2009 Febrero
Feb 24

Cómo hombre de sanos principios y profundamente respetuoso del derecho de mis otros humanos, me veo en el deber de poner bocarriba el sombrero.  No pretendo que alguien deposite allí una moneda.  No me fue posible consultarle al doctor Jaime Alejandro Rodríguez, creador de esta magnífica plataforma, algo sobre la libertad que pueda haber en ella de publicar temas políticos de protesta, temas religiosos y médicos que puedan resultar un poco escatológicos.

No es ese mi estilo, pues mi buen gusto no me permite acercarme al insulto y a los temas soeces.  La sociedad entera, todas las razas y todos sus colores, vive irremediablemente sometida o bajo los cánones de la política y de la religión, ya sean estas dos ideas, benéficas o nocivas.

Para observar y criticar a las políticas y a las religiones se precisa de una lente descomunal y así como el observatorio espacial Huble, debe ser igual de grande y permanecer el observador a igual distancia.  Is very dangerous.  ¡Muy peligroso!  Todos aducen poseer la verdad y la razón y ay de quien se atreva a contradecirles.  Solamente en el Islam, el abandono de la religión por parte de cualquiera de sus creyentes es pelona fija, pena de muerte decretada desde sus fundamentos tradicionales y es igual de tenebrosa la política.  En Colombia venimos matándonos a causa de la política desde tiempos que ya se borran en el recuerdo, desde nuestra propia independencia de España.

The Mask, la máscara, título de mi entrada, hace referencia a esa prenda de vestir invisible que todos nos ponemos delante de nuestro rostro.  ¿Cuál es la suya?

Como hay máscaras impenetrables y blindadas queriendo imitar el rostro de Dios, pretendo buscar una rendija, una abertura reveladora que ponga al descubierto el rostro, la cara de los gobernantes políticos, médicos y religiosos del presente tiempo y la limosna que pido es que me permitan publicar una serie de temas un poco picantes.

Uno de mis amables lectores, comentando “La Araña”, una de esas notas mías de protesta, dijo que no le pusiera más leña al horno.  Que bien podía publicar en inumerables lugares del ciberespacio mis apuntes literarios y es razonable su propuesta.   Pero Narratopedia, este lugar sagrado y púramente colombiano, requiere que sea surtido con la variedad de temas que cuarenta y cinco millones de colombianos, todos con ideas contrapuestas y todos con capacidad para leer y expresarse, encuentren algo para debatir y remascar.  Entonces, le presento excusa al doctor Jaime Alejandro y a mis lectores por todos mis exabruptos y les ruego que me permitan publicar los temas ya mencionados.

Exeter, en días de febrero.

Feb 23

Me han contratado en una empresa en Nueva York. Ayer mismo fui al trastero para organizar la mudanza.

Muñecas, bombillas, álbunes… Allí aprecieron todo tipo de cosas. Pero me sorprendió ver un abrigo, que perteneció a un soldado de la 2º guerra mundial.

Feb 16

¡Qué película!

 

La curiosidad se apoderó de mi cuando empecé a investigar sobre el cine porno, todo para un trabajo de universidad. Para esa época, estaba en 4º semestre, y como parte de la investigación tenía que demostrar que había tenido bastante acercamiento con el tema. Cierto día, decidí ir con Steven, uno de mis compañeros a uno de los cines porno.

Quedamos en encontrarnos un martes, a las 10 am en el centro de Medellín. Iniciamos nuestro recorrido matutino caminando por el Pasaje Junín, fuimos hasta el Parque de Bolívar, y allí nos sentamos un rato a observar el ambiente, a esa hora, más o menos 10:20 am la ciudad no despertaba, aún quedaban rastros de la noche anterior.

Mientras me fumaba un cigarrillo y él se tomaba un café de 300 pesos, pensaba a cuál de los teatros xxx entraríamos. Cerca al Parque de Bolívar quedaba el Teatro Sinfonía, ese fue nuestro cine elegido, desconociendo que película estaba en cartelera.

-“Son 10. 000 pesos por los dos” dijo el hombre que estaba en la taquilla. Sin pedir identificación y recibiéndonos el dinero, nos miraba con picardía. –“¿Cómo se llama la película?” Pregunté. -“Sexo salvaje” dijo el taquillero. Yo estaba temblando, porque desde afuera se escuchaban los gemidos extasiados de una mujer, y porque era mi primera vez en un lugar de estos.

Steven cogió mi mano, y arrastrándome entramos. Oscuridad total y un olor a sexo invadía el lugar. Nos sentamos en la mitad del cine. Apenas la película empezaba. Asustada, miraba de un lado para otro, reconociendo el lugar; a mi derecha, en el pasillo estaban los baños de donde salían y entraban algunos hombres que había en el lugar.

Solo alcanzaba a ver siluetas de cabezas y se oían algunos cuchicheos. Por 10 minutos trate de concentrarme en la película. Fue inútil porque no había nada nuevo en ella. La trama se desarrollaba en un sofá rojo, mientras la rubia desnuda gemía, el hombre moreno y corpulento la tocaba por todas partes.

Perdí la concentración cuando delante de nosotros se sentó un  hombre. Al rato, otro sujeto se sentó a su lado. Por unos segundos parecían que miraban la película, cuando uno de ellos bajo su cabeza. En ese instante cogí fuertemente la mano de Steven, - “tranquila” murmuró.

La cabeza que había perdido de vista segundos atrás, ahora bajaba y subía constantemente. Dos hombres a menos de 2mts de nosotros estaban teniendo sexo oral. Yo trataba de mirar a la pantalla, pero era inútil. De la oscuridad salieron otros dos sujetos quienes se pararon a un lado de la pareja.

Un espectáculo sexual estábamos presenciando. Habíamos perdido el interés en “sexo salvaje” para convertirnos en voyeristas de una pareja teniendo sexo oral, mientras que los otros dos sujetos se masturbaban a su lado. 

-“Mucho voltaje”. Le dije a mi compañero. Me paré de la silla y salí de allí. -“¿estaba buena la película? Me dijo el taquillero, -“Nunca la había visto” le respondí mientras sacaba un cigarrillo.

Feb 16

Daniela, lo primero que se le pasa por su cabeza es el iPod. - “Este aparato, es lo que hace más corto mi viaje… Mi madre vive muy lejos…”
El metro cada día más lleno. Apesta. No se sabe de dónde proviene ese olor tan espeluznante. Lo que sí se sabe, es que todas los viajeros, se miran unos con otros…tratando de verificar quién es el causante de tanta adversidad entre sus ocupantes.
- “Mi madre vive muy lejos… por qué me tengo que aguantar este viaje… náuseas y mareo…plaff!! Me caigo”
El iPod recorre medio vagón, el equipaje salta a los pies de una anciana… ella tirada en el piso…todos asombrados, pasmados… por Dios es el olor!
El olor… quién poseerá ese maravilloso regalo que el creador nos dio… todos se preguntaban asimismo.
La muchacha, pobrecita, está aún tirada, hay que recogerla…- “Mi madre vive muy lejos” repetía una y otra vez…
-“Mi madre vive muy lejos… al otro lado de la ciudad… esto me pasa por ello… ¿me podrías ayudar?”
Sentada, el iPod y el equipaje vuelven a las manos de Daniela…- ”gracias, pero mi madre vive muy lejos”
- ¿Tu madre vive muy lejos? No eres la única que repite esa frase una y otra vez, el olor a cada momento me toca aguantármelo… Sí soy yo quien lo posee, es absurdo lo sé… ¿niña linda me disculpas?
-“Mis lagrimas están a punto de desbordar mi ojos… sí te disculpo… gracias porque mi viaje no fue tan largo… es que mi madre vive muy lejos”

Feb 16

Después de ser violada y golpeada por su esposo, esta mujer al salir huyendo de su casa fue a tropellada por un taxi que había sido robado y estaba evadiendo a su cómplice.  El ladrón al ver casi moribunda a la mujer, tuvo compasión de ella y la llevó al hospital más cercano. Cinco horas después la mujer despertó y vio a su esposo junto a ella. Ella muerta del susto salió acompañada de él sin saber que le deparaba el destino.  

 

Feb 16

Hoy llegué tarde a clase como cosa rara. Esos cinco minutos más que uno quiere dormir cuando todavía no hay sol, salen caros porque nunca alcanzan los restantes para salir a tiempo. No es por vanidad la demora ni mucho menos, creo que es más por ganas de comerme un buen desayuno para despertar.

No sirvió de nada, llegue a clase bostezando y con los ojos llorosos. La clase ya había empezado y teníamos un ejercicio pendiente. Como somos “Comunicadores” tenemos que saber comunicarnos en cualquier momento, y por ello el ejercicio consistía en escribir algún texto para Narratopedia.

45 minutos después yo sigo aquí tecleando sin saber de que hablar. No se cuanto le interese leer a alguien mis ideas dormidas de 7 de la madrugada de un lunes que comienza cansado y con muchas cosas pendientes.

Se me bloquea la mente. No se si lo que escribo es coherente. No se que aporte pueda hacerle “al medio” escribiendo estas palabras. No se si deba borrarlo y empezar de nuevo hablando de algo más interesante o deba irme y esperar que mi cerebro despierte para hacer este ejercicio.

Se supone que este es mi trabajo y la mañana de hoy no soy capaz de hacerlo como debería; no se que podría pasar si un médico tuviese que operar y se quedara con la mente en blanco como lo estoy yo en este momento, porque simplemente su cabeza no ha querido despertarse.

Y para cerrar con una frase contundente y que concluya lo que escribo (como se supone que a veces debe hacerse), pido disculpas a cualquiera que se haya tomado el tiempo de leer este texto tan estúpido.

Feb 16

Llorando me aparté de aquel lugar en donde más que incomodo me sentía mortificado con tu presencia. Caminamos juntos por aquel andén que lleva hacia el parque en donde alguna vez comentamos que sería un lugar ideal para tomarnos un vino y escuchar aquellas canciones que nos acordaban el momento en que nos conocimos.

¡Qué lindo era todo en ese tiempo!, la vida no nos importaba y alabábamos al cielo habernos conocido. Haber cruzado nuestras miradas en esa noche oscura, violada por un sin fin de luces y una fogata que parecía que fuera explotar por la emoción del momento. Me sacan tantas sonrisas pensar en cuando nuestro lenguaje estaba limitado a miradas, y lo que más me gusta es que nunca necesitamos de palabras, ni actos corporales para decir “te quiero”, y “quiero que estés conmigo”.
Recuerdas que vencimos la envidia de varias personas, y que éstas sin pensarlo, terminaron uniéndonos y generando el primer contacto físico.

Basto con un “mucho gusto” para que nos diéramos cuenta que realmente esas miradas se tenían que traducir en palabras, en caricias, besos y abrazos. Sin embargo, la timidez nos agobiaba y aunque ya nos habíamos dado un apretón de manos, y habíamos escuchado nuestras voces, no era suficiente para sostener una conversación.

Seguía perturbado por tu mirada piadosa, mientras caminábamos por aquel parque del vino que nos traía recuerdos. No quería suspender el ritmo del aire con mis palabras torpes y mal obradas. Me dolía el corazón, quería que instantáneamente hubiera una muerte súbita de sentimientos, y dejará de sentir todo el amor que estaba mal enfocado hacia tí. Rompiste el silencio con palabras de admiración hacia mi, pero no te dabas cuenta que lo que menos necesitaba eran tus palabras compasivas, ya que únicamente me clavaban una estaca en aquello que llamamos orgullo y que muchas veces duele más que el mismo corazón.

Después de aquel apretón de manos, tu voz quedó grabada en mis oídos. Quería seguir escuchándote hasta el fin de la madrugada. De un momento a otro te esfumaste sin dejar rastro, y sentí la impotencia más absurda, así que me refugié en el licor y en conversaciones con otras personas que realmente no me llenaban. Conversaciones iban y venían en mi cabeza, pero seguía obstinado en volver a escuchar tu voz, pero tristemente ésta se iba esfumando en mis oídos. Maldecía no haber sido más sociable y haberte dicho que nos tomáramos un trago…

¿Un trago?, en ese momento me hizo falta uno, así que me dirigí a la barra del lugar, y pedí otro vodka, que resultó siendo triple, porque por alguna razón desconocida le caí en gracia a la mujer que estaba atendiendo. Así que cuando recibía mi trago, escuché de nuevo tu voz, y quedé frío al saber que seguías ahí conmigo. Me miraste y observaste mi trago triple, y me dijiste en son de protesta: “¿Es que tu tienes corona?”. Sonreí y te dije que sí. No fui capaz de hablar un sola palabra más. Torpemente sólo podía sonreír, hasta que tú me seguiste hablando e indagando por mi tono de voz y sobre qué hacía en ese lugar. Inmediatamente supiste que no era parte de allí…

Paramos más adelante del parque, bajo una avenida en donde pasaba mi bus. La verdad no entendía lo que decías. Tratabas de hacerme pensar en otras cosas, pero en lo único que pensaba era en qué iba a hacer sin tí, bajo esa ciudad que me absorbía ferozmente. Me sentía vulnerable y tenía temor por sentirme sólo. Me había acostumbrado a tí, y deseaba seguir queriéndote, porque no me cabía en la cabeza tener que dejarte, y volver a la nada, porque nunca me preocupé por construir algo para mi. Durante todo este tiempo, sólo pensé en tí y en hacerte feliz. Despreciaste mis esfuerzos, y no podía hacer nada. Como tú me dijiste, tenía que seguir la vida, sin ti. Sólo…

Le agradecí infinitamente a la mujer de la barra, porque sin ella no hubiera podido conocerte. La música seguía guiando nuestros sentidos, y las miradas se volvían más repetidas. Me sentía afortunado de sentirte cerca, y me olvidé del mundo, para convertirte en el mío. Bailamos muy de cerca, y ya podía sentir tus brazos, tu pecho, tu respiración…. Sentí tu mirada más cerca, y otra vez torpemente solo podía sonreír, hasta que por arrebato, te bese…

A dos cuadras venía mi bus, quería besarte como siempre lo hacía, pero ya las cosas no eran las mismas. Me quisiste abrazar antes de partir, pero me rehusé a sentirte tan cerca, me dolía toda acción hacia a mi. Mi cuerpo respondió con una lágrima y me aparte de allí rápidamente para que no me vieras llorar. Te vi desde la ventana regresando hacia aquel parque del vino, pero no podía hacer nada porque claramente ahora me mortificabas con tu presencia…

Feb 16

don't look down

“Recuerda que todo lo que sube cae algún día”. Ella lo recordo cuando era demasiado tarde

Feb 14

¿Quién merodeaba a estas horas por la biblioteca? En voz alta anuncié que iba a cerrar, pero nadie pareció alrmarse, y no hubo ningún ruído que diese indicio a creer que aún había alguien ojeando literatura. Alcancé mi abrigo que estaba colgado de la silla y guardé los apuntes que había realizado. Me llevé al bolsillo un caramelo, para el camino, y por fin salí al exterior. Primeró cerré bien, la puerta de cristal y, para asegurarme corrí, con todas mis fuerzas, el gran portón de hierro con el que inaugurábamos las vacaciones. Introduje la llave en el candado y ya me alejé de allí. Iba muy deprisa, iba a perder el tren. Era ya noche cerrada y nevaba tanto que estaban cubiertos los tejados. Cuando hubieron pasado unos minutos y comprobé que ya había pasado el ferrocarril, hace rato, me encaramé a una barandilla muy amplia, que daba a un desfiladero. Salté la vaya ghasta unos matorrales, para bajar hasta abajo, dónde había una alcantarilla que llevaba a otra estación, de las dos de la madrugada, se debía ir con precaución.

Y me tropecé, con una piedra, cayó todo mi cuerpo, al principio no noté nada, después la velocidad a la que fui sometido fue horrorosa, tanto que creí mi cuerpo iba a reventar. La parte más dura fue la de las rocas sobre salientes, que me arañaron por todo el cuerpo, se me clavaban como espadas por el costado, como sierras en la espalda y como piedras que eran, en la cabeza. El siguiente tramo me arrancó las prendas teñidas de rojo, de modo que el viento me cortó, y añadí una parte del cuerpo más, ala colección de “Ensangrentadas”. Cuanto fue mi dolor, que apenas ya lo notaba, y recordaba el peor día de mi vida, cuando el diablo me apaleó.

 Estaba ya apunto de rozar el suelo, grité con todas mis fuerzas un Ave María.

FIN

Feb 14

EL PIANO

 

 1

 

Sus ojos se clavaron en los míos haciéndome retroceder. Pero sonreía, claro, a ella no le daba vergüenza saber que estaba entablando una conversación un tanto extraña. Sabía que me          estaba intimidando, le daba igual, continuaba.

Preguntó que si había coca-cola, le contesté que solo whisky, así que se lanzó contra el mueble bar.

Difícil de describir, parecía un palillo, era alargada y delgada, sin embargo su pelo su cara, no pude describirla en ese instante. Se zarandeaba de un lado a otro buscando aquella bebida refrescante.

Cuando lo hizo, se acercó, botella en mano, a un piano de cola que yo poseía desde pequeño, cuando mi abuelo me lo regaló. El siempre estaba avisándome de que era mágico y en la hora de su muerte me pregunté cientos de veces si la causa de la desgracia se debía al instrumento.

Sus manos se deslizaban entre las teclas emitiendo música de ángeles celestiales, pero eso sólo duró algunos minutos, luego comenzó a beber el licor.

 

-                     ¿Sabe usted tocar el piano? –Dijo después de haber sorbido- ¿Acaso estoy hablando con un exitoso pianista?

-                     Me temo que las dos contestaciones son “no”. Pero me gusta tenerlo, yo le pregunto a usted: ¿acaso no es hermoso?

-                     Si, pero si no se toca se muere, al igual que tu abuelo, este piano lleva muerto desde que el padre de tu padre falleció.

-                     ¿Y usted como sabe eso?

-                     Soy una hechicera, y no he venido aquí para pasar el rato, ¡sino para alertar de una desgracia!

-                     ¿Y como explica que el piano haya tocado?

-                     ¿No le he dicho que soy hechicera?

 

Y lo correcto en esos instantes habría sido que la echáse de mi casa, tomándola por loca. No lo hice.

 

-                     Mi querido y pobre Jack, -Prosiguió- Tira al traste ese piano.

-                     ¡Jamás! Bruja maldita, métase en sus asuntos.

-                     Bien, me iré con estas palabras: “Dentro del piano habita un espíritu maligno que puede causar tu fin” Pero tu no me hagas caso, ¡y muere! Como muchos otros…

 

 

Salió rápidamente en busca de alguna posada donde dormir. Me preparé un té y acaricié el hermoso instrumento. Me senté en el diván y me arropé con una vieja manta roja. Miré hacia la ventana, estaba oscureciendo.

Mis párpados comenzaron a cerrarse mirando al firmamento. Tan a gusto estaba que había olvidado lo que la mísera mujer me había dicho.

 

———————

 

Era ya noche cerrada y yo continuaba en el diván. Todo el pueblo estaba en silencio y no se veía ni una desdichada luz, ni siquiera del tenue resplandor de una simple vela, de una simple casa. Todo aquello parecía haber sido devastado por algo espantoso, algo que ni los soldados de la realeza pudieran combatir.

Me desperté entre estertores, había sido una pesadilla. De pronto escuché una agradable y, a la vez inquietante melodía que llegaba de la otra punta de la estancia. ¿Acaso era la bruja que quería asustarme? Para comprobarlo me calcé las zapatillas y alcancé de un colgador mi bata y me acerqué al piano. Para mayor horror mío, ¡las teclas estaban tocando solas! Era verdad la maldición. 

 

2

 

-                     Me llamo Eric Nifton. ¿Es posible que pase una noche en su albergue, señor? –Preguntó un desdichado hombre al posadero de una humilde posada.

-                     Me temo que está llena, pero le conseguiré un buen catre y una buena cena en un periquete si me da cinco chelines.

-                     Aquí tiene, señor –Y entregó lo necesario.

 

El hostelero acompañó al muchacho, a través de un largo pasillo, hasta un pequeño y húmedo dormitorio con un solo mueble, la cama. Sobre el colchón había un mendrugo de pan seco y duro. Le bastaría con eso. Y pasó una exquisita noche, hasta que llegó el amanecer y tuvo que desalojar la habitación.

Una vez en la calle, Eric pensó en si interrogar a los vecinos o ir directamente al grano. Escogió la segunda idea, así que se puso en marcha. No tuvo que caminar demasiado, pues llegó a la casa de Jack Stoned. Encendió su pipa y, al entrar al jardín que había a la entrada se topó con un retahíla de policías que le impidieron el paso.

 

-                     Perdónenme, ustedes, soy un detective de la ciudad Lotffen, y hasta ahí han llegado los rumores de que en esta casa  hay fantasmas… ¿Me equivoco, señores?

-                     Pase, pero haga caso a las indicaciones de los guardias que encontrará dentro.

 

Introdujo su esbelto cuerpo por la puerta de entrada. Y, saltándose las presentaciones pidió ayuda, dos hombres muy musculosos le acompañaron hasta tres centímetros del objeto asesino.

 

EPÍLOGO

Ya no se ha vuelto a saber nada de los policías y del detective. La bruja desapareció en cuanto avisó a Jack y dicho pueblo se esfumó del mapa para siempre.

Nadie sabe exactamente que fue lo que ocurrió, pero si es cierto que el piano emitió una musiquilla extraña cuando realizó el crímen.

 

——————–

 

-                     ¡Seguro que encontramos Barningh! –Dijo Elisa.

-                     ¿Y que es eso? –Replicó su madre.

-                     Es un pueblo que desapareció hace noventa años, me lo ha dicho el piano…

 

 

FIN