Nuevas tecnologias/Tecnología: límites y posibilidades
De WikiJaveriana
Tecnología: Límites y posibilidades
Por: Claudia María García
En este ensayo quisiera explorar inicialmente la idea de autores como Haraway y Piscitelli en torno a la eliminación de las discontinuidades que la tecnología ha acentuado, y con esto quiero internarme en las nuevas posibilidades que trae la tecnología y los cambios estructurales que ésta ha establecido en las realidades sociales, hasta el punto en que muchos ya describen las nuevas utopías que se pueden vislumbrarse en torno a la virtualidad, por ejemplo con respecto a la constitución de inteligencias colectivas. La idea es contrastar esta visión optimista con las críticas y cuestionamientos que muchos autores han elaborado, y aquí quisiera traer el polémico tema de la biotecnología que servirá como pretexto para mostrar la inseparabilidad entre tecnología-economía-política y de esta forma, desde una mirada de estudios culturales, propiciar un espacio de reflexión que permita pensar una tecnología que vaya más en sintonía con nuestros intereses en el mundo.
Desde una perspectiva feminista, Donna Haraway (1991) intenta desarrollar una estrategia de resistencia frente el mito del hombre occidental basado en la creencia de la unidad original y la necesidad de producir diferenciación. Su estrategia se basa en la apelación a un recurso que invita a la reconstrucción de las lógicas, a partir de nuevas experiencias que se empiezan a vivenciar ante el impacto de las relaciones entre ciencia y tecnología en la cotidianidad. El cyborg, como estrategia, es una imagen que representa hibridación, dilusión de fronteras entre máquinas y organismos, entre lo físico y lo no físico, entre lo animal y humano. El cyborg en este sentido es una realidad social y material producto de las transformaciones de la vida por la tecnología y la ciencia.
El planteamiento de parte de las rupturas limítrofes que durante los últimos años se han dado entre lo humano y animal, los organismos y las máquinas y lo físico y lo no físico; en este sentido se observa por ejemplo la dificultad de establecer diferencias entre lo natural y lo artificial, entre cuerpo y mente y de otro lado cómo la sofisticación de la tecnología ha invisibilizado lo físico (ej, los microchips).
En este mismo sentido Piscitelli señala cómo la ciencia, a través de diversas revoluciones científicas, ha apostado por la eliminación de estas discontinuidades y el establecimiento de la creencia de un continuo de la naturaleza. La posibilidad de superación de la cuarta discontinuidad, como él la denomina, abre alternativas para la emergencia de una vida post- y/o suprahumana, a partir del desarrollo por parte de la tecnología de entidades "más-inteligentes-que-lo-humano�?.
Sin embargo esas entidades más que humanas lejos de responder a una profecía, ya son una realidad. La concepción tradicional de la realidad humana se ha desdibujado en la medida en que la tecnología hace parte de esta realidad. En ese sentido, artefactos como el teléfono o la televisión han revolucionado las formas de comunicación tradicional, acercando las distancias geográficas y propiciando la simultaneidad. Internet por su parte ha permitido conectar lo local con lo global, acelerando el proceso de glocalización.
De esta forma la percepción del mundo se ha transformado radicalmente y con esta, la concepción de lo humano. Ya no es posible salir de la casa sin el celular, y el computador se ha convertido en la extensión de nuestra memoria hasta el punto en que si colapsa el disco duro sentimos que se pierde parte de lo que somos. Nuestro cuerpo y mente ya no se bastan a sí mismos, ya que la cybercultura ha propiciado el aumento de la dependencia con respecto a los artefactos tecnológicos hasta el punto de convertirse en prótesis o extensiones del cuerpo.
Esta idea es desarrollada por Levy, quien denomina este proceso “virtualización del cuerpo�?. El cuerpo ya no es una entidad fija, ya que puede ser alterado a partir del uso de artefactos como gafas o los mismos trasplantes de órganos o introducción de sustancias químicas. De acuerdo a Levy hay una transformación no sólo física sino también psicológica, en la medida en que las percepciones visuales, auditivas y táctiles pueden ser alteradas y de igual manera la materialidad del cuerpo puede ser modificada a través de dispositivos como las cámaras fotográficas, videos, o el mismo Internet. En este sentido a través de estos artefactos se reinventa al cuerpo, o como lo decía en el ensayo anterior, la tecnología, específicamente internet lo que ha hecho es hacer más evidente la naturaleza virtual del cuerpo, es decir, la naturaleza socialmente construida de la realidad humana; de esta manera nuestra interacción con la máquina ha acentuado las posibilidades de deconstruirnos y reinventarnos.
Lo virtual de acuerdo con Levy, tiene que ver con la idea de desterritorialización y deslocalización. Así, Internet ha posibilitado el rompimiento de fronteras regionales a través de la conexión en un “no lugar�? (Hardt y Negri, 2002). En este no lugar (la red), las personas indistintamente de su localización, se encuentran, conformando comunidades virtuales a través del lenguaje. Es decir, no importa el referente geográfico, corporal, de género, etc, pues estos ya no son condiciones posibles en un entorno donde el lenguaje se convierte en única posibilidad. Los vínculos y afectos establecidos en la red, se dan a través del lenguajear, y en ese sentido las ideas y pensamientos privados pasan a ser públicos, permitiendo en la medida en que se hacen públicos, su transformación; es decir, las conversaciones en la red hacen posible no sólo la conformación de comunidades vinculadas en torno a ideas, sino también la redefinición de estas comunidades y las singularidades que la conforman, en la medida en que el flujo de múltiples textos en la red, permite múltiples sentidos (hipertexto). Así lo virtual, al definirse en términos de ausencia de fronteras y límites (identitarios, geográficos), implica circulación y posibilidad.
Es en este sentido que Levy habla de inteligencia colectiva. El concepto de inteligencia colectiva se refiere pues, al vínculo de las mentes en la red a través del lenguaje, posibilitando que las ideas que eran privadas se transformen en conocimientos públicos, es decir, conocimientos vinculados en torno a proyectos comunes que se auto-transforman y renuevan en la medida en que circulan en el no lugar (entendido este no lugar como lo virtual o ausencia de fronteras). Así, las singularidades (mentes individuales) se transforman en partes de un todo (mente colectiva), redefiniendo al todo y a sí mismas.
Al respecto, Dery, señala que estas ideas son producto de utopías construidas por “filósofos�? ciberdélicos que sueñan acerca de cómo la tecnología podría permitir la conexión en redes globales que posibilitaría la formación de una conciencia colectiva y el despertar planetario. Por ejemplo De Landa, citado por Dery, señala que el crecimiento desmedido de internet puede dar lugar a una inteligencia artificial global. Sin embargo, de acuerdo con Dery, este misticismo trascendental que cree en la posibilidad que la tecnología brinda para dar el “gran salto hacia el hiberespacio�?, oculta los problemas políticos y socioeconómicos del presente.
De acuerdo con Dery, estos sueños están compitiendo con críticas que señalan las consecuencias dramáticas de la tecnología. Dichas críticas se refieren a cómo la fe ciega en la tecnología enmascara problemas sociales, políticos, económicos y ecológicos que claman por soluciones: “cada vez estamos más ciegos a los acuciantes problemas de nuestro entorno a acusa del resplandor metafísico que despiden los futuros de alta tecnología de los filósofos ciberdélicos, de los futurólogos corporativos, de los programas de divulgación científica…�?(pág 18). La fe en el poder tecnológico, continúa este autor, empieza a ser cuestionada por muchos, frente a los problemas que surgen paralelamente a las posibilidades de la tecnología tales como la mayor facilidad con que la intimidad puede ser violada en la era de la informática o los contrastes cada vez más grandes entre el mundo de la realidad virtual y las desigualdades económicas y la depredación del medio ambiente.
Piscitelli va más allá de estas críticas, al plantear que la tecnología es producto de discursos que circulan en el contexto social, es decir, la tecnología es una construcción social y como tal, es el resultado de las conversaciones que suceden en la cotidianidad y que dan origen a herramientas para conducir las organizaciones y la vida humana.
Sin embargo, el reconocimiento del carácter socialmente construido de la tecnología, nos lleva también al reconocimiento de su realidad política, ya que los discursos y prácticas que circulan en el campo científico y tecnológico, lejos de ser neutrales, son el resultado de concepciones de mundo hegemónicas y naturalizadas. Entonces la dificultad de cuestionar dichas prácticas, radica en que al ser vinculada al campo científico, la tecnología es legitimada por las ideas de progreso, superioridad y neutralidad. Por esto encuentro muy relevante la idea de Piscitelli acerca de la necesidad de reflexionar acerca de las conversaciones que suceden en la cotidianidad, pues a partir de esas conversaciones se sedimentan concepciones de mundo que dan origen a ciertas herramientas y no a otras. Con esta idea quisiera explorar el fenómeno de la biotecnología tan vigente en nuestros días e incursionar en conceptos como el de biopolítica, que me servirá para armar con más forma mis argumentos, sin querer situarme en una posición radical y ciega como muchos de los apasionados de la tecnología.
Con las posibilidades que se han generado desde la ciencia y la tecnología, de incursionar en el nivel de los genes, nuevas puertas se han abierto con respecto a la viabilidad de manipular la vida. La ingeniería genética se ha convertido en una herramienta científica que ha permitido a la sociedad contemporánea soñar con la posibilidad de modificar la genética y de esta forma poder tener el control sobre la producción de células y tejidos con diferentes fines. Se observa entonces, como gran inversión de capital se ha destinado para la investigación y desarrollo de nuevas semillas que permitan generar cultivos con nuevas cualidades o para protegerlos de plaguicidas, o cómo la industria farmacéutica se ha transformado en una de las industrias más poderosas en el mundo al concentrarse en los genes procedentes de especies silvestres de las zonas tropicales recolectando, seleccionando, aislando y modificando los principios activos o derivados con el fin de extraer recursos genéticos y bioquímicos generadores de productos farmacéuticos. Los bioprospectores (quienes son los utilizados por estas industrias para el proceso de búsqueda de genes), muchas veces utilizan la sabiduría de las comunidades nativas para agilizar la búsqueda de nuevos compuestos explotables económicamente por las transnacionales. Hasta ahora estos procedimientos parecerían no tener ninguna objeción, ya que lo que aparentemente se busca es invertir en el desarrollo de productos agrícolas y medicinales para el bien de la humanidad. La acción de apropiación de material genético y muchas veces el robo de éste (biopiratería) se busca justificar, argumentando que las plantas, animales y la gente son fuente de recursos genéticos para la producción de alimentos y medicinas y por esta razón se pueden considerar patrimonio universal; según las empresas y gobiernos involucrados en esta explotación de recursos, lo hacen por el bien del interés público y en función del beneficio general que se obtendría de los productos.
No obstante detrás de estos intereses hay razones económicas muy poderosas. Según Colmenares, el mercado de productos provenientes de la biodiversidad es uno de los más dinámicos del mundo, al punto que –por ejemplo– para 1997 el mercado de extractos vegetales medicinales llegó a US$ 16.500 millones anuales, el de los productos naturales no maderables se estimó en US$ 60.000 millones anuales y el de drogas provenientes de plantas alcanzó los US$ 30.000 millones. Esta posibilidad de ganancias astronómicas ha permitido el desarrollo de una estrategia justificada paradójicamente en el mercado “libre�?: la privatización del conocimiento a través de patentes. Desde esta posición se argumenta que el otorgamiento de patentes que permiten reconocer el derecho a la propiedad intelectual por los “inventos�? generados en estas industrias, garantizan que éstas transnacionales tengan los incentivos necesarios para recuperar la inversión y de esta forma poder seguir invirtiendo en la generación de nuevos productos. La introducción de regímenes de protección de variedades de plantas con fines de bioprospección en las selvas de los países del tercer mundo, y la concesión de patentes sobre formas de vida como consecuencia del proceso de privatización, transformaron a los genes en mercancías al permitir a las compañías poseerlos y monopolizarlos. Entonces se observa que lejos de ser patrimonio universal, estos recursos se convierten en fuente de ganancias en la medida en que son privatizadas; esta monopolización lleva a que los campesinos tengan que pagar por las semillas, a que gran parte de la población del mundo no tenga acceso a medicamentos por los altos costos, o en otros contextos que también implican la privatización del conocimiento en el ámbito de la tecnología, a que los programadores de computadores no puedan modificar el software o a que los estudiantes no tengan dinero para pagar un libro. Todo esto debido a los obstáculos que imponen las patentes ante la posibilidad que tienen las personas de hacer cosas con el trabajo creativo de otras. Es decir, lo que reclaman las transnacionales al declarar patrimonio universal a estos recursos biológicos, se contradice con la “necesidad�? de privatizar los productos y conocimientos que son desarrollados con fines comerciales y en ese sentido dejar de ser patrimonio universal. De esta forma los recursos biológicos del “tercer mundo�?, están siendo objeto de explotación para el aumento de las ganancias de las compañías transnacionales.
Con lo anterior quiero hacer más evidente que la tecnología y específicamente la biotecnología no se puede entender sin enmarcarla en el contexto social, económico y político donde se desarrolla. La biotecnología es la evidencia de las estrategias de poder desarrolladas para controlar la vida, anticipadas por Foucault (biopolítica). Según Hardt y Negri (2002) la más alta función de este poder es la de “investir la vida de parte a parte, y su primera tarea la de administrarla. El biopoder se refiere así a una situación en la cual lo que está directamente en juego en el poder es la producción y la reproducción de la vida misma�?. De acuerdo a estos autores este poder invade las conciencias y los cuerpos de la población, porque es a través de este control sobre las mentes y los cuerpos (por ejemplo a través de los medios de comunicación) lo que posibilita la reproducción de relaciones sociales necesarias para la reproducción del capitalismo: “Para la sociedad capitalista, es la biopolítica lo que más cuenta: lo biológico, lo somático, lo corporal�? (Hardt y Negri, 2002). Sin embargo, con el caso de la biotecnología no sólo se busca el control sobre la vida humana sino sobre toda forma de vida: animal, vegetal, humana. La vida se convierte en objeto de control, porque la vida misma es generadora de capital, al convertirse en mercancía: “En la esfera biopolítica, la vida es destinada a trabajar para la producción�? (Hardt y Negri, 2002).
A partir de lo anterior quiero volver a retomar las visiones optimistas acerca del desarrollo tecnológico y matizarlas con este análisis referente a la concepción social de la tecnología que implica el reconocimiento de la inseparabilidad tecnología-economía-política. Estoy de acuerdo con Dery al afirmar que en ocasiones estas ilusiones optimistas en torno a la tecnología no deben estar desligadas de los contextos sociales y económicos porque de lo contrario se tornarían en visiones un poco ingenuas, ya que el no reconocer los intereses que se tejen en torno al desarrollo tecnológico puede llevar a la naturalización de prácticas que reproducen y acentúan las desigualdades. Por el contrario, como señala Piscitelli, el reconocimiento de la tecnología como una práctica discursiva, facilitaría espacios de reflexión para repensar nuevas prácticas que disminuyan estas desigualdades. Al respecto debo señalar los movimientos que están tomando fuerza a partir de un nuevo uso de la tecnología que parten del reconocimiento de que innovaciones y en general todo lo que es producto del trabajo creativo debería ser público. Por ejemplo hoy observamos el surgimiento de una fuerza alternativa que rechaza las patentes sobre la vida y trabajo creativo y trabajan sobre el software libre, o el acceso a medicamentos genéricos, los derechos digitales, etc. Todos estos movimientos se convierten en la alternativa que surge frente a los intereses de quienes buscan el lucro particular a través de la privatización de lo que debería ser común. Estas luchas se pueden enmarcar dentro de lo que Hardt y Negri denominan la lucha de la multitud, las cuales buscan reivindicar el trabajo creativo a partir del cual las subjetividades están en continua redefinición; de acuerdo con estos autores, este trabajo creativo es fruto de la capacidad común a la especie: el lenguaje, y con éste el pensamiento (“general intellect�?). Este intelecto general común a la especie, permite a la multitud la creación infinita de posibilidades frente los límites impuestos por el imperio. En este caso desde el imperio se busca promover acciones que apuntan a la mercantilización y privatización del conocimiento y de la vida, para la acumulación del capital y de otro lado, la multitud está definida por aquellas acciones que buscan la creación de nuevas alternativas a partir de la interacción que se da en el lenguaje, interacción que permite la constitución de comunidades articuladas a partir del afecto. Esto sólo es posible en la medida en que se rompen los límites y fronteras de lo local (raza, territorio, género, etc) y se abre a la posibilidad de circulación (nomadismo en palabras de Hardt y Negri). Lo que queda cuando prevalece el deseo de la multitud, a través de la ruptura de límites y fronteras, es lo verdaderamente común (lo humano, la vida); y esta lucha por lo común para la constitución de comunidades de afectos, empieza a ser realidad a través de usos alternativos de la misma tecnología, cuando el ciberespacio empieza a ser el lugar de conformación de comunidades en donde se tejen nuevos discursos y sentidos a través de la red, discursos que empiezan a generar prácticas que resisten lo privado y local y promueven el sentido de lo público y universal (software libre, música libre, libros libres, medicina genérica, etc).
REFERENCIAS
Colmenares, E. EL TLC: Estados Unidos tras los recursos naturales en: http://www.deslinde.org.co/Dsl36/dsl36_EEUU_tras_los_recursos_naturales.htm Haraway, D. "A Cyborg Manifesto: Science, Technology, and Socialist-Feminism in the Late Twentieth Century," en Simians, Cyborgs and Women: The Reinvention of Nature New York; Routledge, 1991 Hardt R. y Negri A. Imperio. Paidós, 2002 Levi, P. Qué es lo virtual
Piscitelli, A. Ciberculturas 2.0
Dery, M. Velocidad de escape

