TRES CICATRICES EN EL CUERPO Y UNA MUJER PARA TODA LA VIDA.
Hotel Terminal Los aviones no deben matar
Jul 25


  Todos éramos concientes de que aquel hombre podía llegar en cualquier momento, así que no era tan fácil poder hacer carambolas en aquella mesa de billar sabiendo que existía el riesgo de que pasara una tragedia, por eso el silencio era la constante en aquel lugar, supongo que cada uno de nosotros rezaba mentalmente para que las cosas no se salieran de control. 

No teníamos nada con que defendernos, solo una botella de gaseosa que estaba en el piso y los tacos de billar que había por montón en aquel lugar. Sabíamos que aquel hombre llegaría armado, a lo mejor iba a empuñar un puñal o el viejo revolver que cargaba a todos lados. Teníamos miedo, miedo de morir, miedo de sentir como nuestro cuerpo podía ser lastimado, miedo de no poder confrontar a aquel enemigo. 

Las horas pasaban  y no salíamos de aquel lugar, solo dejábamos que el taco tocara cualquiera de las tres bolas de billar,  sin la esperanza de hacer alguna carambola, tacábamos por tacar, por pasar el tiempo, por esperar, por ocultar de alguna manera el miedo. 

Por mí parte pensaba en ella, en su cuerpo, en su cara angelical, en los besos que le pude robar mientras ella sentía como su conciencia le reclamaba por haberle fallado a su novio, pero nada de eso me importaba, pues me enamore de la forma perfecta en como ella conjugaba las palabras, la armonía de sus ojos en movimiento, de sus abrazos que me hacía sentir completo, feliz. Por todo eso valía la pena sentir ese miedo, ese nerviosismo de saber que a lo mejor hasta ese día podía dejar de vivir, nada estaba calculado, la probabilidad estaba disparada, incontrolable. 

Cuando llegó al Billar, su mirada estaba ansiosa, buscándome en cada una de las mesas de aquel sitio, con el afán de matarme y con ello terminar con esa intensa rabia de haberse sentido burlado y traicionado. Al verme se acerco a paso apresurado hacia mí, con la mirada fija en mí cuerpo, a lo mejor calculando el lugar en donde iba a clavar su puñal. Nadie dijo nada, mis amigos se quedaron quietos, petrificados por el miedo, las demás personas que estaban en el Billar se quedaron viendo como aquel hombre caminaba, como de su chaqueta de color rojo sacaba un puñal recién afilado, limpio, dispuesto a perforar un cuerpo, como un hombre adolorido transmitía en la mirada ganas de matar. 

Cuando me tenía a unos escasos metros de distancia, aquel hombre no pronuncio palabra alguna, solo se abalanzó sobre mi cuerpo y como si fuera una maquina programada empezó  apuñalarme  el cuerpo, una, dos, tres veces, hasta que unos de mis amigos le rompió una botella en la cabeza, la de la gaseosa, por la espalda y aquel hombre callo al piso desmayado, con una duda, la de saber si me quito la vida o no. Afortunadamente su puñal no fue tan certero como ese hombre hubiera querido, no logro matarme y cuando abrió sus ojos se vio esposado por un par de policías quienes se lo llevaron preso, con dolor de cabeza y con una duda resulta. 

Ahora el se encuentra en la cárcel por intento de homicidio y yo me encuentro al lado de su mayor tesoro, amándola, teniéndole a mí lado y con la seguridad de que ella nunca le perdonara el hecho de que él quisiera matar a alguien.  

De ese día me quedaron tres cicatrices en el cuerpo y una mujer para toda la vida.

2 Responses to “TRES CICATRICES EN EL CUERPO Y UNA MUJER PARA TODA LA VIDA.”

  1. TRES CICATRICES EN EL CUERPO Y UNA MUJER PARA TODA LA VIDA. Video Says:

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  2. laberinto Says:

    Su relato manifiesta una buena intención narrativa, pero podría intentar ampliar más la experiencia de lo emotivo y lo subjetivo, aventurando asociaciones que logren transmitir las impresiones sensibles del personaje y la tensión extrema de la situación.
    J. L. Borges elaboró algunos relatos que tratan la problemática social y la violencia entre los gauchos en Argentina, le recomiendo la lectura de “El hombre de la esquina rosada”.

    Equipo de Narratopedia.

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