CRÓNICA DE UN VIAJE
Luceo el ángel protector. Narratopedia en la Sub30
Abr 09

No es muy clara la idea del gusto por el dinero.  Dicho de otra manera, no se conoce el verdadero interés de adquirir dinero, pero este elemento casi gusta generalizadamente y la unica razón válida que encontró el filósofo Buenaventura Molinares fue el poder.  Pero en todos los casos, el poder no es eficaz y no es fácil entender el objeto del dinero en todas las manos, porque hay manos que no saben utilizarlo o no hallan motivos que merezcan invertirlo o gastarlo y simplemente lo acumulan.   Cuando el filósofo Molinares se cansaba de pensar, metía la llave por la rendija del suiche de su carro y salía a dar vueltas, que no siempre resultaban vanas, pues, su pasatiempo consistía en hablar con las personas más desprevenidas, como son esas que se encuentran en las esquinas esperando un taxi.  Al verlas, hacía sonar el claxón de su automóvil y con ello ganaba la atención del posible pasajero.  Le abría una puerta y le preguntaba por el destino predeterminado que necesitaba.  Luego, con toda seguridad lo llevaba a la dirección requerida y claro está que le cobraba el servicio como lo hace el chofer de un taxi, pero el pasajero quedaba más que contento, no solamente por el servicio en carro particular, era que se sentía ufano con la corta conferencia recibida de un conductor elocuente y sabio, uno de esos choferes intelectuales, de los que sólo hay uno entre los quinientos taxistas que rondan las calles de Villalobos.  Eso seguía pensando el pasajero.  En estos tiempos, cosa muy rara, observo en la esquina a un cura.  Tenía qué ser un cura.  A esa hora era el único sujeto vestido con sotana entre los seres que habitaban el espacio público.  ¡Vaya! Este condenado me ha toreado de nuevo la pensadera y yo que salí en el carro para no pensar: “es el hábito lo que hace al monje y las insignias al general.  Si topo con los dos, al cura sin sotana y al general sin insignias, los asocio con las miriadas de locos que surten la vida”

Picó el botón del pito y maquinalmente, el cura fijó su mirada en el carro y ágilmente se posó al lado del chofer, pero no anunció su lugar de destino.  Irradiaba alguna santidad y podía hallarse muy limpio en su interior, pero su presentación resultaba deplorable.  Motas de polvo impregnaban su sotana, su barba indicaba ocho días ausente de la barbera y sus zapatos mostraban fragmentos del barro que había en los canalones donde pisó los primeros pasos de aquella mañana, pero no olía mal.  Usted se me hace conocido.  ¿A cuál Parroquia le llevo?  Fue lo primero que atinó a decirle el filósofo chofer.  Estoy en crísis, le respondió el curita y siguió … da lo mismo que demos vueltas antes de que se afiance el calor en estas calles.  De todas maneras le pago para que lo haga.  ¿Está pensando en tirar la sotana? La filosofía del chofer distaba mucho de la teología del sacerdote y eso le inhibía a entrar en charla abierta con el Vate y le pareció imprudente lanzarle la pregunta: ¿Va a tirar la sontana?  El buen cura no tomó eso en cuenta y le respondió que ya habían pasado los buenos tiempos cuando era rentable vender la Salvación.  Mire usted los avisos.  Y trajinábamos las calles de Villalobos de oriente a occidente y de norte a sur.  Por doquier había avisos salvíficos.  Iglesia de los Santos Apóstoles del tercer día.  Iglesia Pente.  Otra iglesia se anunciaba como Pentecostal y de acuerdo al tamaño de sus letras que eran grandemente dibujadas en un cartón, debía ser mejor que la Pente.  Otra Iglesia se anunciaba como La Luz del Mundo y muy cerca de ella estaba la Iglesia Temporal o sea que solamente operaba en las temporadas de mucho pecado.   Como a las dos horas de estar viajando y justo cuando pasaban frente a una cafetería, el señor cura invitó al chofer a descansar y a tomarse un cafesito.  Es que aquí termina nuestro recorrido, le dijo amablemente.

¿Sabe usted qué día es hoy?  Le preguntó el sacerdote en tono autoritario.  Si padre, es jueves Santo, pero usted también debe meterse una copa y le garantizo que dentro de cinco minutos usted habrá sentido que no es una copa de aguardiente, que es una poderosa escoba con la que ha barrido su quimera.  No intentó mirar el rostro de Ventura, apuró su pocillo de café mientras miraba la hirviente calle.  En diagonal quedaba el Templo de Nuestra Señora de Guadalupe y pudo ver el desfile de gentes que iban a visitar al Santísimo.  Así, de reojo, como los músicos ven a su director, pudo ver el brazo tendido de Ventura, que le ofrecía una copa.  La necesitaba, pero en su interior murmuró las palabras de Cristo: aparta señor este Cáliz.

Días después, el filósofo Buenaventura Molinares escribía en su bitácora todo lo que le contó el Padre Aristizabal, cuando ya estuvo borracho y la manera en que encabezó su relato.

Aquí dejó una parte, luego de haber hecho el retrato de su Parroquia y de sus veredas, todo lo típico y folclórico que hay en la cultura de los campos cafeteros.  La machetera que hubo cuando Archibaldo trajo de nuevo a la casa a su hijita pasados quince días de fuga con su novio una madrugada.  Tiene dos tintas en su sangre, la chinita, con apenas dieciseis años.  No, creo que tiene cuatro tintas: de blanco, de negro, de indio y ……………………. la crónica de un viaje continuará

Writing by Exeter in the Thursday, April nine, 2009

2 Responses to “CRÓNICA DE UN VIAJE”

  1. Hilda Romero Says:

    Agradable, costumbrista y muy oportuna la prosa narrativa de Exeter.

    Que bueno continuar disfrutando de estas bellas letras y las de aquellos autores que timidamente aparecen en este magnifico espacio de construcción colectiva, gracias a Narratopedia. Bienvenidos todos, con sus manos llenas de amor por las letras y un desbordado talento.

  2. Mayra Ale Says:

    El dinero, que aparece aquí como motor narrativo, pasa a un segundo plano dándole paso a la interesante historia del cura, aquel hombre que vive como la mayoría lo hacemos, bajo ese manto con el que nos ha cubierto la dinámica social de nuestros tiempos, aquella que nos ha clasificado en distintas categorías de las que si no haces parte simplemente no figuras en el sistema, no existes. Excelente Crónica, Exeter!

    Equipo de Narratopedia

Dejar una respuesta