Hoy miro tu ropa
Standy By me Me dices que ya no me amas
Ene 22

Y mañana…

  A la edad de cinco años ya tenía un bigote artificial, al estilo de Hitler pero blanquito; en realidad más arribita del labio superior lo que tenía era una mancha blanca. Parece que la imagen sufrió un imperfecto en el revelado.  Vestía de overol, en la parte posterior de éste habían bordado dos manos, una blanca y una negra, este overol se titulaba Manos, esta palabra estaba escrita en inglés, hands.

  Él o yo pasado, siempre llevó una biblioteca por detrás, esta primera biblioteca toda estaba repleta de libros en ruso, se alcanzaba a leer el título de uno, Domingo ¡no, perdón! era Resurrección.

  Algunos días decidía colocarse sus gafas estrambóticas, esas que le cubrían todo el rostro, casi siempre que se las ponía era para ir a un paseo, esta vez tenía a sus espaldas, no estaba solo, en todo su esplendor casi borroso a la gran Bogotá.

  Su mamá y el ecuatoriano y el extraño señor de chaqueta de cuero con su hijo, no se imaginaban de la posible profesión que en unos años se iba a desarrollar en el cuerpo imponente de Fernando.  

  Alicia era su amiga imaginaria, ella y él no dejaban de jugar ajedrez noche y día, esa defensa italiana lo exasperaba hasta límites incalculables, unos movimientos más en el futuro y el muy torpe se dejaba meter el caballo negro en la esquina, esa pobre torre no olía ni el juego.  

  Al trasladarnos a la campiña fronteriza de Cota y Suba, nos encontramos con unas acacias de fondo, un pino y un eucalipto, y él con su camiseta preferida, la del matachín raro, con las manos al cielo y los pies estirados y enraizados en tierra, ese matachín llamado Pearl Jam.  

  A su lado se proyectaban dos buenos amigos, Alfredo al que un día le robé un libro y Nestor al que nunca paré de envidiarle la cabeza, estaba dispuesto a describir la vestimenta de aquellos dos sujetos. 

  Hoy prefiero contarles mi obsesión con la vestimenta, no pierdo detalle de cómo la gente se viste, los observo y de paso les voy creando una personalidad, no falta el frenético vestido de negro que quiere parecerse a una estrella de rock, (este hombre fue observado hace un días en un supermercado) y así por el estilo armo perfiles fritos de los fantasmas callejeros, esas vidas que llaman la atención, pero no pasa de ahí, que complicado es interactuar con el desconocido llamativo.  

  Aquel grado de bachiller llegó a mi memoria, en mi mano tenía la carta de una admiradora que no fui capaz de besar o más bien ella no quiso besarme, hoy Helena estudia culinaria, el que pase por el parque del Virrey la verá con porro en dedos, una trigueña preciosa con una desilusión espantosa, si que le luce el descaderado.  

  Yo sobre el caballo del llanero solitario, con la espalda recta, con una camiseta estampada: Brasil, sobre la i un balón de fútbol (hoy la piyama para la noche). Una pasión en la fotografía de diciembre de 1997, un descache por sólo utilizar una palabra. Escribir es una pasión, ya sea de ropa.                    

One Response to “Hoy miro tu ropa”

  1. Hilda Romero Says:

    Divertido, interesante, creativo y con un gran poder descriptivo. Una pasión contagiosa que te lleva por el universo de los sentidos y el alma, deja que tu pluma dance tu solo guíala…..

Dejar una respuesta