Es EL COMISARIO. En algo debería haberlo colocado los políticos. Para ellos había trabajado entregando bultos de cemento, tejas de cartón, baratijas y algunos sancochos. Claro está, que ganaron. Pero ser COMISARIO no era la cosa de su interés. Siempre pensó que trabajar con la policía corrompe. Cualquier vicioso forastero llega a Villalobos y de inmediato encuentra la ruta de las ollas y entonces el COMISARIO se pregunta, por qué, la policía que lleva todo el tiempo en la plaza, no da con esa ruta.
Pensaba en ello mientras escudriñaba unas manos.
La izquierda mostraba una raja como la que resulta cuando se ataja un puñal que va en tiro rasgueado o en sesgo directo al corazón y aún saltaban a la vista los puntos rosados que dejó la aguja de suturar y el dedo gordo de esa mano dejaba ver un manchón morado, casi negro en la uña, cosa de una mala puntería con un tipo de martillo, pero, además, mostraba callosidades parecidas a las que se forman manejando el cabo de un azadón. La mano derecha indicaba iguales callosidades, pero al COMISARIO le sorprendió una rara callosidad en el dedo índice, justo en el lugar donde se apoya el gatillo. Raro esto, pensó al tiempo de escrutar el rostro. Era claro y limpio como el cielo de un verano. como el rostro de un campesino honrado. Indagó en algunos otros signos y no le quedaron dudas. Había sido un tirador honesto.

Febrero 3rd, 2010 at 6:32 pm
Descripción recreada por la pluma inquieta y siempre danzante de un personaje especial, amigo de letras y personas.
Gracias exeter.