Los aviones no deben matar
TRES CICATRICES EN EL CUERPO Y UNA MUJER PARA TODA LA VIDA. LA FÁBRICA
Jul 25

Se escuchan cada vez más cerca los estadillos de las bombas que caen desde el cielo. Tengo miedo, miedo de morir en cualquier momento en esta larga noche, y pensar que hasta hace poco días a estas horas yo ya estaba durmiendo, viajando por un mundo imaginado que se recuerda a pedazos cuando se esta despierto, pero la guerra es más fuerte que mis ganas de dormir, y ese ruido infernal que causan las bombas que escupen los aviones desde el cielo le quitan la tranquilidad a cualquiera. Estoy debajo de la cama de mis padres, pues pensamos que quizás aquí estamos  más seguros, pero los tres sabemos que no, que solo basta con que una bomba toque nuestro tejado, para que la casa se derrumbe, para que suene una ensordecedora explosión y así morir asesinados, sin poder defendernos. Mi madre llora y ora toda la noche, le pide a nuestro dios que nos proteja de todo mal y peligro,  le pide que no nos pase nada y que la guerra termine pronto. Mi padre habla muy poco, me abraza y me dice de vez en cuando, que nada malo nos pasara, que podré ver el sol en la mañana, que no me preocupe que todo saldrá bien, pero lo he escuchado llorar en un amargo silencio, quizás se sienta impotente por no podernos defender, y me pregunto:¿qué puede hacer un hombre de treinta y cuatro años frente a una bomba que cae desde el cielo? Entiendo su impotencia, porque a pesar que tengo diez años, también la siento.

Desde que empezó la guerra no he podido ir a la escuela, nadie volvió de pensar que el cualquier momento  aparezca un avión pintado de negro en el cielo y arroje una bomba que nos mate a todos, pero los aviones llegan en la noche, suenan las sirenas que nos avisan que las explosiones van a comenzar, le he escuchado a mi padre  decir que son alarmas para que nos escondamos, para que el ataque no nos atrape por sorpresa, pero de nada sirve, porque a pesar de que suenan por toda la ciudad aun nos seguimos sorprendiendo del diluvio de bombas que caen desde el cielo. Extraño a mis amiguitos y extraño más a los que han muerto, porque la guerra se llevó a mis mejores amigos, a esos dos que soñaban conmigo a ser aviadores, porque antes de que empezará la guerra yo quería pilotear un avión y ver desde las alturas mi ciudad con una sola mirada, quería volar por todo el mundo, conocer a muchas personas y ser feliz, los mismo soñaban mis amigos.  Adba siempre que escuchaba un avión nos avisaba y corríamos a verlo pasar por el firmamento y envidiamos a quien lo piloteaba; nuestra imaginación empezaba recrear escenarios en donde los tres manejábamos un avión y volábamos por todo el mundo, pero la bomba que lanzó un avión fue la que mato a Adba, el mismo día en que cogió dos pedazos de cartón, los recorto en forma de alas y se los puso a su bicicleta para que se pareciera a una aeronave , recuerdo que pinto las alas de blanco, pues antes de la guerra los aviones que veíamos en el cielo eran de ese color, pero los que ahora nos arrojan bombas son de color negro y gris, y en esa bicicleta, en esa misma murió, aquella noche cuando la guerra comenzó.

Iqco, era un niño mayor un año que yo, era el más grande de los tres, el que mejor dibujaba, pues solo bastaba con que cogiera dos lápices y una hoja, y los paisajes empezaban a aparecer. Dibujaba montañas, ríos, pájaros volando por el cielo, personas con una sonrisa en sus labios y no podían faltar los aviones volando por el cielo. Iqco fue asesinado una semana después de que empezará la guerra, murió junto con sus padres cuando cayo un bamba desde el cielo. Encontraron su cadáver acompañado por el de sus padres debajo de la cama,  Iqco abrazaba un dibujo de un avión. Vivía  cerca de mí casa, en cambio Adba vivía cruzando el río. He cogido los dibujos que me regalo  y los he mirado con tristeza y rabia, les he tachado los aviones porque fueron ellos quienes lo mataron. No pude ir al entierro de mis dos amigos porque nos daba miedo que el ataque empezara a plena luz del día, vivimos con miedo, pensando que en cualquier minuto una bomba que cae desde el cielo nos puede matar.

Con la noche llega el miedo y la cobardía, el miedo que sentimos nosotros de morir, la cobardía que siente ellos, los que pilotean los aviones, porque no nos dejan defender, porque no tenemos aviones iguales a los suyos para atacarlos; digo que son cobardes porque no nos muestran su cara cuando nos asesinan. Odio a los aviones y odio a quienes los pilotean.

Recuerdo que una vez en la escuela la maestra me pregunto qué cual era mi sueño. Sin pensarlo dos veces dije que era montar en avión. Todos en la clase se rieron de mí, menos Iqco y Adba, porque ellos tenían el mismo sueño. La maestra me preguntó que por qué quería montar en avión, y  le conteste: porque cada vez que veo una película en televisión y que muestran a la gente viajando en avión, siempre están sonriendo, como si estuvieran felices y que yo quiero sentir lo mismo, sentir felicidad volando por los cielos. Hoy en la mañana me encontré a la maestra en el mercado, estaba llorando porque su padre murió cuando una bomba cayo del cielo. La salude y con lagrimas en los ojos me preguntó si aún quería volar en un avión y le conteste que no, porque yo no soy cobarde. Ahora es cuando pienso que quizás los que pilotean los aviones que lanzan bombas para acecinarnos, con sus ojo azules y su cabello rubio no sonríen, porque la cobardía causa tristeza, tristeza que no los deja dormir, posiblemente por eso es que nos atacan en las noches.

Faltan pocas horas para que llegue la mañana y aun los bombardeos continúan, los siento cada vez más cerca, y los gritos de la gente aumentan. La ciudad debe estar en llamas. ¿Cuántas personas han muerto en esta noche? ¿Cuántas viudas? ¿Cuántos huérfanos? Creo hoy más que nunca que los aviones no deben matar, solo deben volar y causarle alegría a la gente y no tristezas, tristezas que hoy vivimos en mi ciudad.

2 Responses to “Los aviones no deben matar”

  1. Hilda Maria Says:

    Un drama que llega hasta las fibras más profundas del alma, una situación que pasa de la irrealidad de la pluma a una realidad tangible.

    Vendrán muchos momentos de alegría y el llanto se transformará en sonrisa. Fragmento bellamente escrito, con gran capacidad descriptiva. Felicitaciones.

    Te participo de “El pajarillo Moises y sus aventuras en el mundo de los humanos” abril 28 y junio 17

  2. laberinto Says:

    Muy buena la elección del avión como motivo principal que captura la atención del niño, el cambio de impresiones emotivas sobre el objeto recurrente, logra articular unidad y la oscilación del relato entre la imaginación, la angustia del desgarramiento y el referente de la guerra, en torno suyo, lo convierte por excelencia en un símbolo.
    Logra mantener la atención, genera una sensación dinámica y mueve a la emoción.
    Recuerda un poco “El Imperio del Sol” de James G. Ballard; sobre el libro se hizo una película que también vale la pena ver.

    Equipo de Narratopedia.

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