleados, como yo, paseaban por todas las aulas que pudieran para encuestar a los alumnos desprevenidos. Más aulas, más sueldo.

Fue donde conocí a Jerónima, futura abogada de ciclos avanzados. Recuerdo que ella quería conmigo. No tenía los ovarios suficientes para encararme y decírmelo, bueno, tampoco las cosas funcionan así (pero serían mejor así). Yo era un chico silente y ella me habló. No estaba muy interesado en ella así que no hice nada, sólo me regodeaba con sus escandalosas muestras de afecto.

Por ejemplo, ¿cuál era la necesidad, Jerónima, si me estás leyendo, de que me agarres las manos mientras me comentabas que los del salón H-201 fueron muy colaborativos con la encuesta? O qué culpa tenían mis pequeños rulos que acariciabas mientras me contabas que los chicos del H-407 no se habían robado ninguno de tus lápices. Tampoco hacía tanto frío en el ascensor del pabellón Z para que te pegaras tanto a mí, considerando que el ascensor estaba lleno y yo hincándote las espaldas.

Esas y las veces que me traías galleta o hablábamos de lo más animados en la carpeta que nos asignaban para corregir los errores de los alumnos en las encuestas, esas pequeñas insinuaciones hicieron que al ciclo siguiente te buscara sin complejos ni impedimentos para agarrar un rato escondidos en el juguetito que papá me había prestado.

Primera semana de clases, quedamos en que yo la llamaría, la esperaba en el estacionamiento, conversaríamos. Sí, como no.

Llegó con su bolso rojo. Sentados atrás. Soy un puto pudoroso, por eso hablamos un rato. Dijo que se iba, que tenía que hacer. Nos despedimos, la jaloneé, me besuqueó la boca y el mentón a la vez. Se despojó de los lentes que chocaban mis cachetes. Yo bajaba y ella me subía. Y si subía mucho, tenía que bajar. Primera, segunda, tercera, cuarta, quinta y ya era suficiente. Nos peinamos y salimos, la acompañé a su clase. Quiso darme un beso de despedida pero eso no se hace, amiga.

Seguro se fue molesta por eso, a los días se le pasaría. No la conocía bien pero estaba seguro de eso. A los dos días la volví a ver, era de noche. Siempre me la cruzo cuando está con otro chico, no sé, un amigo quizás. Tengo suerte ya que los deja y viene conmigo. Ahora caminábamos, ella era una parlanchina y yo ya suponía adónde me llevaba con la voz que no paraba de brotar de su boca lamedora.

Llegamos a la meta, las bancas de un lugar oscuro de la Universidad. Nos sentamos, nos miramos, nos besamos, nos apartamos, nos acomodamos y continuamos en la casualidad de esos besos. Le dije vamos a tu casa, me dijo sólo hago eso con mi enamorado. ¿Tienes enamorado?, no, pero cuando tenía. Pero somos amigos, los amigos hacen estas cosas, tú vives sola. Pero igual no llevo chicos nunca a mi casa, pues. Bueno, que siga la fiesta entonces.

Me pidió estar, ser de ella. Le dije que yo era muy chibolo para ella, que tres años de diferencia es mucho, que no tenía nada que ofrecerle o enseñarle. No me comprendió, pensó que la edad no importaba si le gustaba estar conmigo. Le propuse que si se sentía sola que me llame, que yo bajaría, que si vivía sola no había problema ¿no? Se mostró convencida. En cinco minutos le quite las ganas amorosas sin desilusionarla. Ahora le parecía más divertido una relación ligera, que el peso del novio que te busca, que te acosa, que se hace el celoso. Ya no estamos para esos trotes, le dije, como un sabio niño viejo.

Ahora Jerónima se ha perdido, a veces aparece. Cuando nos cruzamos, la saludo como un chico  que saluda a su miss de primaria.

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La mandada

Amanda me adoptó desde el primer día que entré al salón. Tan guapa ella. Si me abrazas así yo te querré siempre, amiga Amanda, le decía.

 

CONTINUARÁ

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Termina de leer la segunda parte de las Historias Mínimas en: A Choteadas Aprendí.

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May 11

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May 11

Vida siento mucho el haberte ofendido con las palabras que expresé ayer en nuestro encuentro.Sin embargo ,quiero en estas lÍneas expresar todo el sentimiento de amor que vive dentro de mí.Hoy estoy bien arrepentido , pero me tocaba decirte sin tapujos y engaños lo que yo estaba sintiendo.Mi piel se ponía erizada y mis ojos sin poder la descubría, tú cuerpo. Estaba feliz! . Sí , y tus besos, calmaban la alegría que llenaba el lugar donde estamos, te acuerdas?Ahora, sólo en medio de mi sala, veo las horas pasar y me confirman el inmenso amor que te profeso. 

Te amo reina de reinas, niña de niñas  y por decirme por aquellas palabras que te hicieron sentir mujer. Aquellas cuando te dije ….ERES MIA

May 07

Estoy destinado a destriparme el corazón en tus llamadas. A poner los dedos en mi celular obsoleto de pantalla azul. Después llegarás toda esplendorosa como el diablo vestido de mujer, con zapatos incendiados en la boca poderosa de una estrella y delgados kilos de juventud esparcidos en piernas, sobre todo en sus piernas, y manos.

Por qué siempre ella aparece cuando más la extraño y la necesito menos, pensaba. Mientras, la esperaba en el lugar de costumbre con un cigarrillo rubio a medio consumir. Había llegado con esa puntualidad inglesa que me caracteriza, como es habitual en ella, llegaría quince minutos tarde, lo arreglaría todo con una sonrisa color aurora, y yo la disculparía de todo.

Han pasado dos meses tres semanas y dos días desde la última vez que la he visto. La he llamado una, dos o tres veces en un solo minuto para actualizar nuestras vidas, saber un poco más de ella y que ella sepa un poco más de mí. La extraño, la echo de menos, me hace falta. Lo disfrazo en mis palabras para no sonar desesperado, ella por su parte alega un protocolar yo también.

Blue, mi mejor amiga, y solo eso, porque el destino se ha esmerado de hacerlo así, y yo he vivido con eso, una llamada suya, me ha devuelto la vida. Violenta, improvisada, a última hora, una llamada de ella, ha hecho, que cambie mis planes y como un remolino corra a su llamado.

-Ay, Teni, tengo mucho que contarte.

-Hola Blue, sabes cuánto odio que me digan Teni.

-Ay, pues, a mí me gusta decirte así. ¿Qué crees que soy Renato Cisneros para decirte Jorge?

-Jaja, Blue, ¿qué tan rápido viste el video?

-Ay, ni que lo hubieras colgado en Cholotube. Teni, no me cambies el tema, no sabes a quién he visto por la universidad de Reiner.

-Uhmm, no, ¿a quién? -un poco desinteresado-.

-Me quiero morir, Teni, me quiero morir. A tu Ximenita y al tarado de André, de lo más felices agarrados de la mano y ella besándolo en la oreja. Necesito alguien con quien hablar, Teni, te necesito más que nunca. Nos encontramos en el lugar de siempre en cuarenta minutos.

-¡Te ordeno que no llores! Porque me harás llorar a mí también. Ya estoy saliendo.

 

…….

!Continuará!

 ____________________________La parte II de este post pueden buscarla enA Choteadas Aprendí