Ya lo dijo W. Somerset Maugham, toda obra literaria que no termine en bodas o en muerte, carece de condimentos. ¿será que entonces no se lee por nadie una obra tierna? Personalmente estoy harto con eso. Resulta normal, como que lo hace atractivo, para vender un filme o una novela y para financiarlos, el argumento debe ofrecer mucha sangre en piso, páginas y paredes. Equivale a decir que el buen gusto se ha perdido.
Xorol era un buen sujeto. Leía todo lo que llegara a sus manos y ni los psiquiatras le encontraron daño mental ni los médicos lograron curarle las dos fiebres. Quería ser escritor y quería dominar varios idiomas, siquiera el inglés. Encontró unas hojas de una variedad de Mortiño de loma que son grandes y lisas y con una púa de Naranjo hería la superficie de una hoja con signos legibles sólo por él. Eso que escribía lo guardaba en su memoria para cuando tuviera los medios, comprarse un cuaderno y un lápiz. Al tiempo que pudo adquirirlos, en cada página del cuaderno puso un título. Como que no era de su interés escribir largo, pero ya se sentía maestro en titulares. Puede ser cosa de lápices, cuando tenga los medios compraré un bolígrafo. No tardó en conseguirlo y con el boligrafo sólo pudo hacer correcciones a sus titulares en las cien páginas de su cuaderno. Puede ser cosa del bolígrafo, creo que una pluma estilográfica me sirva para desarrollar mi inspiración.
En esos días, la cosecha de café requirió de sus manos. Lo que faltaba. Habrá dinero para comprar la pluma, pero, ¿donde volará mi musa? Bueno, los cafetales tienen su propia música y en su estática vida hasta pueden tener un lenguaje para los humildes y seguramente, desgajando sus rojos frutos se antojen a comunicarme todo lo que hace un hombre dentro de un cafetal cuando no lo está limpiando ni cosechando. El cafetal era pequeño y unos árboles ostentaban todos sus frutos completamente maduros mientras que a otros sólo se les lograba un puñado de granos pero les quedaba todo el grano verde de su cosecha. En su soledad, los pensamientos de Xorol estaban dispersos y parecían un delta con brazos en todas las direcciones, menos en la dirección de sus ideas de escritor. Estaba cocncentrado en las marcas y tenía tres seleccionadas. Le servia una pluma Mont Blanc, una Sheaffer y también una Parker. Raro, en su soledad y en su silencio, vio pero no escuchó el mensaje de los cafetales. Tenía tanto para la imaginación de un escritor ese cafetal. Sintió quebrarse una chamiza y vio un hombre que se agazapaba bajo un cafeto tupido y estuvo esperando la detonación de una escopeta y sintió sobre su espalda pasar unos minutos asombrosos. Vio bajar una dama y pensó que el baño de su casa estaba obstruido y había preferido las hojas de Guamo en vez del papel higiénico. Ya los siguientes minutos no pasaron sobre su espalda, se detuvieron en sus oídos, pues pudo escuchar el chasquido de unos besos deseperados y un murmullo apagado, gemidos espasmódicos y los jadeos de un hombre fatigado. Cuando el sol terminó su recorrido y se perdio entre las cordilleras, Xorol había recolectado ciento cincuenta kilos de la roja cereza, pero antes, en unas horas casi predecibles, había silvado una Cigarra, un Turpial estuvo en la copa de un Guamo y ensayó su canto hasta que sintió afinada su flauta. Un Zorro perdio su día tratando de cazar una Ardilla y eso se vio muy cerca a Xorol y abajo en la nueva carretera que va para El Chocó, sonaban los taladros neumáticos perforando la roca y de cuando en cuando sonaba la dinamita y se oía caer la lluvia de rocas sobre la vereda. Eran ingenieros americanos los contratistas de la nueva vía y no conocían nada del castellano ni de los daños que estaban haciendo para lograr su cometida.
Puede haber un solo Xorol en la Colombia y como lo dijo un pensador, todo aquel que indolentemente sueñe vivir sobre la cima de la montaña, irremediablemente morirá en el fondo del valle. Le fue muy bien en aquella cosecha y además resultó sabio con las ganancias. Pudo comprarse la pluma fuente Mont Blanc o la pluma Sheaffer con su tapa en oro. Quedó contento con la Parker de veinte mil pesos y un frasco de tinta. Estuvo garabateando por los cien titulares de las cien páginas de su cuaderno y en uno de los títulos que hacía alusión a la felicidad hizo su única anotacion: “ella - la felicidad - es una cachorra Pug de tres meses y la vida es una perra criolla, flaca y fea con todas sus tetas en rastra” Durante sus últimos días le cogió la fumadera, un constante movimiento en su mandíbula con desvío a la izquierda y unas ansias incontenibles de caminar. Era que en los caminos lograba la facultad de pensar y suponía que en los caminos podía encontrar la manera de trasladar esos pensamientos a las páginas en blanco.
El camino de la loma era zigzagueante. Si se tendiera un línea recta desde su casa al riachuelo, la distancia no pasaría de un km, pero las vueltas oblícuas, hechas para que pudieran caminar las mulas con su carga, multiplicaba por cuatro la medida. Las caminó sin apagar el pucho y aún a la colilla le seguía sacando gusto. Al pasar el riachuelo no usó del puente y en medio del arroyo el agua le llegó a la cintura, hizo cuenco con sus manos y batió en su paladar un trago, como para sacar el amargo de dos cigarrillos que alcanzó a fumarse durante los cuatro km de su recorrido, escupió y luego bebió con abundancia. Iba pensando claro y bien encaminadas sus ideas. “la naturaleza - quien la inauguró - le puso la vida más incoherente que pueda imaginarse. La loma es como una pared rocosa donde no pudo detenerse el suelo productivo y debería ser lisa como espejos. Sin embargo -siguió pensando - entre sus grietas prenden helechos y magüeyes. Más arriba, como en una ancha escala están los cafetales y mi casa y más arriba sigue la pendiente estéril y fría donde en un tiempo hicieron nido las Águilas ¿porqué ese plano en medio de la pared? Imaginó al Creador cargando rocas para apilarlas en una extensión de cien kilómetros y cansado hizo esa planada para dormir. La planada, sí señor. La planada que genera vida y muerte. Los escuché sobre el mullido colchón de hojas y generando vida a un hombre y a una mujer. ¡vaya! Estoy pensando bien - se dijo - y continuó en el desarrollo de su idea. Y cuando se mataban por ser conservadores o liberales, en esta planada el azadón de mi padre arrastraba esqueletos humanos junto con las malezas”
Continuó pensando bien hasta el terminal de la carretera, donde los ingenieros tenían su campamento y donde un nudo de rocas les impidió avanzar el tramo que tenían proyectado para esa semana. Vio el campamento sin guardias. Vio el montón de costales de fique llenos con algo parecido a barras de parafina y vio este aviso en letras grandes y entre signos de atención máxima: ¡DANGER, T.N.T, NO SMOKING!. No smoking, vaya qué pendejada, y con esta fiebre de saber inglés. Era que finalmente su pensamiento estaba bien enrrutado, pero no smoking le desvió las ideas a la cajetilla de cigarrillos y a los fósforos. Puso candela al cigarrillo y tiró el fósforo que atinó a caer encendido sobre uno de los costales de fique y tuvo tiempo de pensar que en esa planada la ùnica mujer era su esposa y que además, distante en la vereda tenía amigos entrañables, además…………………………………… Ya lo veo, no es el lápiz, no es el bolígrafo, no es la pluma y no es la máquina quienes escriben ……………………………………………
Con el mayor respeto, para el doctor Jaime Alejandro Rodríguez Ruiz

Agosto 1st, 2008 at 5:01 pm
Bella sinfonía de letras impregnadas de realismo. Escenarios que permiten recrear la imaginación del lector, despiertan una gama de sentimientos encontrados.
Se felicita al autor, su esfuerzo se ve recompensado en la capacidad descriptiva y el uso de múltiples recursos expresivos que adornan el escrito.
Hermosa y a la vez dolorosa historia……
Agosto 1st, 2008 at 6:35 pm
Este comentario, expresado por un lector desprevenido, me haría sentir orgulloso.
Pero, dicho por las letras de una insigne dama, que a la vez es doctora, escritora y docente, su comentario me impulsa a mejorar mi estilo y mis ideas para narrar cosas que le resulten agradables.
Muchas gracias doctora Hilda María Romero Hernandez
Agosto 7th, 2008 at 9:06 pm
el comite de aplausos esta bien configurado, que lastima que la escritura caresca de esta misma exactitud para configurar un texto…..invito a quien escribe a idear un estilo sin estilo, con una intuicion errada como si fuese llevado por el olfato de una nariz tapata:”invito a crear”….y aunque la monotonia te persiga y, a toda costa, se quiera colar en tu proceso mental, debes deshacerte de ella si no quieres seguir sonando a artistas de siglos pasados….el cambio es mas que un producto que se debe vender a una sociedad de ignorantes, el cambio es un desorden, desorden con voluntad a un nuevo orden….
Julio 22nd, 2009 at 1:26 am
Muy digno de elogio, un relato altamente crítico, con una carga de ironía, alusiones pertinentes a la tragedia actual del hombre y sin embargo, el alto contenido social no hurta la atención a lo estético.
Por otro lado, cualquier semejanza con algún precedente en la narrativa es pura… intertextualidad.
Equipo de Narratopedia.