Cómo hombre de sanos principios y profundamente respetuoso del derecho de mis otros humanos, me veo en el deber de poner bocarriba el sombrero. No pretendo que alguien deposite allí una moneda. No me fue posible consultarle al doctor Jaime Alejandro Rodríguez, creador de esta magnífica plataforma, algo sobre la libertad que pueda haber en ella de publicar temas políticos de protesta, temas religiosos y médicos que puedan resultar un poco escatológicos.
No es ese mi estilo, pues mi buen gusto no me permite acercarme al insulto y a los temas soeces. La sociedad entera, todas las razas y todos sus colores, vive irremediablemente sometida o bajo los cánones de la política y de la religión, ya sean estas dos ideas, benéficas o nocivas.
Para observar y criticar a las políticas y a las religiones se precisa de una lente descomunal y así como el observatorio espacial Huble, debe ser igual de grande y permanecer el observador a igual distancia. Is very dangerous. ¡Muy peligroso! Todos aducen poseer la verdad y la razón y ay de quien se atreva a contradecirles. Solamente en el Islam, el abandono de la religión por parte de cualquiera de sus creyentes es pelona fija, pena de muerte decretada desde sus fundamentos tradicionales y es igual de tenebrosa la política. En Colombia venimos matándonos a causa de la política desde tiempos que ya se borran en el recuerdo, desde nuestra propia independencia de España.
The Mask, la máscara, título de mi entrada, hace referencia a esa prenda de vestir invisible que todos nos ponemos delante de nuestro rostro. ¿Cuál es la suya?
Como hay máscaras impenetrables y blindadas queriendo imitar el rostro de Dios, pretendo buscar una rendija, una abertura reveladora que ponga al descubierto el rostro, la cara de los gobernantes políticos, médicos y religiosos del presente tiempo y la limosna que pido es que me permitan publicar una serie de temas un poco picantes.
Uno de mis amables lectores, comentando “La Araña”, una de esas notas mías de protesta, dijo que no le pusiera más leña al horno. Que bien podía publicar en inumerables lugares del ciberespacio mis apuntes literarios y es razonable su propuesta. Pero Narratopedia, este lugar sagrado y púramente colombiano, requiere que sea surtido con la variedad de temas que cuarenta y cinco millones de colombianos, todos con ideas contrapuestas y todos con capacidad para leer y expresarse, encuentren algo para debatir y remascar. Entonces, le presento excusa al doctor Jaime Alejandro y a mis lectores por todos mis exabruptos y les ruego que me permitan publicar los temas ya mencionados.
Exeter, en días de febrero.




