PEDRO PERDIÓ LA MEMORIA # 10
Adolecer de adolescencia Depositos
Nov 02

Amable lector, si usted no leyó CASA ROJA, puede ser que no entienda el contenido que hay en Pedro perdió la memoria # 10.  Por favor, no viaje a ese lugar si su pundonor es muy refinado.

Al tiempo que Pedro perdió su memoria, igualmente perdió su personalidad y pasó a ser un personaje suplantado por cualquiera otro ser anónimo.  Antes, en este mismo espacio apareció como el coronel Chavez de un país del Caribe, así sin academia, simplemente con la cultura adquirida en los cuarteles.

La última vez que vieron a Pedro fue en un parque de la capital y le estaba contando a otro perdido su inmediata aventura.

“La experiencia fue extenuante.  Sobre el tapíz una diablesa apenas respiraba y a su lado dos vampiresas agitaban un par de abanicos elaborados con plumas de Avestruz y ellas que encima nada tenían percibían el paso del viento que tiraban los abanicos por cada uno de los pelos de aquellos lugares generosos.

Las dos vampiresas escucharon un leve balbuceo que salió de unos labios sin fuerzas para abrirse a las palabras … no … no lo dejen ir destruyan el puente y pónganle a la puerta una clave imposible de descifrar si es que logra encontrar esa puerta.

Los pasillos se topaban y la tenue luz que emitían unos candelabros simétricamente distribuídos les daba una rara forma laberíntica.

Estuvo meditando.  Quién era él?

Pensó además y por primera vez en cuál etapa de los siglos se encontraba y razonó que quizá podía encontrarse en la época romana y que él era un cotizado gladiador que había vencido a un monstruo dotado con cuatro ojos dos atrás y dos adelante y que como premio le habían dado una indómita princesa que por ser frígida había caído en desgracia con un Cesar y que ella para vencerle al macho sus lascivias le castigaba con una fusta.

Como un infante que pretende absorberlo todo e incluso aprender de sí mismo comprendió que su rol de hombre estaba consumado al dejar a una diablesa casi agonizante al cumplirle con el mandato humano de hacer dichosa a una dama y llegó a pensar que de ahí no debería huír pero recapacitó que afura se encontraban otros universos.

Entonces sopló sobre las llamas de cuatro candelabros y al apagar las cuatro candilejas las luces perdieron su misterio y la senda quedó completamente despejada.

Pasó frente a tres relojes de péndulo.  Uno solo tenía  fijada su hora.  Estaba detenido.

En una sinrazón que poseen las cosas sin alma los péndulos de los dos relojes iban de izquierda a derecha y Pedro pudo escuchar sus golpeteos esa manera absurda y turbia que usa el tiempo para caminar sobre los seres y pudo darse cuenta que tan sólo un reloj era sano y que los otros dos marcaban un horario erróneo.

Eran fuertes esos golpes pero la fortaleza no garantiza la calidad del trabajo y esos relojes carecían de sincronismo y mientras un péndulo iba el otro venía y uno hacía tic y el otro toc y esos ruidos llenaban todos los espacios y cada uno de los relojes tenía su llave individual cosa que la llave de uno no le servía al siguiente según la forma de las ranuras por donde debería entrar cada llave.

Con una de sus manos la vampiresa que custodiaba la puerta cubría la ranura por donde debería entrar una llave y su otra mano a duras penas lograba ocultar una de sus tres intimidades y sólo atinó a llevara unas pulgadas abajo de su ombligo dejando a la vista las dos despampanantes redondeces de su pecho y sus dos redondeces traseras eran ocultadas tímidamente en el semiángulo que se formaba entre la pared y la puerta lo cual obligaba a Pedro a tomarla entre sus brazos para retirarla de lugar y al intentarlo ella le miro con esos ojasos de miel y tiernamente le dijo que si pretendía retirarse del encantado Edén debería tomar inequivocamente la llave del reloj que le ofreciera la hora exacta dos veces en veinticuatro horas.

Que solamente tenía una oportunidad y que al equivocarse permanecería para siempre prisionero del deseo.

Pedro sentía que su vejiga iba a explotar y en medio de ese afán tomó la llave del reloj que estaba detenido y con sólo eso pudo ver la claridad al otro lado de la puerta y pudo sentir que además le quedaba la facultad de soñar.

Atrás de la banca de cemento donde pasó la noche y en medio del parque vacío de seres sintió la sensación de alivio  en su bajo vientre al dejar sin carga su vejiga.”

2 Responses to “PEDRO PERDIÓ LA MEMORIA # 10”

  1. Hilda Romero Says:

    Definitivamente el tema ” Pedro perdió la memoria”, permite generar espacios de creatividad literaria, apropiación en el aspecto descriptivo y la posibilidad de recrear la ontologia del ser.
    Gracias por el aporte….. a esta pluma conocida.

  2. Ain Says:

    Bueno, ahora parece que Pedro está atrapado dentro de las eternas circes de su memoria. ¿Encontrará alguna vez su Ítaca prometida?

    EQUIPO DE NARRATOPEDIA.
    P.D: Gracias por devolverle a Pedro, no sólo fragmentos, sino reencarnaciones.

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